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miércoles, 24 de abril de 2019

Ocaso

Dramaturgia de Juan Ignacio González e Ignacio Torres. Dirección de Juan Ignacio González.








En el marco de la Fiesta de Teatro Ciudad de Buenos Aires 2019, organizada por el Instituto Nacional del Teatro, estuvimos en el Método Kairos, asistiendo a la función especial de Ocaso, una de las doce obras seleccionadas para la edición de este año.

Con mucha expectativa entonces, nos preparamos para ver Ocaso, de la que teníamos muy buenos comentarios, tanto por su interesante temática, como por el muy buen elenco reunido. Y luego de haber visto la obra, podemos decir que las buenas referencias que teníamos, eran absolutamente justificadas, ya que disfrutamos mucho viendo la pieza.










La historia nos atrajo especialmente, ya que los autores centran las acciones en General Rivas, un pequeño pueblito de la Provincia de Buenos Aires, a unos pocos kilómetros de Suipacha, una localidad algo mayor, que los habitantes de Rivas, acostumbran visitar para hacer compras, por esparcimiento o para alguna escapada non santa.

La semblanza que se hace de este pueblito, que es Rivas, pero podría ser cualquier otro de la Provincia de Buenos Aires, nos resulta encantadora, con solo cuatrocientos habitantes que entrarían todos en la iglesia del pueblo, Siendo tan pocos, imaginamos que pocas cosas pueden suceder, pero esta, es una construcción equivocada que se tiene. Detrás de cada uno de los cuatrocientos pobladores, hay una historia de vida y los autores ponen la lupa en seis de ellos, para confirmar ese dicho, que nos habla de pueblo chico, infierno grande.










No queremos contar demasiado de la trama, que tiene varias historias paralelas y entrelazadas, para mantener la sorpresa, solo contaremos que en un relato no lineal, nos encontraremos con Alberto, un casero que vino de Entre Ríos hace muchos años atrás, con su hijo Julito, para trabajar en los campos de Luis Altamore, una de las personas más poderosas del pueblo, que gracias a la soja, mejoró mucho su status de vida en los últimos años. Vive con Diana, su joven y atractiva esposa, algo aburrida de la vida que lleva, al cobijo de su esposo y sin ninguna tarea, que ocupe mucho su tiempo, salvo salir de compras..

Además de ellos, estará Javier, amigo de Alberto, que siempre soñó con ser pescador y se conforma con ser uno de los dueños de una casa de pesca en Suipacha y Rodolfo, el aviador, que de chico se entretenía mirando los pájaros volar y pudo usar los ahorros familiares , para pagarse las horas necesarias, para conseguir la matrícula, que lo habilita a volar.









El aviador será contratado por el dueño de los campos, para fumigar sus cultivos de soja, ya que no tolera, que las plagas, perjudiquen los rendimientos de su cosecha. Lo preocupante es que tomó la decisión, a sabiendas que el uso de agrotóxicos, es sumamente riesgoso, ya que pueden causar graves daños a la salud.

Bueno, hasta allí contaremos, cuando vean la obra, serán testigos de las consecuencias que trajo la decisión de Altamore. Pero la obra no se agota allí, como dijimos hay otras historias entrelazadas y los autores, nos ofrecerán una muestra de diferentes micromundos existentes en Rivas,

La trama es muy dinámica y resulta siempre entretenida para los espectadores, que se sienten atraídos por los relatos, que resultan cercanos. Esto ocurre, en gran medida, por la pericia del muy buen elenco reunido, que se traduce en actuaciones muy destacadas.










Juan Tupac Soler, como Julito, hará las veces de presentador de la historia, siendo el nexo del relato con el público, además de ser una pieza clave en la trama. Juan es un joven actor muy talentoso, a quien vimos lucirse en Mi hijo solo camina un poco más lento y De los Heróes que no aterrizan ..., por mencionar solo, dos entrañables obras del off, en las que participó. Es poseedor de una carisma especial que le permite generar mucha empatía con el espectador. Juan, es un actor que nos encanta y siempre nos toca elogiar sus trabajos.

Nacho Bozzolo, será su padre aquí y a nuestro entender, nos regala  la mejor interpretación de la noche. En actuaciones muy parejas por lo buenas, logra lucirse con una composición magnífica, dando a su personaje una fuerza y un vuelo emocional que debemos resaltar. Nacho es otro viejo conocido, recordamos haberlo elogiado mucho en Cactus Orquidea, otra gran obra del off y aquí vuelve a mostrar sus credenciales, con una entrega que debemos resaltar.

Destacamos también, la presencia escénica de Mario Bodega, como Altamore, con un tono de voz potente y un buen porte, que encaja justo, con el poder que detenta el personaje, al que representa. Pablo Ragoni, es el pescador frustrado y Sergio Calvo  el aviador. Ambos cumplen muy bien sus papeles y aportan lo suyo al conjunto de la trama.









Para el final, dejamos a Cecilia Ursi, la única mujer del elenco, que aporta frescura y sensibilidad a la obra. Es la primera vez que la vemos en escena y realmente nos impresionó muy gratamente. No vamos a revelar mucho de su personaje para mantener el suspenso, pero eso es una de las habitantes de Riva, que escapa a Suipacha, para escapar del radar. .Nos gustó mucho el trabajo de Cecilia.

Las actuaciones destacadas que mencionamos, encuentran espacio para el lucimiento, aprovechando una puesta muy atractiva de Juan Ignacio González, con muchos elementos para mencionar. Arrancando por el original dispositivo escénico montado, con esos tablones de madera, que se cruzan y que son recorridos, por momentos, de manera frenética, por los actores, que nunca salen de la vista del público y que permanecen sentados, cuando no les toca estar en el centro de la escena.

La música está muy presente en Ocaso y embellece el relato, la responsable es Clara Maydana, con su guitarra y esas melodías litoraleñas y folklóricas, que acompañan en gran forma, los diferentes momentos de la trama. Gran aporte de Clara.










En definitiva, nos encontramos con una dramaturgia muy bien elaborada, absolutamente humana y con mucho vuelo poético, que nos ayudará a reflexionar, sobre como la armonía del hombre con la naturaleza, es puesta en peligro, por la ambición sin límites, por aumentar los beneficios económicos, sin reparar en las consecuencias.

Celebramos la iniciativa del Instituto Nacional del Teatro, fomentando este Festival, que crece año a año, presentando propuestas distinguidas, como lo es Ocaso, que ofrece una mirada sensible sobre la vida normal  en muchas localidades de nuestro Interior y cuando el teatro consigue, retratar estas situaciones cotidianas con tanta fidelidad, debemos celebrarlo.




Pensador Teatral.


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