sábado, 13 de julio de 2024

El Fondo de la Escena

Dramaturgia y Dirección de Federico Olivera.







Sábados 19 hs en El Portón de Sánchez ( Sánchez de Bustamante 1034 )

Nos encontramos con un inteligente texto de Federico Olivera, que vuelve a mostrar sus condiciones como dramaturgo, presentando esta historia que nos habla de vínculos familiares complejos, disputas internas que complican las relaciones y secretos guardados bajo siete llaves, dejando al descubierto la falta de comunicación. La obra además expone como muchas veces antes situaciones límites, los conflictos que se esconden bajo la alfombra, salen al descubierto de la peor manera y en el momento menor oportuno. 






El Fondo de la Escena, nos presenta la historia de tres hermanas que se encuentran en un sanatorio, acompañando la internación de urgencia de su madre. No se llevan bien entre ellas y saben que tendrán que hacer un esfuerzo grande, para sobrellevar esta situación de tensión. Es oportuno contar en esta introducción que al autor para escribir esta historia, se inspiró en una experiencia familiar ya que su padre que tiene un trasplante de riñón, debió internarse más de veinte veces para dializarse. Por lo tanto vivió en carne propia y de manera reiterada, la particular experiencia de acompañar a un familiar internado, donde se debe lidiar con las instituciones médicas y cerrar acuerdos en el ámbito de la propia familia, para combinar los horarios y las diferentes cuestiones referidas a la internación.

Federico seguramente para hacer más digerible la historia que cuenta la obra, le introduce algunas variables que sin dudas le otorgan un toque divertido y algo disparatado al relato. Antes de referirnos a ello, les contamos que el sanatorio donde está internada la madre, está en proceso de desmantelamiento, ya que los titulares del mismo se fugaron. Esto se refleja en que no hay médicos de manera permanente en la institución y son muy pocos los equipos de salud que aún funcionan, por lo que para estudios de alta complejidad como una tomografía, los pacientes deben viajar en ambulancia a otro nosocomio para realizar el estudio. El lector ya podrá apreciar que esto que lo relatado por la dramaturgia, lamentablemente se vive en nuestra realidad, donde la prestación de salud en muchos casos es muy deficiente.






Pero ya sí en clave de ficción, la dramaturgia contará que aprovechando el funcionamiento parcial de la institución, el sanatorio se está alquilando para la filmación de una película de terror, gracias a un acuerdo algo turbio entre una enfermera y los productores de la película. Entonces y sin quererlo, el universo real por momentos se mezclará con la ficción y tanto los familiares como el personal de salud del sanatorio, se convertirán de manera involuntaria o no tanto, en extras de la película que se está filmando.

La trama tiene muchas sorpresas preparadas, por lo que no queremos contar demasiado. Solo vamos a contar que se darán situaciones desopilantes y el drama familiar jugará en paralelo con lo lúdico del rodaje. Y quedará en primer plano, como muchas veces ejecutamos nuestros actos como autómatas y por obligación, escondiendo que internamente tenemos deseos e intenciones que muchas veces no nos animamos a manifestar. La historia tendrá momentos muy divertidos y otros de profunda emoción. Las rivalidades familiares tomarán protagonismo, surgirán algunas conductas egoístas y sobre el final saldrá a la luz un secreto que cambiará todo. Y hasta allí vamos a contar, para ver como terminará la internación de la madre y por supuesto que sucedió con la filmación, que les anticipamos tuvo muchos contratiempos, deberán ver la obra.






Momentos de hablar de las actuaciones que presenta la obra, ya que son realmente un punto muy fuerte. En lo personal, siempre disfrutamos cuando los elencos son numerosos. En tiempos donde los unipersonales dominan en la cartelera del teatro independiente, poder ver una propuesta con siete actores en escena, es algo que debemos destacar, ya que esto posibilita una riqueza de personajes, matices e interacciones que en este caso se potencian, por las excelentes actuaciones de un elenco parejo por lo bueno, que muestra mucha química en escena, privilegiando el conjunto a lo individual.

Y vamos a hacer algunas menciones, ya que los trabajos así lo ameritan. Arranquemos hablando de las tres hermanas y comenzamos por Fernanda Pérez Bodria, como Viviana, la menor de las tres hermanas, la que nunca quiso saber nada con el negocio familiar y anhela tener una carrera como dramaturga. Nos gustó mucho el trabajo de Fernanda, con muy buena presencia escénica, teniendo la función además de ser una especie de relatora de la obra de cara al público , dando algunos detalles claves de la historia que nos cuentan.

 Fiorella Cominietti es Eva, la mayor de las hermanas, la que trabaja a diario junto al tío, en el negocio familiar de reparación de electrodomésticos. Eva es pragmática, la más seria  y la más directa de las hermanas. Muy buena su composición. Y el trío de hermanas se completa con Fernanda Bercovich, como Sandra, la hermana del medio, la más sensible de las tres y la más afectada por la internación de la madre. Tendrá como desafío controlar su ansiedad y a su novio Damián, que se mostrará desatado. Muy divertido el personaje de Fernanda, con un histrionismo flor de piel. Están bárbaras las tres actrices que representan a las hermanas,  mostrando los matices y las diferencias, que se dan en el ámbito de todas las familias.






Lautaro Murúa es Damián, el novio de Sandra. Será tentado por el productor de la película para ser más que un extra y se tomará demasiado en serio la posibilidad ser actor, olvidando su entorno. Muy divertido y carismático el personaje de Lautaro.. Marcelo Zapata es Diego, el desopilante productor a cargo de la filmación de la película. Se mostrará siempre en su mundo, solo queriendo complacer al director y dando indicaciones a los familiares de como moverse en escena, mientras se filma la película, dándose allí los momentos más divertidos de la historia. Catalina Piotti es Ximena, el personaje más extravagante de la obra, que estará en el sanatorio velando por un paciente que ya no está y aprovechando su fluido ingles para la película. Muy bueno lo de Cata. Y para el final, dejamos a Fabiana Brandán, como Nelly, la enfermera que prácticamente está a cargo del sanatorio en vías de desmantelamiento. Nos encantó su composición, mostrando las diferentes caras que tienen las enfermeras, que nos resultan bien conocidas a todos. Para nosotros Fabiana, es para nosotros la revelación de la obra, con una Nelly magnética, que se divide entra la humanidad y el poder que le otorga su guardapolvo blanco.

Se hizo un poco larga la descripción, porque son muchos los actores en escena, pero los muy buenos trabajos de los mismos, merecían que les dediquemos estas líneas. La puesta del propio Federico Olivera resulta muy dinámica. Se destaca mucho el original diseño escenográfico de Natalia Byrne y Ezequiel Galeano, con unos biombos móviles manejados por los propios actores, que definirán los diferentes espacios escénicos de la obra. El diseño lumínico del siempre efectivo Matías Sendón y el vestuario de Soledad Cancela, son otros rubros que contribuyen a la buena factura de la puesta, en el generoso escenario de El Portón de Sánchez.






Y hasta aquí vamos a contar, El Fondo de la Escena es una ingeniosa propuesta, que logra fusionar dos realidades, la de aquellos familiares que forzosamente deben juntarse, para vivir una situación límite como una internación y luchar contra las carencias de un sistema de salud deficitario, con el agregado de quedar inmersos en el rodaje de una película, quedando al descubierto esa duda existencial, entre cumplir con nuestras obligaciones y seguir nuestros deseos. Además se percibe esa sensación, que  siempre el mundo sigue girando, sin importar el trance que nosotros transitamos.

Una propuesta de Federico Olivera para reír y reflexionar, que viene agotando localidades desde su estreno, gracias a un texto entretenido, una puesta dinámica y principalmente debido a las muy buenas actuaciones del elenco reunido, que navegará hábilmente entre realidad y ficción, surfeando las olas de los conflictos familiares y tratando de levantar la cabeza, para salir bien en cámara, porque a lo mejor la película es todo un éxito y sin imaginarlo, se convierten en actores reconocidos y así logran escapar de una realidad que los agobia.


Pensador Teatral.






jueves, 11 de julio de 2024

La Lluvia Seguira Cayendo

Dramaturgia de Oscar Barney Finn y Marcelo Zapata. Dirección de Oscar Barney Finn.






Jueves 20 hs en Beckett Teatro ( Guardia Vieja 3556 ) 

El prestigioso dramaturgo y cineasta Oscar Barney Finn y el periodista Marcelo Zapata, se vuelven a unir al igual que hicieron en Brutus, para presentarnos este texto profundo y movilizante, que nos propone el reencuentro de un padre y un hijo tras veinte años sin verse. Se trata de una relación rota, con heridas que no cicatrizan pese al tiempo transcurrido, dejando lugar a un vínculo donde la frialdad, el ocultamiento y la desconfianza marcarán el ritmo.





La obra nace con la idea de ser la continuación de Lejana Tierra Mía, pieza escrita por Eduardo Rovner en el 2000 y que se presentó con enorme suceso en el emblemático Andamio 90, con la misma dupla actoral conformada por Osvaldo Santoro y Paulo Brunetti. En esos tiempos el conflicto familiar, se reflejaba en la gran crisis que estaba atravesando el país. Veinte años después, Barney Finn y Zapata, empezaron a escribir La Lluvia Seguirá Cayendo, donde aparece nuevamente el vínculo entre padre e hijo, pero un mundo diferente, en una Argentina desmejorada, que parece ya acostumbrada a vivir en un estado de crisis crónico.

Las acciones se desarrollan en Buenos Aires, donde el hijo ( Paulo Brunetti ) regresa al país de manera sorpresiva y se aparecerá sin aviso en el taller de pintura de su padre ( Osvaldo Santoro ) . El último encuentro entre ellos había ocurrido en París, donde el padre recibiría un premio por su gran trayectoria como pintor y su hijo que de manera casual estando por Francia, aprovechó para verlo. Luego de ese encuentro, pasaron dos décadas y mucha agua bajo el puente, en los que no se vieron y apenas cruzaron algún llamado telefónico. Impresiona que pese al vínculo filial, sepan tan poco de la vida del otro, cualquiera podría pensar, que se trata del encuentro de dos desconocidos, pero esto no es así, ya que a pesar de saber poco del presente del otro, ambos tienen en claro las cuentas pendientes del pasado.






El hijo huyó de la crisis del país y sin tener contactos, logró desarrollar una exitosa carrera laboral en los Estados Unidos, donde actualmente tienen un puesto jerárquico en una empresa que se enfoca en desarrollo de la inteligencia artificial en el arte. Su padre mira con desconfianza, cualquier intromisión de la tecnología en el mundo del arte. Siente que son mundos opuestos y nunca complementarios. El siguió fiel a su estilo, siendo el mismo pintor de siempre y sin aggiornarse a la modernidad, algo que sin dudas provocó que cada vez tenga menos trabajo.

Los años pasaron y muchas cosas cambiaron. La casa familiar se convirtió solo en un taller de pintura, ya el padre no duerme allí por las noches. Y el barrio tranquilo de antaño, ahora es una barrio peligroso, en el que suenan sirenas y tiros de fondo. Sin dudas la situación del país empeoró en estos años, quien viene de afuera lo nota enseguida y el que vive aquí ya tiene una mezcla de aceptación y resignación, que reconocemos de manera nítida. Los reproches del hijo al padre, porque no seguir su camino en búsqueda de un país que ofrezca verdaderas oportunidades se multiplican,  pero a esta altura esas palabras ya suenan huecos y sin sentido.

La relación se muestra tirante y ninguno de los dos quiere contar demasiado de su vida. Parecen dos extraños, que no quieren revelar su juego y mucho menos abrir su corazón. No queremos contar demasiado para mantener el suspenso que presenta la trama. Solo vamos a decir que finalmente el hijo confesará la verdadera razón por la que vino a Buenos Aires y además de ello develará un secreto ( al que el tuvo acceso )  y que fue uno de los motivos que marcaron su partida y la rotura de la relación paterna. Con el correr de la trama, las lenguas se desatarán y los fuertes conflictos del pasado, aparecerán de manera furibunda en escena y explicarán un poco la frialdad reinante en el presente.






Pero vamos a dejar que el virtuoso texto los sorprenda como nos sucedió a nosotros y vayamos a las actuaciones que presenta la obra, ya que realmente son magníficas. Y arranquemos nada menos con Osvaldo Santoro y su regreso al escenario tras cinco años de ausencia, superando un tumor en las cuerdas vocales, dos operaciones y múltiples sesiones de rayos, debiendo superar además el dolor por la pérdida su compañera de vida María Inés, con la que vivieron cincuenta hermosos años juntos. Con semejantes cachetazos que le dió la vida, cualquiera se hubiera desmoronado, pero Osvaldo por lo contrario, decidió aferrarse a la vida y honrarla,  sabiendo que eso es lo que siempre hubiera querido su querida María Inés, teniendo el teatro un efecto sanador.

Y que decir de Osvaldo en escena, contar que está intacto, con la voz algo más ronca, pero siendo el fenomenal actor que siempre fue. Aquí aferrándose al personaje de un padre frío y algo egoísta, que se siente conmovido por la visita de su hijo y tratará de remarla contra la corriente para tratar de restablecer un vínculo roto, teniendo claro, que esta podría llegar a ser la última vez que se vean. En lo personal, resulta un lujo y un privilegio ver a Osvaldo brillando en escena, mostrando todo su talento, la experiencia y la sabiduría que le brindan tantos años en la profesión. Realmente emociona su composición y su entrega.








Pero no queremos ser injustos con Paulo Brunetti, un magnífico actor que tiene muy buena química con Osvaldo, reeditando una muy buena dupla. La composición de Paulo es sobresaliente. Suena complicado, que ante la figura gigante de Osvaldo, alguien pueda lucirse mucho. Pero su personaje lo consigue, con personalidad, mostrando un dolor acumulado por años y un vínculo fallido que sin dudas lo marcó. Es realmente muy bueno el trabajo de Paulo, con la sensibilidad a flor de piel, para que el público disfrute plenamente de un duelo actoral de fuste.

La puesta de Oscar Barney Finn es fina y bella desde lo estético. Un diseño escenográfico muy logrado de Carlos Gómez Centurión, que presenta un taller de pintura, donde el color azul acompaña las imágenes del relato, con unos lienzos colgados que se llevan todas las miradas. Destacamos además el diseño lumínico de Del Bianco Estudio que colabora con el clima íntimo que pide la trama y también nos gustó el vestuario actual de los protagonistas. Muy atractiva la puesta de de Barney Finn, con una belleza que predispone muy bien al espectador.







Y hasta allí vamos a contar, La Lluvia Seguirá Cayendo es una obra que emociona, colocando en primer plano la relación tirante entre un padre y un hijo, que nos invita a reflexionar sobre la crisis y decadencia que Argentina atraviesa casi de manera constante en las últimas décadas, siendo esto un factor que conspira contra muchas familias, que se separan y se rompen por tantas personas jóvenes que deciden emigrar a países más normales, donde lograr un desarrollo profesional es algo que depende del esfuerzo personal y no de los caprichos de los gobernantes de turno, que con sus decisiones deciden el curso de nuestras vidas. La pieza además habla de la importancia de la familia, de la identidad y de como muchas veces la mentira y el ocultamiento en los vínculos, generan daños que a larga resultan irreversibles.

Nos gustó mucho la obra y por eso la recomendamos. Los espectadores se van a encontrar con un texto profundo y muy cercano , que invita a reflexionar sobre las consecuencias de los vínculos familiares rotos, que nunca son inocuas y provocan una fuerte insatisfacción , que nos acompañará de manera permanente en nuestras vidas, aún con años de terapia.

No tenemos dudas que se van a emocionar con la potencia de una dramaturgia que moviliza y que posibilita que Osvaldo Santoro regrese a los escenarios en gran forma. Como dijimos antes, resulta un lujo y un privilegio volver a disfrutar de Osvaldo actuando en el teatro independiente, ya que nos brinda una clase magistral de teatro y más importante aún, nos regala una hermosa lección de resiliencia. superando obstáculos y aferrándose a la vida con pasión. Por ello, no sorprende que al final de la función, los aplausos del público que llenó la sala del Beckett se extiendan por un largo rato y en ese momento, mirando al cielo descubriremos una mueca de felicidad angelical, celebrando su vuelta a los escenarios.


Pensador Teatral.





sábado, 6 de julio de 2024

Viejos Laureles

Dramaturgia de Cristina Sisca. Dirección de Cristina Miravet.






Sábados 18 hs en Teatro del Pueblo ( Lavalle 3636 )

Magnífico texto de Cristina Sisca llega con Viejos Laureles, entrañable obra que hace justicia con tantos actores y actrices que abrazaron con pasión la profesión, pese a no alcanzar nunca la fama. Desempeñaron papeles secundarios en grandes elencos teatrales, fueron extras de alguna película o figurantes en algún radioteatro. Sus nombres nunca llegaron a las marquesinas de los teatros de la Calle Corrientes, pero le dedicaron su vida y sus sueños a la actuación, guardando como un tesoro los recuerdos de aquellos años de gloria, donde se codearon con las grandes figuras de la época.






La dramaturgia compartirá la historia de Quique ( Hugo Mouján ) y Cecilia ( Mirta Seijo ), una pareja de actores mayores, que comparten sus días en casa, recordando sus mejores años en la profesión allá por las décadas del 50´ y el 60´, repasando los nombres de los grandes actores y actrices de la época, que ellos tuvieron el privilegio de ver bien de cerca. Quique y Cecilia se conocieron en el estreno de una obra de teatro, donde ella actuaba y él cuando la vió supo que ella sería el gran amor de su vida, desde ese día unieron su vida y así continúan hasta la actualidad.

El pasado ronda permanentemente sus días, fueron años de mucha actividad, donde no paraban de estudiar libretos, se añoran las noches de estrenos y giras exitosas. Aunque estuvieran siempre en papeles secundarios, eran años de felicidad. El presente es bien diferente. Quique esperando el llamado de El Sueco, anunciando la reposición de La Muerte de un Viajante, donde el tiene su personaje designados. Cecilia participando en castings para algunos comerciales o cortometrajes, que le permita ganar alguna moneda para pagar la olla. El olvido y la falta de oportunidades es la amarga realidad, con la que deben convivir.






Y para colmo, una tarde llegará desencajado Pascualito ( Víctor Anakarato ) anunciando que falleció el Sueco, el empresario teatral que siempre estuvo presente en sus vidas. Fue el celestino de la pareja entre Quique y Cecilia y el único que hoy podría darles alguna nueva chance en el teatro. Pascualito era su asistente. Despedían a un amigo y cada vez era más los conocidos que dejaban este mundo. Y no vamos a contar más para mantener el suspenso, solo vamos a contar que desde aquella noticia, el tono de la historia cambiará y aparecerán secretos guardados bajo siete llaves e historias de amor que no pueden salir a la luz. Si la obra era interesante hasta allí, a partir de ese momento la intensidad de la historia, crecerá en emociones y atractivos, para el bien de un público que desde el arranque, se siente atrapado por el fluir de la historia.

Y llega el momento de hablar de las deliciosas actuaciones que tiene Viejos Laurales. En lo personal y un poco en tono con la historia que cuenta la obra, nos ponemos muy contentos cuando en los elencos aparecen actores de dilatada trayectoria, que con su valiosa experiencia en el oficio, pueden transmitir todo su saber, conseguido a lo largo de los años. Y esto es lo que ocurre con el trío protagónico, elegido para la ocasión. Un placer poder disfrutar los trabajos de Hugo Mouján, Mirta Seijo y Victor Anakarato. Vamos a dedicarles un palabras a cada uno de ellos, porque realmente lo merecen.





Arranquemos por Hugo Mouján, que destaca por su señorial Quique, con una gran presencia escénica, con un porte y una elegancia para destacar, llevando adelante un personaje que irradia bondad y amor infinito por su profesión. Ejemplo de lucha, de no darse por vencido y despertarse todos los días con una sonrisa y esperanza, para afrontar lo que la vida le depara. Su personaje genera ternura y empatía en el púbico. Nos encantó el trabajo de Hugo.

Seguimos por Mirta Seijo, como Cecilia. Apuntalando a su querido Quique, se nota más consciente de la realidad que viven y su personaje tiene un peso adicional, como es llevar consigo un secreto que la persigue hace años y que parece nunca podrá develar a su marido. Gran trabajo el de Mirta, que además impresiona por un cambio temporal que le pide la historia en la parte final. Exquisita composición de Mirta.






Y el elenco se completa con Victor Anakarato como Pascualito, amigo de la pareja y portador también de muchos secretos. Sufrirá por mucho la partida de El Sueco y las cosas que no se animó a decirle. Un personaje muy sensible el que compone Víctor, que con un papel que con menos minutos en escena, será clave para el desenlace de la historia. Estupendo el trabajo de Víctor. Como mencionamos anteriormente, se conformó un hermoso elenco y los tres están bárbaros.

Es importante para el lucimiento actoral, la dirección de Cristina Miravet que logra darle una atmósfera íntima y muy cálida a toda la trama. Nos gustó mucho el diseño escenográfico de Paula Molina, con ese cálido living que tiene tantos recuerdos en sus paredes. Paula también está cargo del vestuario, ítem destacado, que caracteriza muy bien bien a los personajes y por último mencionar el diseño lumínico de José Binetti. Todos ítems que agregan valor a una puesta íntima y lograda.






Y hasta allí vamos a contar, Viejos Laureles una obra entrañable, que nos invita a reflexionar acerca del inexorable paso del tiempo, con una bella historia que nos habla de amor y de aquellos secretos que no se pueden revelar. Recuerdos de un pasado de gloria y un presente que parece empecinado en sumergirnos en el olvido. Analogía que en este caso se aplica al mundo de los actores, pero que puede hacerse extensivo a todas las actividades, viendo como muchas veces la sociedad decide injustamente que algunas personas por un tema de edad, ya no tengan oportunidades para seguir en actividad.

Nos gustó mucho Viejos Laurales, que es mucho más que un homenaje a aquellos actores y actrices que dedicaron su carrera a la profesión y nunca alcanzaron el debido reconocimiento. La obra es un llamado de atención a nuestra sociedad, para que no dejemos de lado a nuestros adultos mayores,  que tienen tanto para enseñarnos y para que además nunca olvidemos que todos más tarde que temprano, vamos a ser viejos. Una dramaturgia entrañable, una dirección sensible y actuaciones exquisitas se unen para que disfrutemos esta hermosa obra que les recomendamos.


Pensador Teatral.



miércoles, 3 de julio de 2024

Una puerta, un hombre y otro hombre

Dramaturgia de Darío Bonheur. Dirección de Adriana Garibaldi.






Miércoles 20 30 hs en Felisberto Teatro ( Yatay 112 )

La talentosa pluma de Darío Bonheur nos sorprende en esta ocasión, al incursionar en el género del absurdo, reconocido en autores como el rumano Eugene Ionesco, sin dudas el principal exponente de este tipo de teatro, que se caracteriza por explorar la naturaleza humana y cuestionar algunos aspectos de su realidad. Esto por lo general se logra a través del humor y jugando con la incoherencia, el disparate y algunos comportamientos carentes de lógica.






Todos los aspectos mencionados se encuentran en este texto de Darío y además logra darle una vuelta de tuerca, ya que consigue darle profundidad a su texto porque siempre con el humor como bandera, nos invitará a reflexionar acerca de las diferentes percepciones que podemos tener de la realidad y de como muchas veces la felicidad es un simple estado de ánimo que se puede alcanzar, con nuestra actitud y forma de pensar, más allá de las circunstancias reales. Lo importante muchas veces, es la manera en que miramos las cosas. Osea ante un mismo hecho, alguien puede alegrarse y alcanzar un alto estado de felicidad y otra persona puede tener ante la misma situación, la reacción contraria. Así de misteriosa y compleja es la mente humana.

Yendo a la obra en si, nos encontraremos con un argumento tan sencillo como interesante. Fran ( Gabriel Nicola ) ha comprado una casa e invita a su amigo Gálvez ( Miguel Sorrentino ) para que la conozca. Fran está feliz con la adquisición y quiere compartir con su amigo aquella felicidad. Pero la mirada de Gálvez no es condescendiente y le cuesta entender como su amigo compró aquella casa de dimensiones reducidas, sin muebles y solamente con una ventana bien alta, por la que entra un hilito de luz. Para colmo, se entera que ha pagado una fortuna por aquella casa, que a simple vista no presenta ningún atractivo.






Pero Fran sigue en su postura y le explica a su amigo, que el siempre deseó una casa única, que no se pareciera a ninguna otra y que pese a que esta no estaba en su perfil de búsqueda inicial, cuando el vendedor se la mostró, de inmediato supo que debía comprarla. Gálvez cada vez se irrita más y empieza a pensar que ese vendedor en realidad es una estafador que se aprovecha de los incautos. Los diálogos divertidos y algo disparatados se sucedían entre los amigos, hasta que luego de dar muchas vueltas, ya que el vendedor le pidió que no revele el secreto a nadie, Franz casi en secreto, contará que lo que hace tan especial a aquella casa, era una puerta.

Una puerta que estaba cerrada, pero que según las palabras justas del vendedor, escondía algo increíble. Y hasta allí vamos a contar. Solo diremos que desde ese momento la postura de Gálvez cambia por completo, ya que hasta ese instante, deseaba irse lo antes posible de esa casa inhóspita,  pero ahora eso cambió y solo lo invade un irrefrenable deseo abrir por abrir esa puerta y saber que hay dentro. El tema es que el nuevo dueño de casa, no está tan seguro, si abrir esa puerta es una buena idea y comenzará un divertido intercambio entre ambos amigos, discutiendo los pro y los contras de hacerlo. Y obviamente, para saber si finalmente abrirán o no aquella puerta y en caso de abrirla con que se encontrarán, deberán ver la obra.

El texto y la dinámica de la trama, requiere muy buenos actores para poder llevarla adelante y esto sin dudas se logra con creces, ya que sin lugar a dudas uno de los puntos bien altos que tiene la obra, son las excelentes actuaciones que presenta. Y vamos a arrancar por Gabriel Nicola, que a nuestro entender la rompe, como Fran, el flamante propietario que no entra en su cuerpo de lo feliz que está. La composición de Gabriel es lúdica y minuciosa y en una pieza que exige mucha corporalidad de los actores, ver como su alta figura se contornea, se tira el piso y por momentos se mueve de manera frenética, generaba ya solo con eso las risas de la platea. Fenomenal la composición de Nicola, transmitiendo el sentimiento un persona que irradia felicidad y alegría.






Pero por favor que tantos elogios a Gabriel, no opaquen el excelente trabajo de Miguel Sorrentino como Galvez. En su caso, le toca dar cuenta del personaje más racional de la historia, si es que podemos considerar que alguno de los dos, lo sea. En una atmósfera donde el disparate manda tratará de aportar algo de cordura, aunque no tendrá demasiado éxito con aquella misión. Su personaje de Gálvez marca un muy buen contrapunto con el de Fran, con una visión menos optimista de las cosas y ambos en el conjunto,  forman una gran dupla. Para destacar también toda la corporalidad de Miguel, en un obra donde lo físico y lo clownesco tienen relevancia.

Tiempo de hablar de la atractiva puesta de Adriana Garibaldi, que le saca mucho jugo al texto y potencia las actuaciones que resultan el motor de la propuesta. Hay que destacar el original y vistoso diseño visual de Gustavo Acevedo, muy poco visto en el teatro independiente, con proyecciones de imágenes, que no queremos adelantar para mantener la sorpresa, pero que enriquecen mucho la puesta. El mismo Gustavo tiene a cargo, los rubros del diseño lumínico y el vestuario, ambos ítems destacados. 





En resumen, nos gustó mucho la propuesta de Una Puerta, un hombre y otro hombre, ya que es realmente original y resulta soplo de un aire fresco para la cartelera porteña, ya que incursiona en el género del teatro del absurdo, con una creación de un joven y talentoso autor argentino. Un texto que divierte y nos invita a reflexionar, sobre las diferentes miradas que podemos tener de la realidad y como ante una misma situación, algunas personas pueden tener una mirada positiva y otros la contraria. La obra además nos habla de la amistad y de la búsqueda de la felicidad, como una constante en el comportamiento humano.

Por todo lo comentado, los invitamos a que conozcan Felisberto, un nuevo y bello espacio teatral que abre sus puertas en el barrio de Almagro, en momentos en que el arte tanto lo necesita. Y lo hace de la mejor manera, ya que presenta una obra que se anima a arriesgar y salir de la zona de confort, de la mano de un texto estupendo, una dirección atractiva que atrapa al espectador desde el arranque y con una dupla protagónica, que se siente a gusto en la faceta lúdica que la pieza propone y nos invita a abrir la puerta del buen teatro independiente.


Pensador Teatral.



lunes, 1 de julio de 2024

Turreo Místico

Dramaturgia y Dirección de Mariana " Cumbi " Bustinza.






Lunes 20 30 hs en Timbre 4 ( México 3354 )

Llega una nueva obra de Mariana Cumbi Bustiza, la joven y talentosa dramaturga porteña, que revolucionó la cartelera del teatro independiente, con propuestas que le otorgan un enfoque diferente al tema de la marginalidad y la vida en los barrios atravesados por la pobreza y la falta de oportunidades. Rápidamente vienen a nuestra memoria, los recuerdos de Menea para Mí, Gorila y Lo que Quieren las Guachas, tres obras escritas y dirigidas por Mariana, que tuvieron un gran suceso de público y sin dudas lograron introducir en el teatro, temáticas que hasta ese momento no se tenían para nada en cuenta y parecían vedadas.





En esta oportunidad, la autora redobla la apuesta, imaginando su nueva creación tomando como referencia un clásico de William Shakespeare y así es como nació Turreo Místico una versión libre y musical de Macbeth, que se atreve a combinar una tragedia clásica con la cumbia 420, el Rkt y la vida en los barrios populares. El Rey de Escocia dejará el lugar al Capo más poronga de la vecindad y las verdes praderas escocesas, dejarán su lugar a los angostos pasillos del Barrio 20. 

De entrada y para quitar el suspenso, vamos a decir que la genial idea de la autora, pudo plasmarse de muy buena manera en una obra muy potente, que mostrará las luchas de poder que existen en los barrios populares, donde hay jefes que dan las órdenes y soldaditos que deben cumplir al pie de la letra lo que se indica y mostrar una lealtad absoluta. En el barrio la traición se paga con sangre, por eso hay que tener mucho cuidado y no caer en las tentaciones que el poder siempre ofrece.





Y en Turreo Místico, al igual que ocurre en Macbeth, tendremos intrigas y traiciones, una mujer que inocula en su pareja el bichito de la ambición, habrá una conspiración, un plan a ejecutar, un asesinato y luego de el mismo, la puja por ese lugar vacante. Las brujas isabelinas aquí serán las prostitutas de un lupanar, pero también darán sus vaticinios. La muerte trae consigo fantasmas y locura. Con gran habilidad, Cumbi crea una historia que tiene muchísimos puntos en común con la tragedia shakespereana, pero con la impronta local que se caracteriza por la marginalidad, la pobreza, el tráfico de drogas y siempre con la cumbia sonando fuerte de fondo.

No queremos contar mucho más de la historia para conservar el suspenso, pero les aseguramos que la historia que está cargada de violencia, tiene todos los condimentos que podemos imaginar. Y si hay algo que caracteriza a las obras de Mariana, es el gran despliegue escénico que presentan las mismas. Y vamos a arrancar por la parte actoral, ya que son nada más dieciséis los actores en escena, que estarán a cargo de contarnos lo que sucede en el interior del Barrio 22. Se eligió un elenco joven y muy entusiasta, que se entrega por completo a lo que pide la dramaturgia, adoptando el lenguaje turro que pide la historia. Y las caracterizaciones son tan buenas, que es imposible para el espectador, poder adivinar quien del elenco puede tener un pasado en un barrio y quien es pura caracterización.






Si bien puede observarse alguna disparidad en las actuaciones y en las partes cantadas, por los diferentes registros del elenco, ninguna interpretación desentona y resalta el conjunto como bloque, siendo el corazón de la historia y el núcleo de la misma. Y como ocurre siempre, hay trabajos que se destacan con nitidez y que vamos a querer mencionar de manera especial. Arranquemos por el gran trabajo de Tomás Cutler, como Nolo, el Macbeth del 22, el que quiere quedarse con el poder y luego deberá cargar con el peso en su conciencia, debiendo lidiar con los fantasmas de su mente. Gran presencia escénica la de Tomás, mostrando estar a la altura de un protagónico que no es sencillo.

Y si hablamos de trabajos destacados, seguimos con Antonella Fittipaldi, como Magui, la Lady Macbeth del barrio. En nuestra opinión, es la gran revelación de la obra, redondeando una composición magnífica, mostrando toda la astucia para urdir un plan maquiavélico y luego de concretarse el mismo, caerá en desgracia y tocará fondo.  Nos encantó el trabajo de Antonella, que la rompe como Magui la más turra del 22. Pero no queremos ser injustos con otros grandes trabajos, como por ejemplo Brian Ross, como el Monstro, el más poronga, el que dirige con brazo de hierro a su gente, hasta sufrir la traición. Mucha presencia escénica también la de Brian, con un personaje muy logrado, que impone respeto.





Rodrigo Trip con la casaca de Almirante Brown, como Jony también destaca mucho y será clave en la resolución de la historia. Orlando Alfonso como el Pollo, resalta por su acento caribeño y quedará pronto en el ojo de la tormenta. Facundo Furque es el Mosca, hermano y ladero del Monstro deberá cuidar bien su espalda. Marcelo Salas, atemoriza con su sola presencia y su camiseta de los Bulls. Gradiva Rondano como Jessi merece mención especial. Mariel Neira como Flor es otra turra que  al igual que Magui, destaca mucho y otro personaje femenino que nos gusto mucho es de La Gise, a cargo de Angie Sanz.  Valentina Brishantina como Ori, es la más sexual de la tribu y con su desparpajo, le aporta frescura a una trama muy dura. Verónica Paris como Vane y Camila Comas como Naty resaltan en el elenco femenino y así podemos seguir mencionando a cada uno de los personajes de la historia, porque cada uno aporta lo suyo,  

Vayamos a la puesta, que tiene muchos puntos alto para destacar. Arranquemos por la música original de Facundo Salas, componente fundamental de Turreo Místico, ya que la cumbia 420 acompañará gran parte del relato. Para quienes no lo saben, la cumbia 420 se refiere a un estilo musical donde el reggaetón se combina con la cadencia rítmica de la cumbia y el numerito 420, se relaciona mundialmente con el consumo de marihuana. En nuestro país el máximo exponente de este género es L-Gante. 






En el mismo lugar de destaque debemos mencionar las coreografías de Maru Paiz. Son muchas los actores en escena y verlos a todos juntos ejecutando buenas coreografías, le dan vértigo y  belleza visual a la puesta. Otro ítem que no podemos dejar de mencionar es el vestuario de Ornella Fazio y la propia Mariana Bustiza, con remeras de fútbol, de la NBA y gorritas para los hombres, tops y jeans rotos para las mujeres y altas llantas para ambos sexos, colaborando mucho en las muy buenas caracterizaciones de los personajes. Por último un párrafo especial,  para el funcional diseño escenográfico de Gabriella Gerdelics, con paneles fijos graffiteados y paneles móviles que los propios actores irán adaptando a las necesidades del relato.

Y hasta aquí vamos a contar, el resto lo descubrirán ustedes cuando vean la obra. Nos gustó mucho la propuesta de Turreo Místico, una obra con sangre joven, que consigue una estupenda recreación de la clásica tragedia griega de Shakespeare, trayéndola a nuestros barrios marginales, donde las luchas por el liderazgo en as pandillas, se relaciona con el control del tráfico de drogas en el lugar, debiendo cerrar filas, para que en el negocio no puedan colarse intrusos de otros barrios.






Las propuestas de Mariana Cumbi, consiguen brindar al espectador ,un punto de vista diferente sobre  una temática, que por lo general solo tienen la mirada monopólica de los medios de comunicación, que con sus informes ofrecen información algo sesgada de lo que ocurre allí adentro. La idea aquí, es poder dejar de lado algunos prejuicios y tener en cuenta el contexto de pobreza en que muchas personas viven,  antes de juzgar sin miramientos al otro, ya que lo más sencillo es generalizar y estigmatizar a las personas que habitan en las villas o asentamientos, algo que sabemos no es lo más justo. Ya intentar hacer ese ejercicio de reflexión, es un gran paso adelante.

En Turreo Místico se pone el foco en las situaciones violentas que se viven en las barriadas pobres, que derivan en asesinatos y ajustes de cuentas al por mayor, algo que tiene absoluta actualidad y comprobamos leyendo los titulares de los diarios. Aquí la historia llega, con Shakespeare como marco, para mostrar la universalidad de algunas luchas que no saben de clase social y lo hace de la mano de una puesta potente y cumbiera, con un importante despliegue actoral de un joven elenco, que estará bien piola, para que disfrutemos de una noche de teatro comprometido con nuestra realidad social, esa que muchos prefieren esconder bajo alfombra.


Pensador Teatral.