Páginas

▼

lunes, 28 de septiembre de 2026

Nido de Lagarto.

 Dramaturgia y Dirección: Franco Verdoia.




Lunes 20.30 hs en El Extranjero (Valentín Gómez 3378)

Estamos en presencia de una sensible y jugada propuesta de Franco Verdoia, dramaturgo cordobés,  que se atreve a bucear en un tema poco explorado en el teatro: el amor y el deseo en la tercera edad. Nido de Lagarto es, además, la tercera y última obra de Teatro Animal, la trilogía que Verdoia  que arrancó con Late el Corazón de un Perro y continuó con Matar a un elefante. Tres historias diferentes, pero atravesadas por el mundo animal y por personajes que transitan vínculos conflictivos y secretos guardados bajo siete llaves.





En esta oportunidad, Gloria ( Silvina Sabater ) y el Vasco ( Horacio Acosta ) son dos amantes que se conocen desde jóvenes y llevan cuatro décadas manteniendo una relación clandestina. Cada uno hizo su vida, tuvo su pareja y siguió su camino, pero nunca pudieron dejar atrás las ganas de volver a verse. Por eso, de manera regular, se encuentran a escondidas en un albergue de ruta  regenteado por el Panza, que terminó convirtiéndose en el refugio de ese amor que debe permanecer a resguardo de la mirada de los otros.

Nido de Lagarto habla del amor, del deseo, de los recuerdos y del paso del tiempo. Verdoia se anima a mostrar a estos dos amantes sin ocultar las marcas que dejaron los años. Los cuerpos cambiaron, aparecen algunas dificultades propias de la edad y la memoria también puede jugarles alguna mala pasada, pero el deseo sigue estando. Y esto es quizás uno de los aspectos que más nos marcó de la propuesta: entender que el paso del tiempo no significa dejar de sentir, de desear o de enamorarse.





La historia tiene momentos de humor que aparecen naturalmente, en medio de situaciones que también tienen algo de melancolía. Nos reímos con ellos, pero también entendemos que detrás de algunas palabras, de ciertos silencios y de esas pequeñas discusiones hay muchos años compartidos. Porque Gloria y el Vasco se conocen demasiado, saben cómo lastimarse, pero también saben perfectamente cómo volver a acercarse. Y después de cuarenta años, ese vínculo sigue teniendo una fuerza enorme.

Tiempo de hablar de las magníficas actuaciones de la dupla protagónica, conformada por Silvina Sabater y Horacio Acosta, que simplemente están fenomenales.  Hay mucha química entre los dos y eso se nota desde el comienzo. No necesitamos que nos expliquen demasiado sobre la relación entre Gloria y el Vasco: aparece en las miradas, en los gestos, en la manera en que se hablan, como se miran y hasta en sus silencios.




Nos gustó especialmente cómo construyen personajes que no son solamente dos amantes mayores. Son dos personas con una larga historia de vida, con hijos que criaron y matrimonios que pese a todo, siguen en pie. Silvina y Horacio consiguen que nos olvidemos de que estamos viendo una obra y por momentos sentimos que estamos espiando sus encuentros reales. Resaltar la entrega de ambos y en lo personal, siempre disfrutamos de ver en escena, a actores de gran trayectoria, mostrando su vigencia. Felicitamos a ambos.

La puesta es íntima, algo que nos parece fundamental para esta propuesta. El espacio del albergue nos acerca mucho a los protagonistas y hace que seamos casi testigos de esos encuentros clandestinos. Para destacar el diseño de luces de Matías López Stordeur, que contribuye al clima íntimo que la historia pide, al igual que el diseño escenográfico de Cecilia Zuvialde, con los elementos justos, para darle el marco de calidez, que mejor pega con la propuesta.



Y hasta acá vamos a contar. Porque hay situaciones y momentos de la obra que es mejor descubrir en la sala, acompañando a Gloria y al Vasco en cada encuentro. por lo que no queremos spoilear. Nido de Lagarto es una valiosa y sensible propuesta, que llena la sala desde su estreno y que obtuvo nada menos que 5 Nominaciones a los Premios Ace y luego de ver la obra, nos queda claro el porqué.

Por todo lo mencionado, recomendamos Nido de Lagarto, una sensible historia de amor y pasión que se anima a mostrar que el paso del tiempo puede transformar los cuerpos, pero no necesariamente aquello que permanece vivo en el corazón. Con las magníficas actuaciones de Silvina Sabater y Horacio Acosta y una puesta íntima, es una obra que nos recuerda que hay amores que, pese a todo, siguen vivos, desafiando al tiempo y a las decisiones de la vida.


Pensador Teatral.



Nido de Lagarto.  Reseña teatral de Franco Verdoia, en el Teatro El Extranjero.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Siete Estaciones para Hablar de Amor

Dramaturgia y Dirección de Victoria Hladilo.




Lunes 20 hs en Teatro del Pueblo ( Lavalle 3636 )

Una propuesta donde la pasión, el deseo y la traición se entrelazan a medida que avanza la historia son el punto de partida de Siete Estaciones para Hablar de Amor, la obra escrita y dirigida por Victoria Hladilo e inspirada en el cuento Del Amor, de Antón Chéjov. Ambientada en el interior campestre de la provincia de Buenos Aires, a comienzos del siglo XX, la historia nos presenta a tres personajes cuyos vínculos irán cambiando cuando aparecen sentimientos que ya no resulta tan sencillo ocultar. Desde el comienzo, la obra consigue atraparnos, construyendo un clima de tensión que irá creciendo a medida que la trama avanza.




La historia nos lleva hasta una estancia, donde conocemos a Gregorio ( Carlos Belloso )  y Ana ( Laura ) , un matrimonio de muy buena posición, y a Pablo ( Manuel Vignau ) , que llega para compartir unos días con ellos. Entre los tres se establece rápidamente un vínculo de amistad y confianza, pero algo empieza a cambiar. Una mirada, una conversación, una cercanía que quizás antes pasaba inadvertida. Lo que parecía una relación sencilla entre amigos empieza a complicarse cuando aparecen sentimientos que cada vez se volverán más fuertes.

Y ahí está uno de los mayores atractivos de la obra. La dramaturgia no necesita apurarse para plantear el conflicto. Lo va construyendo de a poco, dejando que los personajes se vayan metiendo casi sin darse cuenta en una situación cada vez más difícil. Los silencios dicen tanto como las palabras y las miradas empiezan a tener otro significado. La amistad, los celos, el deseo y las diferencias sociales se cruzan en una historia donde cada decisión y cada renunciamiento, pueden traer consecuencias.






Además, hay algo que funciona muy bien: nunca sabemos del todo hasta dónde pueden llegar los personajes. La tensión se mantiene y, cuando aparecen momentos de humor, sirven para aflojar un poco ese clima, pero enseguida la historia vuelve a ponerse seria. Es una obra que habla de amor, claro, pero también de esas situaciones en las que sabemos perfectamente qué deberíamos hacer y, sin embargo, terminamos haciendo otra cosa.



Las actuaciones son uno de los puntos más fuertes de la propuesta. Carlos Belloso, como Gregorio, tiene una presencia enorme y construye un personaje intenso, con momentos de humor pero también con una personalidad que se vuelve cada vez más fuerte a medida que avanza la historia. Resulta un verdadero privilegio ver a un actor de los quilates de Carlos, protagonizando en el teatro independiente. Laura Nevole está magnífica como Anna, transmitiendo muy bien sus deseos, sus dudas y todo aquello que muchas veces su personaje no puede decir. Laura es una actriz que nos encanta y aún recordamos su gran trabajo en Trópico del Plata, estupenda obra del off, que vimos hace varios años en Espacio Callejón. Tiene una enorme sensibilidad, que transmite de gran forma a sus personajes. Y Manuel Vignau aporta mucha frescura como Pablo, además de sorprender con sus habilidades con la guitarra. Es el tercero en discordia y se luce mucho en un personaje que genera mucha empatía. Los tres funcionan muy bien juntos y forman un triángulo que resulta fundamental para sostener el clima de la obra.

La puesta nos gustó mucho. La escenografía, con mucho verde, genera desde el primer momento ese ambiente campestre en el que transcurre la historia y tiene una presencia muy importante dentro del escenario. El vestuario acompaña muy bien la época y ayuda a darle identidad a cada personaje, mérito de Gabriella Gerdelics, a cargo del vestuario. Y la música aparece en los momentos justos, especialmente cuando Vignau toma la guitarra, aportando algo diferente y sumando mucho a la propuesta. Son detalles que agregan mucho valor a un puesta que atrapa al espectador.





Y hasta acá vamos a contar, solo nos queda recomendar Siete Estaciones para Hablar de Amor plantea algo que todos conocemos, aunque probablemente ninguno pueda explicar del todo: los sentimientos no siempre responden a la lógica. Podemos intentar controlarlos, podemos pensar qué está bien y qué está mal, pero no siempre alcanza. La obra también habla de la amistad, de las traiciones y de lo difícil que puede ser seguir aquello que nos dicta el corazón cuando sabemos que hacerlo puede lastimar a otras personas.

Nos gustó mucho la propuesta de Victoria Hladilo. Una historia que atrapa, que tiene buenos momentos de humor y otros de mucha tensión, que se potencia con un elenco de lujo para el teatro independiente. La obra invita a disfrutar y también a reflexionar sobre los misterios del amor, que tiene sus propios laberintos y no siempre sabemos hacia dónde nos llevan. A veces creemos conocer el final de una historia, pero nuestras decisiones se encargan de desmentirnos.


Pensador Teatral.


Siete Estaciones para Hablar de Amor | Victoria Hladilo | Carlos Belloso | Laura Nevole | Manuel Vignau | Teatro del Pueblo | crítica teatral