viernes, 26 de junio de 2026

Las Traciones

Dramaturgia y Dirección de Juan Andrés Romanazzi.




Martes 20 30 hs en El Portón de Sánchez ( Sánchez de Bustamante 1034 )

Había sobrados motivos para llegar al Portón de Sánchez con grandes expectativas. El nuevo trabajo de Juan Andrés Romanazzi, sumado a un elenco de intérpretes cuya calidad ya conocíamos, hacía presagiar una muy buena noche de teatro. Sin embargo, la realidad terminó superando cualquier pronóstico y Las Traiciones, no solo cumplió con esas expectativas, sino que las sobrepasó ampliamente, convirtiéndose en una de las mejores propuestas que vimos en lo que va del año.

La creatividad y la originalidad de la dramaturgia de Romanazzi vuelven a hacerse presentes desde el punto de partida de la obra. Tomando como inspiración la mitología griega y personajes emblemáticos como Ulises, Penélope y Helena, el autor construye una historia tan cercana, como contemporánea, donde las grandes epopeyas dejan lugar a las interminables rutas, los vínculos desgastados y personajes que cargan sus propias batallas cotidianas. El resultado es un texto de enorme creatividad, que encuentra poesía en lo más simple y demuestra, una vez más, la capacidad del autor para convertir lo cotidiano en un hecho teatral cargado de sensibilidad.





Pero detrás de las referencias mitológicas, Las Traiciones habla de temas profundamente humanos y actuales: la soledad, los vínculos, los deseos postergados, las adicciones y el trabajo como una rutina que muchas veces nos impide detenernos a pensar en aquello que verdaderamente queremos. Todo ello se apoya en una dramaturgia brillante, llena de imágenes, hallazgos y reflexiones que permanecen resonando en el espectador mucho después del aplauso final.

Pero si hay algo, que queremos destacar  de manera especial, son las fenomenales actuaciones que presenta la obra y constituyen otro de los grandes pilares del espectáculo. Los tres intérpretes realizan trabajos superlstivos, construyendo personajes fascinantes y cargados de matices. Y con esta vara bien alta, queremos resaltar el trabajo de Ivan Moschner, como La Tora o Penélope, como ustedes prefieran. Su composición es sencillamente brillante, creando un personaje hipnótico, de enorme humanidad, muy querible y lleno de matices, que transita momentos desopilantes que harán reír 

mucho a la platea y otros de gran carga emotiva. No es nuestro estilo hacer este tipo de afirmaciones, pero creemos que este gran trabajo de Iván, está llamado a convertirse en una de las actuaciones más reconocidas de la temporada y su composición encontrará un lugar destacado entre los premios y el reconocimiento de la crítica especializada. 

Pero no seamos injustos con los otros dos intérpretes. Paula Fernández Mbarak, interpreta a Ulises, el chofer de larga distancia que con su nave recorre las rutas, nos regala un personaje que lucha por superar sus adicciones, inseguridades y la profunda soledad que lo envuelve. Y la Tora justamente aparecerá como una luz en el camino que puede sacarlo de la oscuridad en la que transita. Paula es una actriz que nos encanta y a la que ya elogiamos en varias oportunidades en este sitio, por su versatilidad y presencia escénica. Aquí su caracterización es tan lograda, que estuvimos un largo rato, hasta descubrir que erra ella quien daba vida a Ulises y si piensan que exagero, les pido que vean la obra y seguramente van a coincidir.






Y para completar el triángulo virtuoso,  cuando la obra ingresa en su tramo final, aparece Laura Silva, como Helena,  en un rol clave para el desenlace. Lejos de pasar desapercibida, logra hacer pie inmediatamente frente a dos personajes que pisan fuerte, con personalidad y carácter y dejando claro su odio por todo lo relacionado con el trabajo. Su interpretación tiene una impronta propia que completa la historia y a un trío actoral de altísimo nivel.

La puesta del propio Romanazzi, acompaña con inteligencia semejante material. El excelente diseño de luces contribuye de manera clara a la creación de los distintos climas, mientras que el cuidado vestuario aporta identidad y suma a la personificación de cada uno de los personajes. A esto se suma un notable aprovechamiento integral del largo espacio escénico que ofrece El Portón de Sánchez, mostrando como con creatividad e imaginación, se pueden construir universos ricos en recursos y plenamente funcionales a la historia.





Y hasta acá vamos a contar, Las Traiciones confirma el gran momento creativo de Juan Andrés Romanazzi y nos regala una de esas obras que entretienen, emocionan y dejan espacio para la reflexión. Una historia profundamente humana que nos enfrenta a la soledad, a los vínculos que elegimos construir y al trabajo como refugio, pero también como una rutina capaz de adormecer nuestros sueños y postergar las preguntas más importantes de la vida.

Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar enfáticamente esta extraordinaria propuesta, donde una dramaturgia brillante, tres actuaciones fenomenales y una puesta de gran creatividad se combinan para dar vida a un espectáculo de enorme calidad.  El prolongado y cálido aplauso del público al finalizar la función fue el mejor cierre, para una noche donde el teatro independiente brilló con intensidad.


Pensador Teatral.



jueves, 18 de junio de 2026

Olivia

Dramaturgia colectiva. Dirección de José Luis Arias.




Jueves 20 hs en San Abasto Subterráneo Cultural ( Sánchez de Bustamante 632 )

Una propuesta sensible, inteligente y profundamente humana, es la mejor carta de presentación de Olivia, una obra que busca dar visibilidad y crear conciencia, sobre los trastornos cognitivos que pueden sufrir las personas de edad avanzada y lo hace  desde una perspectiva poco frecuente: la de quien atraviesa la enfermedad en primera persona.





Uno de los mayores aciertos de la propuesta es su capacidad para generar comprensión. Lejos de limitarse a mostrar síntomas o consecuencias, la obra invita al espectador a ingresar en la percepción alterada de Olivia y experimentar, aunque sea por un momento, cómo se modifica la relación con la realidad. De esta manera, se transforma en una experiencia profundamente didáctica y esclarecedora, ayudando a comprender una problemática que afecta a miles de familias.

La dramaturgia expone con claridad que se trata de un proceso progresivo, donde los cambios aparecen de manera gradual y van impactando tanto en quien padece la enfermedad como en su entorno más cercano. La obra también pone el foco en la familia, mostrando la incertidumbre, la angustia y la sensación de desconcierto que muchas veces acompañan a quienes deben afrontar una situación para la cual nadie está verdaderamente preparado y deja numerosos interrogantes ¿Cómo reaccionar? ¿Cómo acompañar? ¿Cómo comprender conductas que parecen inexplicables? Son preguntas que sobrevuelan permanentemente la escena.





Tiempo de hablar de las actuaciones que presenta la obra y corresponde arrancar por María Celina Tellería, que es Olivia, la gran protagonista de la historia. Su composición es superlativa y profundamente humana, logrando transmitir con autenticidad, las múltiples emociones que atraviesa su personaje, que atraviesa momentos de lucidez y otros de gran vulnerabilidad. Gran trabajo el de María Celina, lleno de matices, que permite que el público empatice con ella y la acompañe en su recorrido, comprendiendo desde adentro las dificultades y desafíos que impone la enfermedad.





Pero que la hermosa interpretación de la protagonista, no eclipse al resto. La obra reúne un elenco numeroso y comprometido, donde cada integrante aporta su cuota de sensibilidad y energía a la construcción de este universo tan particular, tanto al mundo real, como al universo subjetivo que habita Olivia. Acá queremos resaltar los trabajos de Dani Macri, como su hijo Diego, que batallará de manera incansable, buscando acompañar de la mejor manera a su madre. Muy bueno también el trabajo de Lucas Krutnik como el enfermero y otros personajes imaginarios y también nos gustó mucho el trabajo de Ile Jaciw, como una de sus cuidadoras, que consigue mostrar la humanidad, que tienen las personas que en la vida real, tienen esa difícil tarea.

La puesta de José Luis Arias, es muy rica. Con una enorme creatividad visual, construye un universo propio que permite representar aquello que sucede en la mente de Olivia. El colorido diseño escenográfico, los cuidados vestuarios y los múltiples recursos escénicos colaboran para materializar ese mundo paralelo que la protagonista percibe como real. 




Y hasta acá vamos a contar. Consideramos realmente valiosa la propuesta de Olivia, una obra tan accesible como profunda, que encuentra un delicado equilibrio entre el entretenimiento, la emoción y la reflexión, sin caer en golpes bajos, mostrando cómo el teatro puede cumplir una importante función social al visibilizar una problemática que impacta tanto en quienes padecen estas enfermedades, como en sus seres queridos, que muchas veces se sienten abrumados por la situación, sin saber como actuar.

Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar enfáticamente esta original y movilizante propuesta, que de la mano de una dramaturgia sensible y humana, una puesta creativa y actuaciones comprometidas, sabe llegar al corazón del espectador y logra que salga de la sala con una mirada más empática sobre una problemática que muchas veces permanece invisibilizada y está más extendida de lo que pensamos.


Pensador Teatral.



martes, 16 de junio de 2026

Expediente 1492, La Última Confesión de Colón.

Dramaturgia Mariano Cossa y Santiago Ferrigno.





Sábados 21 hs en Centro Cultural de Cooperación ( Av. Corrientes 1543 )

Una inteligente y atractiva propuesta, llega de la mano de Mariano Cossa y Santiago Ferrigno, que a partir de la novela del escritor cubano Alejandro Carpentier sobre Cristóbal Colón, crearon una ficción histórica que cuenta la historia de un intento de canonización que el Vaticano impulsó a fines del siglo XIX, del célebre navegante genovés, que sin dudas fue una de las figuras más controvertidas de la historia universal.

La obra plantea un ingenioso juicio teatral en el que la posible santificación de Colón es sometida a examen. A medida que avanzan los testimonios, las acusaciones y las defensas, el espectáculo pone en tensión los relatos históricos tradicionales, abriendo espacio para la reflexión sobre la conquista, el poder, la religión y la forma en que se construyen las verdades que atraviesan generaciones. Uno de los mayores aciertos de la propuesta es hacerlo desde una mirada ágil y descontracturada. combinando información, humor, ironía y entretenimiento sin perder profundidad.





Un acierto importante de la puesta es la participación activa del público, que deja de ocupar un lugar pasivo para transformarse en jurado y emitir su propio veredicto. Este recurso no solo aporta dinamismo sino que convierte cada función en una experiencia singular, reforzando la idea de que la historia sigue siendo un territorio abierto a la discusión y a las distintas interpretaciones. 

Pero si hay un punto que sobresale especialmente es el magnífico trabajo del trío protagónico conformado por Norberto Gonzalo, Alfredo Noberasco y Sandra Antman Los tres intérpretes ponen al servicio de la obra toda su experiencia, oficio y presencia escénica, construyendo personajes sólidos y sosteniendo con enorme solvencia un relato que exige precisión, ritmo y capacidad para dialogar permanentemente con el público.





Arranquemos por Norberto Gónzalo, la figura central de la historia, ya que representa a Cristóbal Colón y lo hace en gran forma, mostrando estar a la altura de un protagónico exigente. Estupendo lo de Norberto. Sigamos con Alfredo Noberasco, que representará a la figura del defensor de Colón en el juicio y también será Rodrigo de Triana, que fue el marinero de la expedición que desde la carabela La Pinta, avistó por primera vez la tierra americana. Soberbio trabajo de Alfredo, con gran carisma y presencia esçénica, será además quien establecerá el vínculo con los espectadores, durante la función.

Resta destacar la labor de Sandra Antman, que desdoblará varios personajes en la trama, entre ellos el de la fiscal acusadora en el proceso de canonización de Colón y el de la Reina Isabel, por mencionar solo dos de sus personajes. Sandra despliega una notable versatilidad interpretativa, asumiendo los distintos personajes a lo largo de la representación, aportando firmeza y humor de acuerdo a cada personaje. Nos gustaron mucho los tres trabajos y en lo personal celebramos especialmente que el teatro siga generando espacios para artistas de amplia trayectoria, permitiéndonos disfrutar en escena de todo el oficio y la experiencia interpretativa que solo brindan años de dedicación al arte teatral.





Y hasta allí vamos a contar, para no spoilear más de la cuenta, así ustedes descubren el resto cuando vean la obra. Uno de los mayores aciertos que presenta la propuesta, es abordar una figura histórica tan influyente como polémica desde una mirada abierta y con una buena dosis de humor, apareciendo temas sensibles como el sometimiento de los pueblos originarios, la violencia ejercida durante el proceso colonizador y las denuncias vinculadas al comercio de esclavos, pero dejando espacio también para hablar del hombre detrás del mito, explorando aspectos de su vida privada, sus vínculos sentimentales, sus contradicciones y sus ambiciones. De este modo, el espectáculo construye un retrato más humano de Colón, alejándose de las visiones simplificadoras y enriqueciendo el debate sobre su legado.

Por todo lo que comentamos, solo nos queda recomendarles Expediente 1492, La Última Confesión de Colón, una original propuesta, que presenta una dramaturgia inteligente, una puesta dinámica y magníficas actuaciones, que se unen para redondear una obra que aborda la historia desde una mirada crítica y profundamente humana, dejando al espectador el espacio adecuado para la reflexión y la certeza de que algunos personajes del pasado siguen interpelándonos en el presente.


Pensador Teatral.


sábado, 6 de junio de 2026

Reversible

Dramaturgia de Mercedes Torre. Dirección de Juan Andrés Romanazzi.





Sábados 20 hs en Nun Teatro Bar ( Juan Ramírez de Velasco 419 )

La propuesta escrita e interpretada por Mercedes Torre nos invita a emprender un viaje poético y profundamente humano, es la carta de presentación de Reversible, la obra escrita e interpretada por Mercedes Torre, que nos invita a acompañar a Rosita, que decide iniciar una travesía hacia territorios desconocidos, tratando de rescatar a su madre, que fue llevada por la Muerte, iniciando un recorrido donde los recuerdos, los afectos y la imaginación se entrelazan para construir una experiencia teatral de enorme sensibilidad.





Desde una dramaturgia delicada y original, atravesada por una permanente musicalidad, la obra desarrolla un relato que combina humor, emoción y fantasía. El texto posee una belleza particular, con pasajes escritos en verso y una poesía que fluye naturalmente a lo largo de toda la propuesta. A ello se suma un universo onírico repleto de imágenes y referencias campestres que aportan un encanto especial a la narración. 

El gran motor de la obra es Mercedes Torre. Su trabajo escénico resulta sencillamente extraordinario. La actriz sostiene el espectáculo con una entrega absoluta, desplegando una composición llena de matices, sensibilidad y verdad. Su conexión con el público es inmediata y permanente. Rompe la cuarta pared con una naturalidad admirable, dialoga con los espectadores, recorre la platea y los hace partícipes del viaje que emprende.

Pero además de esa notable capacidad para comunicar emociones, la protagonista construye un trabajo físico impactante. Baila, canta, trepa por la escenografía, se arrastra, corre, juega y ocupa cada rincón del escenario con una energía contagiosa. Su composición es magnífica, de esas que tenemos que poner en un cuadrito. Mercedes por este trabajo, ganó el Premio Trinidad Guevara, en la categoría Revelación Femenina y luego de verla en acción, queda claro la justicia del premio.






La dirección de Juan Andrés Romanazzi es otro punto alto. El diseño escenográfico de Micaela Sleigh,  es original y sumamente funcional al universo que propone la obra. Con creatividad e inteligencia construye distintos espacios y situaciones, potenciando permanentemente la imaginación del espectador. El diseño lumínico acompaña ese recorrido con gran sensibilidad, aportando climas, atmósferas y texturas visuales que enriquecen cada escena y potencian el carácter poético de la propuesta.

Y merece un párrafo especial la música en vivo, elemento fundamental dentro de Reversible. En la función que presenciamos, la música en vivo estuvo a cargo de Agustín Cañas ( habitualmente ese papel lo comple Pablo Viotti )  y realmente cumplió con creces, siendo la banda sonora del espectáculo, algo clave en una propuesta como esta donde la música tiene tanto valor. El resto de lo musical, lo completa Mercedes con lo lindo que canta.





Nos gustó mucho la propuesta de Reversible, obra que transita su segunda temporada en cartel y ya ha recibido numerosos premios. La obra encuentra un equilibrio admirable entre la ternura, la poesía y la emoción genuina, permitiendo que cada espectador complete el viaje con sus propios recuerdos y experiencias, estableciendo además momentos de humor y de complicidad con un público que desde el arranque abraza la propuesta.

Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar la obra. Se encontrarán con un texto sensible y profundamente humano, una puesta muy creativa y en especial una actuación magnífica de Mercedes Torre, que se entrega por completo en esta obra que sin dudas resulta sanadora para ella y para los espectadores, que gustosos se prenderán en este viaje, que los invitará a reír, soñar y emocionarse. Y cuando todo esto sucede, el teatro ha cumplido su misión.


Pensador Teatral.





sábado, 30 de mayo de 2026

La Era del Olvido

Dramaturgia y Dirección de Francisco Estrada.




Sábados 21 hs en El Camarin de las Musas ( Mario Bravo 960 )

Una propuesta actual y provocadora, resulta esta obra escrita por Francisco Estrada, que a través de un atrapante unipersonal, nos invita a adentrarnos en los rincones más oscuros de la política, en ese universo donde las apariencias suelen valer más que las convicciones, donde el poder se transforma en una obsesión y donde las humillaciones muchas veces aparecen como peajes inevitables para quienes desean ascender.





La propuesta nos introduce en la intimidad de un hombre atravesado por sus ambiciones, sus recuerdos,  y sus contradicciones. Pero lejos de construir un discurso político tradicional, el autor elige explorar aquello que sucede detrás de escena. La cocina de la política. Los acuerdos silenciosos, las estrategias de comunicación, la construcción permanente de una imagen pública, la importancia de las redes sociales y los mecanismos de manipulación que terminan moldeando los relatos que consumimos diariamente. En ese sentido, la obra logra algo muy valioso, como abordar temas profundamente políticos y de coyuntura, sin perder nunca su dimensión humana.

A medida que avanza la función, también se despliega una reflexión sobre la memoria y el olvido, sobre aquello que decidimos conservar y aquello que preferimos enterrar. El protagonista transita un recorrido tan íntimo como inquietante, donde el pasado, los vínculos familiares y las marcas emocionales  se vuelven tan importantes como las disputas de poder que atraviesan su presente. Y es justamente allí donde la obra encuentra buena parte de su potencia, al mostrarnos que detrás de cada figura pública existe una persona cargada de miedos, heridas y zonas oscuras.




Pero si hay un aspecto que merece ser destacado especialmente es el trabajo de Germán Rodríguez. Su actuación es sencillamente magistral. Sostener un unipersonal de estas características requiere presencia escénica, talento y una enorme capacidad para capturar la atención del público de principio a fin. Rodríguez lo consigue con una solvencia admirable. Su composición está llena de matices, transitando con absoluta naturalidad diferentes estados emocionales, pasando de la seguridad al derrumbe, de la ironía a la angustia y de la ambición desmedida a los momentos de mayor vulnerabilidad.

La sala de El Camarín ofrece una cercanía entre actor y público que se disfruta muchísimo, ya que permite apreciar en primer plano cada gesto, cada silencio y cada movimiento, cuidadosamente construidos para acompañar el viaje emocional del personaje. Nos encantó el trabajo de Germán, que directamente la rompe en escena, manejando con maestría las riendas del unipersonal. de un exigente unipersonal, donde está solo en escena, pero dialoga con varios personajes creados por el mismo.

La dirección del propio Francisco Estrada. es muy acertada, apostando por una puesta que pone el foco en la palabra, en el cuerpo del actor y en la construcción de una atmósfera de intimidad, a la que el público tiene la suerte de ingresar. Párrafo especial, para el diseño lumínico de Paula Fraga, que agrega valor a la puesta y contribuye a marcar los diferentes momentos emocionales por los que atraviesa el protagonista.





Y hasta allí vamos a contar, La Era del Olvido atraviesa su segunda temporada en cartel, con una propuesta muy actual, que desnuda las peores prácticas de los políticos, que apoyan sus carreras en la mentira, las apariencias y la búsqueda de un cargo, que les asegure su futuro económico. Lo triste es descubrir que la obra nos ofrece un relato tan preciso y tan crudo, que duele y ayudar comprender porque el país nunca logra superar las crisis cíclicas que atraviesa.

Recomendamos la obra, que nos ofrece un texto inteligente, provocador y profundamente actual. Un espectáculo que invita a la reflexión sobre el poder, las apariencias y las miserias de la política. Lo logra, gracias a una puesta íntima y una actuación magistral del protagonista. Todo esto confluye para que vivamos una noche que entretiene, interpela y nos deja un sabor agridulce en la boca, ya que es un reflejo muy claro de la mediocre clase política que dice representarnos.


Pensador Teatral.





sábado, 16 de mayo de 2026

Breve Interludio

Dramaturgia de Mario Diament. Dirección de Mauro J. Pérez.




Sábados 20 hs en El Método Kairos ( El Salvador 4530 ) 

Hay obras que necesitan grandes acontecimientos para conmover y otras como Breve Interludio, que encuentran su razón de ser, en lo mínimo y en lo aparentemente cotidiano, porque termina revelando las contradicciones humanas, las grietas emocionales y los deseos largamente silenciados. Mario Diament, uno de los autores más prolíficos de nuestro teatro, elige abordar el tema de los vínculos humanos complejos, con un texto inteligente y sensible.




La trama nos presentará a Mario Petrosini (Fabián) y Sofía (Amanda Bond), dos personas atravesadas por la rutina, los mandatos y el desgaste emocional de vidas aparentemente resueltas, que se encontrarán de manera fortuita en un bar un día Martes. A partir de allí, comenzará a desplegarse un vínculo tan inesperado como profundamente humano, donde lentamente empezarán a emerger frustraciones, deseos contenidos, soledades y contradicciones afectivas que ambos cargan desde hace tiempo. Cada Martes las ilusiones y los miedos se renovarán.

Con enorme sutileza, la obra se adentra en los pequeños gestos, en las miradas, en aquello que no siempre se dice, construyendo un clima íntimo y reflexivo que interpela permanentemente al espectador. Porque detrás de ese encuentro casual, Diament logra hablar del amor, de la infidelidad, de las oportunidades perdidas y de la necesidad profundamente humana de sentirse visto y escuchado por otro. Pero estas historias por lo general, se sabe como empiezan, pero no como terminan, por lo que deberán a estar muy atentos, para ver como los protagonistas, logran navegar entre sus obligaciones y sus deseos, pero para ello deberán ver la obra, algo que sin dudas es una muy buena idea.

Este texto inteligente y sensible, encuentra los intérpretes adecuados en Mario Petrosini y Amanda Bond, una dupla protagónica, que muestra una química escénica y una credibilidad para destacar. Mario compone a un arquitecto, que lleva consigo las frustraciones y necesidades afectivas de un hombre atrapado entre la rutina y encuentra en aquella mujer a la que conoce de manera circunstancial, una llama capaz de reavivar su despertar amoroso. Un actor de gran recorrido Mario, que resuelve con mucha solidez su protagónico.




Amanda Bond, será Sofía,  una bióloga atrapada por la curiosidad de lo prohibido. Con miedos y mucha precaución se irá internando en arenas peligrosas que no conoce, pero la seducen. Amanda es una actriz, a la que elogiamos en muchas ocasiones en este sitio, por su capacidad para sostener personajes femeninos complejos con gran solvencia. En sus últimos trabajos la vimos en textos dramáticos y de época, mostrando aquí su versatilidad, cambiando de registro, en un personaje cotidiano, que construye un mundo íntimo, con una frescura y una credibilidad que llega al espectador. Nos gustó mucho lo de Amanda, en lo individual y conformando una gran dupla con Mario.

La dirección del joven Mauro J. Pérez, que ya trabajó en varias obras escritas por Diament, construye una atmósfera íntima y cercana muy efectiva, aprovechando en gran forma la proximidad del público con los actores, que permite la sala más pequeña del Kairos.  Esa cercanía potencia cada diálogo, silencio y gesto de los personajes, generando una conexión constante con el espectador. También resulta muy interesante el uso de la pantalla de fondo, cuyas imágenes acompañan distintos momentos y sensaciones de los protagonistas, aportando climas y belleza a una puesta íntima y delicada.




Resultó una agradable sorpresa, este texto de Diament, que apuesta por la sensibilidad, por lo cotidiano y por aquellos pequeños momentos inesperados capaces de cambiar una vida. La obra logra interpelar al espectador desde lugares profundamente reconocibles, invitándolo a reflexionar sobre los vínculos, las rutinas y aquello que todavía puede irrumpir cuando creemos que ya todo está escrito.

Recomendamos Breve Interludio, una propuesta inteligente, una historia mínima, sostenida por una puesta íntima y exquisitas actuaciones, que nos hablará  del amor, de la infidelidad, de los deseos contenidos y de aquellas emociones que muchas veces permanecen ocultas detrás de la rutina cotidiana, pero que en el momento menos pensado, pueden salir a la luz y desatar la tormenta.


Pensador Teatral.



viernes, 15 de mayo de 2026

Castelli, el Rayo.

Miércoles 21 hs en Hasta Trilce ( Maza 177 )







Dramaturgia de Lia Salas. Dirección de Juan Manuel Correa.

Desde este espacio, celebramos propuestas como Castelli, el Rayo, que indagan en la historia, para hablarnos de figuras que generalmente son relegadas por el relato oficial, nombres que quedaron atrapados en unas pocas líneas escolares, lejos de sus contradicciones y pasiones humanas. Y justamente allí aparece una de las grandes virtudes de “Castelli, el rayo”, la obra escrita por Lía Salas y dirigida por Juan Manuel Correa.




Juan José Castelli es, probablemente uno de los casos más paradigmáticos de figuras olvidadas de la historia. Conocido como el  “Orador de La Revolución ", impulsó ideas profundamente transformadoras para su época y eso sin dudas le costó muy caro, ya que terminó marginado, juzgado y silenciado. Lejos de construir un homenaje solemne o una reconstrucción histórica convencional, la obra elige internarse en la etapa final de Castelli: el desgaste físico y emocional,  la enfermedad y la cercanía de la muerte. La obra se anima a explorar al hombre detrás de la figura pública, mostrando las consecuencias de haber entregado su vida a la causa revolucionaria. 

La obra explora con enorme sensibilidad esa tensión entre la pasión revolucionaria y las heridas  que dejó ese compromiso, Desde allí aparecen también los vínculos que rodean a Castelli: con su esposa, las discusiones con Dean Funes, destacada figura de la época y la presencia de una revolucionaria Juana Azurduy, figuras que permiten ampliar la mirada sobre el personaje y construir un entramado profundamente humano. Todo aparece atravesado por una profunda melancolía, pero también por el fuego de una revolución salpicada por las intrigas y traiciones que abundaban por aquellos años. Y hasta allí vamos a contar. El resto lo descubrirán cuando vean la obra.






Tiempo de hablar del elenco reunido para la ocasión, para una propuesta de gran exigencia emocional y física, que muestra un compromiso y una entrega que merece destacarse. Arranquemos por el gran protagonista de la obra, nos referimos a Juan Manuel Correa, que aquí además de llevar adelante el personaje de Castelli, es el director de la obra. El trabajo de Juan Manuel es soberbio. Ya hemos elogiado en varias oportunidades a Correa, que destaca por su presencia escénica y su enorme gestualidad. Ya lo vimos en un par de obras históricas a Juan Manuel, la última vez en el mismo Hasta Trilce, donde interpretaba a Severino Di Giovanni, un anarquista italiano fusilado en 1931 en nuestro país. En esa ocasión, era un unipersonal, aquí en cambio la obra tiene un elenco numeroso, pero Juan Manuel Correa vuelve a destacar en gran forma, mostrando su pasta para los protagónicos de obras históricas.

Un personaje que nos gustó mucho, es el de Fernando Martín como el bibliotecario, que tiene un rol de presentador, recorriendo la cronología y los hechos históricos de las diferentes escenas. Otra figura masculina destacada es Alejo Mango, a cargo de Dean Funes, el sacerdote cordobés, figura muy influyente de aquellos años. En la trama, tendrá diálogos muy jugosos con Castelli, donde quedarán al descubierto las divisiones políticas existentes y las diferentes corrientes de pensamiento que pugnaban luego de la Revolución.






Yendo al elenco femenino, nos gustó mucho la actuación de Julieta Carpentieri, como María Rosa la esposa de Castelli, que reclamaba su ausencia en la crianza de su hija y quien lo acompañó en aquellos años intensos. Sigamos con Gabriela Pastor, componiendo nada menos que a Juana Azurduy una de las grandes combatientes de las guerras por la Independencia en el Alto Perú, reconocida por su valentía y liderazgo militar. Muy bueno lo de Gabriela, que además se destaca en momentos musicales que tiene la trama. Por último mencionar a Camila Truyol, como Belén, una mulata que servía a Castelli y acerca la presencia afro de aquellos años. Camila destaca, en un personaje que tiene mucho de físico y corporalidad, con danzas muy logradas.

La puesta de Juan Manuel Correa es otro de los grandes aciertos del espectáculo. Hay una construcción visual de enorme belleza y una utilización muy inteligente del espacio escénico. La música en vivo, el diseño lumínico y el diseño sonoro generan muy buenos climas para los diferentes momentos de la obra. Todo está pensado para potenciar el clima emocional que acompaña el relato y es algo que se logra con creces.





Y hasta ahí vamos a contar. Nos sedujo mucho la propuesta de Castelli, El Rayo, que está transitando su segunda temporada en cartel, poniendo el foco en los momentos posteriores a la Revolución y en la figura de Castelli, mencionado apenas de paso por los manuales escolares, pese a haber sido una de las voces más radicales y transformadoras de la Revolución de Mayo. 

Valoramos y recomendamos esta propuesta del teatro independiente, que apuesta por temáticas históricas que tal vez no sean las más taquilleras, pero que permiten a los espectadores acercarse a figuras que el relato oficial eligió dejar en segundo plano. Y lo hace a través de un espectáculo que conmueve por su bella estética, magníficas actuaciones y gran intensidad emocional, dejando en claro cómo el teatro independiente sigue siendo un espacio fundamental para que muchas historias olvidadas puedan volver a cobrar vida sobre un escenario.


Pensador Teatral.