lunes, 28 de septiembre de 2026

Nido de Lagarto.

 Dramaturgia y Dirección: Franco Verdoia.




Lunes 20.30 hs en El Extranjero (Valentín Gómez 3378)

Estamos en presencia de una sensible y jugada propuesta de Franco Verdoia, dramaturgo cordobés,  que se atreve a bucear en un tema poco explorado en el teatro: el amor y el deseo en la tercera edad. Nido de Lagarto es, además, la tercera y última obra de Teatro Animal, la trilogía que Verdoia  que arrancó con Late el Corazón de un Perro y continuó con Matar a un elefante. Tres historias diferentes, pero atravesadas por el mundo animal y por personajes que transitan vínculos conflictivos y secretos guardados bajo siete llaves.





En esta oportunidad, Gloria ( Silvina Sabater ) y el Vasco ( Horacio Acosta ) son dos amantes que se conocen desde jóvenes y llevan cuatro décadas manteniendo una relación clandestina. Cada uno hizo su vida, tuvo su pareja y siguió su camino, pero nunca pudieron dejar atrás las ganas de volver a verse. Por eso, de manera regular, se encuentran a escondidas en un albergue de ruta  regenteado por el Panza, que terminó convirtiéndose en el refugio de ese amor que debe permanecer a resguardo de la mirada de los otros.

Nido de Lagarto habla del amor, del deseo, de los recuerdos y del paso del tiempo. Verdoia se anima a mostrar a estos dos amantes sin ocultar las marcas que dejaron los años. Los cuerpos cambiaron, aparecen algunas dificultades propias de la edad y la memoria también puede jugarles alguna mala pasada, pero el deseo sigue estando. Y esto es quizás uno de los aspectos que más nos marcó de la propuesta: entender que el paso del tiempo no significa dejar de sentir, de desear o de enamorarse.





La historia tiene momentos de humor que aparecen naturalmente, en medio de situaciones que también tienen algo de melancolía. Nos reímos con ellos, pero también entendemos que detrás de algunas palabras, de ciertos silencios y de esas pequeñas discusiones hay muchos años compartidos. Porque Gloria y el Vasco se conocen demasiado, saben cómo lastimarse, pero también saben perfectamente cómo volver a acercarse. Y después de cuarenta años, ese vínculo sigue teniendo una fuerza enorme.

Tiempo de hablar de las magníficas actuaciones de la dupla protagónica, conformada por Silvina Sabater y Horacio Acosta, que simplemente están fenomenales.  Hay mucha química entre los dos y eso se nota desde el comienzo. No necesitamos que nos expliquen demasiado sobre la relación entre Gloria y el Vasco: aparece en las miradas, en los gestos, en la manera en que se hablan, como se miran y hasta en sus silencios.




Nos gustó especialmente cómo construyen personajes que no son solamente dos amantes mayores. Son dos personas con una larga historia de vida, con hijos que criaron y matrimonios que pese a todo, siguen en pie. Silvina y Horacio consiguen que nos olvidemos de que estamos viendo una obra y por momentos sentimos que estamos espiando sus encuentros reales. Resaltar la entrega de ambos y en lo personal, siempre disfrutamos de ver en escena, a actores de gran trayectoria, mostrando su vigencia. Felicitamos a ambos.

La puesta es íntima, algo que nos parece fundamental para esta propuesta. El espacio del albergue nos acerca mucho a los protagonistas y hace que seamos casi testigos de esos encuentros clandestinos. Para destacar el diseño de luces de Matías López Stordeur, que contribuye al clima íntimo que la historia pide, al igual que el diseño escenográfico de Cecilia Zuvialde, con los elementos justos, para darle el marco de calidez, que mejor pega con la propuesta.



Y hasta acá vamos a contar. Porque hay situaciones y momentos de la obra que es mejor descubrir en la sala, acompañando a Gloria y al Vasco en cada encuentro. por lo que no queremos spoilear. Nido de Lagarto es una valiosa y sensible propuesta, que llena la sala desde su estreno y que obtuvo nada menos que 5 Nominaciones a los Premios Ace y luego de ver la obra, nos queda claro el porqué.

Por todo lo mencionado, recomendamos Nido de Lagarto, una sensible historia de amor y pasión que se anima a mostrar que el paso del tiempo puede transformar los cuerpos, pero no necesariamente aquello que permanece vivo en el corazón. Con las magníficas actuaciones de Silvina Sabater y Horacio Acosta y una puesta íntima, es una obra que nos recuerda que hay amores que, pese a todo, siguen vivos, desafiando al tiempo y a las decisiones de la vida.


Pensador Teatral.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Siete Estaciones para Hablar de Amor

Dramaturgia y Dirección de Victoria Hladilo.




Lunes 20 hs en Teatro del Pueblo ( Lavalle 3636 )

Una propuesta donde la pasión, el deseo y la traición se entrelazan a medida que avanza la historia son el punto de partida de Siete Estaciones para Hablar de Amor, la obra escrita y dirigida por Victoria Hladilo e inspirada en el cuento Del Amor, de Antón Chéjov. Ambientada en el interior campestre de la provincia de Buenos Aires, a comienzos del siglo XX, la historia nos presenta a tres personajes cuyos vínculos irán cambiando cuando aparecen sentimientos que ya no resulta tan sencillo ocultar. Desde el comienzo, la obra consigue atraparnos, construyendo un clima de tensión que irá creciendo a medida que la trama avanza.




La historia nos lleva hasta una estancia, donde conocemos a Gregorio ( Carlos Belloso )  y Ana ( Laura ) , un matrimonio de muy buena posición, y a Pablo ( Manuel Vignau ) , que llega para compartir unos días con ellos. Entre los tres se establece rápidamente un vínculo de amistad y confianza, pero algo empieza a cambiar. Una mirada, una conversación, una cercanía que quizás antes pasaba inadvertida. Lo que parecía una relación sencilla entre amigos empieza a complicarse cuando aparecen sentimientos que cada vez se volverán más fuertes.

Y ahí está uno de los mayores atractivos de la obra. La dramaturgia no necesita apurarse para plantear el conflicto. Lo va construyendo de a poco, dejando que los personajes se vayan metiendo casi sin darse cuenta en una situación cada vez más difícil. Los silencios dicen tanto como las palabras y las miradas empiezan a tener otro significado. La amistad, los celos, el deseo y las diferencias sociales se cruzan en una historia donde cada decisión y cada renunciamiento, pueden traer consecuencias.






Además, hay algo que funciona muy bien: nunca sabemos del todo hasta dónde pueden llegar los personajes. La tensión se mantiene y, cuando aparecen momentos de humor, sirven para aflojar un poco ese clima, pero enseguida la historia vuelve a ponerse seria. Es una obra que habla de amor, claro, pero también de esas situaciones en las que sabemos perfectamente qué deberíamos hacer y, sin embargo, terminamos haciendo otra cosa.



Las actuaciones son uno de los puntos más fuertes de la propuesta. Carlos Belloso, como Gregorio, tiene una presencia enorme y construye un personaje intenso, con momentos de humor pero también con una personalidad que se vuelve cada vez más fuerte a medida que avanza la historia. Resulta un verdadero privilegio ver a un actor de los quilates de Carlos, protagonizando en el teatro independiente. Laura Nevole está magnífica como Anna, transmitiendo muy bien sus deseos, sus dudas y todo aquello que muchas veces su personaje no puede decir. Laura es una actriz que nos encanta y aún recordamos su gran trabajo en Trópico del Plata, estupenda obra del off, que vimos hace varios años en Espacio Callejón. Tiene una enorme sensibilidad, que transmite de gran forma a sus personajes. Y Manuel Vignau aporta mucha frescura como Pablo, además de sorprender con sus habilidades con la guitarra. Es el tercero en discordia y se luce mucho en un personaje que genera mucha empatía. Los tres funcionan muy bien juntos y forman un triángulo que resulta fundamental para sostener el clima de la obra.

La puesta nos gustó mucho. La escenografía, con mucho verde, genera desde el primer momento ese ambiente campestre en el que transcurre la historia y tiene una presencia muy importante dentro del escenario. El vestuario acompaña muy bien la época y ayuda a darle identidad a cada personaje, mérito de Gabriella Gerdelics, a cargo del vestuario. Y la música aparece en los momentos justos, especialmente cuando Vignau toma la guitarra, aportando algo diferente y sumando mucho a la propuesta. Son detalles que agregan mucho valor a un puesta que atrapa al espectador.





Y hasta acá vamos a contar, solo nos queda recomendar Siete Estaciones para Hablar de Amor plantea algo que todos conocemos, aunque probablemente ninguno pueda explicar del todo: los sentimientos no siempre responden a la lógica. Podemos intentar controlarlos, podemos pensar qué está bien y qué está mal, pero no siempre alcanza. La obra también habla de la amistad, de las traiciones y de lo difícil que puede ser seguir aquello que nos dicta el corazón cuando sabemos que hacerlo puede lastimar a otras personas.

Nos gustó mucho la propuesta de Victoria Hladilo. Una historia que atrapa, que tiene buenos momentos de humor y otros de mucha tensión, que se potencia con un elenco de lujo para el teatro independiente. La obra invita a disfrutar y también a reflexionar sobre los misterios del amor, que tiene sus propios laberintos y no siempre sabemos hacia dónde nos llevan. A veces creemos conocer el final de una historia, pero nuestras decisiones se encargan de desmentirnos.


Pensador Teatral.


Siete Estaciones para Hablar de Amor | Victoria Hladilo | Carlos Belloso | Laura Nevole | Manuel Vignau | Teatro del Pueblo | crítica teatral



martes, 25 de agosto de 2026

Salvajada

 Dramaturgia de Mauricio Kartun. Dirección de Luis Rivera López.



Martes 20 hs en Teatro Astros ( Av. Corrientes 746 ) 

 Un bello y creativo texto de Mauricio Kartun inspirado en el cuento “Juan Darién”, de Horacio Quiroga, nos presenta la historia de un tigre que, para sobrevivir, adopta forma humana y crece dentro de una sociedad que inicialmente lo recibe con afecto. Pero cuando su verdadera naturaleza sale a la luz, aquello que parecía aceptación se transforma en rechazo y persecución. A partir de esta hermosa fábula, Kartun construye un relato que, detrás de la fantasía, nos habla de una problemática profundamente humana: la dificultad para aceptar a quien es diferente y la crueldad que puede despertar aquello que escapa de lo que consideramos normal.





Juan Darién ( Pablo Mariuzzi ) es un niño diferente que intenta encontrar su lugar entre los demás.. Quiere integrarse, formar parte de una comunidad y vivir como uno más, pero alcanza con que los demás descubran aquello que lo distingue para que todo cambie. La obra muestra cómo el hombre puede pasar rápidamente de la aceptación al rechazo y cómo, frente a lo diferente, muchas veces resulta más sencillo señalar, perseguir y maltratar que intentar comprender. Una historia que adquiere una enorme potencia porque, aunque está contada como una fábula, refleja comportamientos que lamentablemente siguen formando parte de nuestra realidad.

Kartun toma el cuento de Quiroga y lo lleva al escenario construyendo una propuesta que transita por diferentes estados. Salvajada tiene momentos muy divertidos, otros de enorme ternura y también escenas que conmueven profundamente. La risa aparece y nos permite disfrutar de la historia, pero poco a poco el relato revela su costado más oscuro. Esa combinación entre humor y tristeza funciona especialmente bien porque el espectador queda involucrado emocionalmente con Juan Darién y termina sufriendo con él cuando aquello que parecía un mundo de aceptación comienza a convertirse en un espacio de violencia y exclusión.





La puesta de Luis Rivera López es magnífica. Los títeres son asombrosos y tienen una presencia fundamental dentro de la historia, conviviendo permanentemente con los actores y formando parte de la narración. A esto se suma un vestuario realmente destacado y una propuesta visual de enorme belleza, que incorpora diferentes recursos escénicos para construir este particular universo, incluyendo a la música. Todo está al servicio de la fábula y permite que la historia adquiera una belleza visual que sorprende.

Las actuaciones son estupendas y hay que detenerse especialmente en la fenomenal composición de Pablo Mariuzzi como Juan Darién. Su trabajo fue reconocido con el ACE de Oro, además del premio a Actor Protagónico en Comedia Dramática. Mariuzzi a quien elogiamos ya en muchas oportunidades en este blog, es un actor de enorme versatilidad y aquí construye un personaje entrañable, atravesando con enorme sensibilidad las distintas etapas de su historia. Hay inocencia, ternura, dolor y desesperación en su interpretación, Un trabajo de enorme entrega  el de Pablo, para un protónico muy complejo, que justifica plenamente los reconocimientos recibidos.

Valentina Bassi, como la Madre, aporta también una enorme sensibilidad y se convierte en una figura fundamental en la primer parte del relato. Mención especial para Monica Filippa, que oficia como una especia de presentadora de la historia, cumpliendo esa función en gran forma. También hay que resaltar la tarea de Gustavo Masó, como el Inspector y el Domador, con un histrionismo a flor de piel, que no pasad desapercibido. No seamos injustos con el resto del elenco, que acompaña en gran forma, una propuesta que exige múltiples recursos, ya que los intérpretes deben transitar diferentes personajes y, al mismo tiempo, interactuar con los títeres que son parte esencial de la puesta.





Salvajada emociona y conmueve porque detrás de la belleza de la fábula aparece una mirada muy dura sobre la condición humana. La historia de Juan Darien nos habla de la intolerancia, del rechazo a quien es diferente y de cómo una comunidad puede unirse para señalar y perseguir a quien no encaja. Una obra que nos hace reír y disfrutar de sus títeres y de su puesta, pero que también nos obliga a mirarnos y preguntarnos qué hacemos frente a aquello que consideramos distinto.

Por todo lo comentado, solo nos queda recomendar esta entrañable propuesta. Salvajada es una obra hermosa y potente, con una historia que conserva la esencia del cuento de Quiroga y una puesta de enorme riqueza visual. Una fábula que entretiene, emociona y nos deja pensando. El largo y merecido aplauso del público al finalizar la función fue el mejor cierre para una noche a puro teatro.


Pensador Teatral.





sábado, 22 de agosto de 2026

Por Amor a Mara.

Dramaturgia de Diego Carreño. Dirección de Carlos Belloso.





Sábados 20 hs en La Carpintería ( Jean Jaures 858 )

Una propuesta muy divertida, que nos habla de una pareja en crisis, es la carta de presentación de Por Amor a Mara, la nueva obra escrita por Diego Carreño y dirigida por Carlos Belloso. Una pareja que lleva muchos años juntos, una terapia poco convencional y una serie de situaciones disparatadas son los ingredientes de esta comedia que combina el absurdo con los vínculos heridos, apoyándose en un constante e inteligente juego con las palabras y el vocabulario.




Mara ( Cecilia Roche ) y Darío ( Diego Carreño ) atraviesan una crisis de apariencia terminal y recurren a una particular terapia para intentar encontrar una salida. Pero lejos de ordenar las cosas, el encuentro con Constelación ( Sol Canesa ) y Astro ( Miguel Vigna ) irá llevando la situación hacia lugares cada vez más insólitos. En ese recorrido aparece uno de los aspectos más interesantes de la propuesta: cómo los recuerdos pueden transformarse con el paso del tiempo y terminar acomodándose a aquello que pensamos, sentimos o necesitamos creer, alejándose de la realidad.

El texto de Carreño tiene en el juego con el vocabulario uno de sus puntos fuertes. Las palabras adquieren diferentes sentidos, aparecen equívocos y las conversaciones se convierten en verdaderos duelos verbales. Hay inteligencia en la manera de construir esos intercambios, pero también mucha diversión. La obra no necesita recurrir permanentemente a un humor convencional: muchas veces alcanza con una palabra, una mueca de alguno de los actores o una respuesta inesperada para provocar la risa.

La puesta de Carlos Belloso acompaña ese espíritu y apuesta decididamente por el absurdo. Todo está llevado un poco más allá de lo razonable, desde las discusiones de la pareja hasta las intervenciones de los profesionales de la terapia. El histrionismo de los personajes y la exageración de determinadas situaciones generan un ritmo muy entretenido y hacen que la función transcurra con mucha agilidad.




Tiempo de hablar de las actuaciones del cuarteto protagónico, Diego Carreño la rompe como Darío. Ya lo habíamos visto y elogiado en La Lengua es un Músculo, pero el Lenguaje es un Virus, un gran éxito del off, con varios años en cartel. Allí mostraba su veta humorística en un unipersonal. Aquí siendo parte de un elenco más grande, muestra una enorme capacidad para manejar los tiempos de la comedia y construye un personaje entrañable. Sus gestos, sus reacciones y la forma en que defiende su propia versión de los acontecimientos generan varios de los momentos más divertidos de la obra. Gran trabajo de Diego. 

Cecilia Roche, como Mara, está muy bien como contrapunto de Darío. Su personaje tiene su propia memoria de la relación y una propia versión de lo sucedido. Roche navega entre la sensibilidad y el absurdo, con momentos en los que aparece algo más reconocible detrás de la mujer que intenta entender qué pasó con su pareja, luchando por conservar el vínculo.





Sol Canesa como Constelación y Miguel Ángel Vigna como Astro completan el elenco con dos personajes que aportan una cuota adicional de absurdo. Los profesionales encargados de esta particular terapia son parte fundamental de la dinámica de la obra y ambos actores aprovechan muy bien las posibilidades que les brinda el texto para .construir personajes exagerados y desopilantes. Los espectadores deberán estar muy atentos porque, cerca del final, sus personajes tendrán una vuelta de rosca muy interesante y hasta allí contamos.

 Por Amor a Mara, hace reír mucho. Pero también tiene un pequeño efecto incómodo, porque detrás de las situaciones disparatadas podemos reconocer algunas cosas bastante reales. Las discusiones de pareja, los reproches, las diferentes maneras de recordar una misma situación y esa tendencia a acomodar el pasado según nuestra propia mirada forman parte de un universo que resulta inquietantemente cercano.





Y ahí está uno de los aciertos de la obra: utilizar el absurdo y la exageración para hablar de algo tan cotidiano como una pareja que intenta sostenerse después de muchos años. Nos reímos de Mara y Darío, de sus discusiones y de esa terapia tan particular, pero también podemos terminar preguntándonos cuánto de esas situaciones disparatadas existe, en menor medida, en nuestras propias relaciones.

Por todo lo comentado, solo nos queda recomendar esta propuesta. Una comedia ágil, inteligente y muy entretenida, donde el lenguaje, el absurdo y las actuaciones se combinan para regalarnos una noche de mucho humor. Y en tiempos de tanta crispación, encontrar en el teatro un espacio para olvidarnos por un rato de los problemas, relajarnos y reírnos con ganas, es una terapia que recomendamos.


Pensador Teatral.





viernes, 14 de agosto de 2026

Telefonistas

Dramaturgia y Dirección de Martín Ortíz. 




Viernes 20 30 hs en Centro Cultural de la Cooperación ( Av. Corrientes 1543 )

Hay hechos de nuestra historia que, pese a su enorme gravedad, con el paso del tiempo parecen quedar relegados a un segundo plano. Telefonistas, de Martín Ortiz, recupera uno de ellos y lo hace desde un lugar sumamente original: la cotidianeidad de tres mujeres que trabajan en la Casa Rosada el 16 de junio de 1955, mientras afuera se prepara uno de los episodios más trágicos de nuestra historia reciente.





Aquel día, aviones de la Marina y la Fuerza Aérea bombardearon Plaza de Mayo en un intento de derrocar al gobierno de Juan Domingo Perón, dejando al menos 300 muertos civiles. Sin embargo, la obra no se propone reconstruir el hecho histórico desde una mirada documental, sino utilizarlo como punto de partida para una ficción que nos permite acercarnos a ese momento a través de personas comunes, que cumplen con su rutina laboral sin imaginar que la violencia está a punto de irrumpir en sus vidas.

Y allí aparece uno de los grandes aciertos de Martín Ortiz, quien no es la primera vez que genera ficciones históricas muy valiosas. En este caso, mientras la tragedia se aproxima en silencio, la vida cotidiana continúa. Rosa ( Carla Haffar ) , Margarita ( Celeste Gerez ) y Mabel ( Luciana Procaccini )  , las telefonistas de la Casa Rosada, conversan, se cuentan sus cosas, discuten, intercambian chismes, hablan de sus relaciones y un poco de política, bajo la atenta miraada del Coronel Navarro (Cristian Sabaz), su superior, que visita asiduamente su lugar de trabajo.





La dramaturgia expone hábilmente las diferencias ideológicas entre ellas, sus distintas maneras de mirar la realidad y cómo se manejan frente a los rumores e intrigas que circulan por los pasillos de la Casa Rosada. El trabajo de las telefonistas, además, nos introduce en un universo que hoy resulta casi prehistórico: recibir llamadas, conectar comunicaciones y derivarlas manualmente, en una época en la que un teléfono celular y un mensaje de WhatsApp eran algo inimaginable.

De esta manera, Telefonistas consigue que la historia grande se filtre dentro de la vida pequeña. Porque mientras las protagonistas siguen con sus tareas habituales, el contexto político va ganando espacio y aquello que parecía lejano comienza a sentirse cada vez más cerca. La obra nos recuerda que muchas veces la rutina puede cambiar en cuestión de segundos y que la violencia, cuando aparece, no siempre avisa.

La dramaturgia encuentra un interesante equilibrio entre la comedia y la tragedia. Hay momentos de humor, situaciones que generan risas y diálogos ágiles, pero a medida que la trama avanza se va instalando una tensión creciente. Sabemos que algo terrible se aproxima y esa certeza modifica nuestra manera de mirar cada conversación, cada gesto y cada llamado. Además, la trama también deja espacio para el realismo mágico, un elemento que encuentra una curiosa resonancia en la historia política argentina.




También resulta interesante la construcción de los personajes. Las tres telefonistas representan distintas maneras de posicionarse frente a la realidad política, pero Ortiz evita convertirlas en simples portadoras de discursos. Antes que nada son mujeres con sus propias historias, sus vínculos, sus celos, sus diferencias y sus preocupaciones. Esa decisión permite que el espectador pueda reconocer en ellas algo cotidiano y cercano, incluso cuando el contexto histórico que las rodea es extraordinario.

Tiempo de hablar de las actuaciones, porque el elenco reunido es uno de los grandes puntos fuertes de la propuesta. Carla Haffar como Rosa logra construir un personaje con una personalidad muy fuerte, contestaria y con un pensamiento conservador. Gran presencia escénica la de Carla, nos encantó su composición. Celeste Gerez compone a Margarita, una mujer de fuertes convicciones, directa y con un pensamiento opuesto al de Rosa. Nos gustó mucho la actuación de Celeste, destacando mucho su gestualidad. Luciana Procaccini completa el trío de mujeres como Mabel, aportando una personalidad más conciliadora, buscando mantenerse al margen de los conflictos que aparecen a su alrededor y siendo una especie de árbitro que debe intervenir permanentemente para evitar que sus compañeras terminen enfrentándose.. A Luciana la elogiamos muchas veces en este blog y aquí vuelve a mostrar sus recursos y versatilidad, redondeando una estupenda actuación.





Las tres actrices muestran una muy buena química y consiguen que las relaciones entre sus personajes resulten naturales. Hay mucho trabajo en las pequeñas reacciones, en las miradas y en esos intercambios cotidianos que permiten que las protagonistas se sientan como verdaderas compañeras de trabajo. El elenco se completa con Cristian Sabaz como el Coronel Navarro, un personaje que introduce otra dimensión en la historia y que, desde su posición de poder, altera el equilibrio existente entre las mujeres. Su presencia va adquiriendo cada vez mayor importancia a medida que el contexto político se vuelve más amenazante. La rompe Cristian con este personaje que, desde su uniforme y su actitud, transmite algo siniestro y se muestra como un verdadero experto en el arte de la manipulación.

La reconstrucción de época es otro de los grandes atractivos de Telefonistas. El vestuario de Jorgelina Herrero Pons contribuye de manera decisiva a trasladarnos a 1955, mientras que la escenografía recrea con precisión ese espacio de trabajo donde transcurre prácticamente toda la acción. La iluminación de Eduardo Safigueroa y la música original de Rony Keselman completan una puesta muy cuidada, que acompaña los diferentes climas que atraviesa la obra.





Hay además un detalle que nos parece especialmente valioso: la recreación de la manera en que funcionaba el servicio telefónico en aquellos años. Ver a las protagonistas recibir los llamados, identificar a quién buscan y derivar las comunicaciones nos conecta con una forma de comunicarnos que hoy prácticamente desapareció. Y justamente ese elemento cotidiano termina funcionando como una herramienta teatral muy efectiva para introducirnos en aquel mundo.

La dirección de Martín Ortiz consigue mantener un buen ritmo y administrar con inteligencia el pasaje de la comedia hacia el drama. La obra comienza en un clima cotidiano, incluso divertido, pero lentamente va dejando entrar la tensión política hasta desembocar en un momento donde todo aquello que parecía lejano se vuelve inevitable. El espectador percibe que se acerca la tragedia y esa espera genera una tensión que crece escena tras escena.





Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar esta atrapante ficción histórica de Martín Ortiz. Una dramaturgia inteligente, una puesta atrapante, estupendas actuaciones y una cuidada reconstrucción de época se combinan para recuperar un episodio doloroso de nuestra historia y, fundamentalmente para recordarnos la importancia de mantener viva la memoria.

Telefonistas nos propone mirar hacia atrás, pero también nos invita a observar nuestro presente. Porque las intrigas, las diferencias políticas, los rumores y, sobre todo, esa violencia que puede permanecer agazapada detrás de la vida cotidiana, siguen siendo temas que lamentablemente conservan una enorme vigencia. Una obra que además de conservar la memoria, nos recuerda que aunque no lo imaginemos, en apenas unos minutos, el destino de nuestras vidas, puede cambiar para siempre.


Pensador Teatral.

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN

domingo, 9 de agosto de 2026

El Enfermo Imaginario

 Adaptación y Dirección General de Alberto Madín.



Domingo 18 30 hs en Muy Teatro ( Humahuaca 4310 )

Hay clásicos que, con el paso del tiempo, lejos de perder vigencia encuentran nuevas razones para ser revisitados. Ese es el caso de El enfermo imaginario, una de las grandes obras de Molière, que tres siglos  después de su estreno .conserva intacta su capacidad para hacernos reír y, al mismo tiempo, nos invita a reflexionar sobre algunas cuestiones que siguen formando parte de nuestra realidad.






La obra nos presenta a Argán ( Daniel Di Rubba ) , un hombre obsesionado con su salud, que vive convencido de padecer todo tipo de enfermedades y se convierte en una presa ideal para médicos inescrupulosos que encuentran en sus temores una oportunidad para hacer negocio. A través de situaciones desopilantes y una mirada cargada de ironía, Molière cuestiona a una medicina que muchas veces se presenta desde un lugar de superioridad, aprovechándose de pacientes vulnerables e influenciables. La exageración propia de la comedia potencia el efecto humorístico, pero detrás de ella aparece una realidad que continúa teniendo vigencia en nuestros días.

Uno de los grandes méritos de esta versión es la adaptación y dirección general de Alberto Madín, quien consigue trasladar el espíritu del clásico a escena respetando su esencia y potenciando sus posibilidades cómicas. El ritmo, la dinámica de las entradas y salidas y el trabajo con un elenco numeroso hacen que la función mantenga una dinámica constante, logrando que las distintas situaciones se sucedan con fluidez.

Y si hablamos del elenco, resulta imposible no comenzar por Daniel Di Rubba, protagonista absoluto de la historia en el rol de Argán. Su composición es uno de los grandes motores de la propuesta, construyendo un personaje desopilante, obsesivo y algo ingenuo, capaz de generar permanentemente la complicidad del público. Este año ya habíamos destacado especialmente a Daniel en Final de Partida, también bajo la dirección de Madin, obra que vimos en El Tinglado. Acá Di Rubba vuelve a mostrar todos sus recursos actorales, con una actuación formidable, llevando con maestría las riendas de la historia.





Queremos destacar también otros trabajos de gran nivel, como la de Raquel Ponte, la criada de Argan, que será un personaje clave de la obra. Rubén Noceda es el hermano de Argán, posiblemente la persona más razonable de la casa y quien más luchará por abrir los ojos de su hipocondríaco hermano. Se lucen mucho también, Lorena Navaridas, como Beline, la segunda esposa de Argan, que muestra un falso interés por la salud de Argan y Mica Ventoso, como Angelique, la hija del protagonista, que siente verdadero amor por su padre, Ambas mujeres funcionan como dos caras opuestas del vínculo familiar: mientras una se acerca a Argán desde el interés, la otra lo hace desde el afecto genuino

Pero no seamos injustos con el resto del elenco. El Grupo Génesis reúne a once intérpretes en escena, todo un despliegue que merece ser destacado especialmente dentro del teatro independiente. Cada integrante aporta su energía y su granito de arena a una puesta que necesita de una permanente coordinación para sostener el ritmo y la dinámica de la obra. 





La puesta en escena es uno de los puntos más fuertes de la obra. El vestuario de época resulta sencillamente espectacular, con un nivel de detalle que incluye unas magníficas pelucas y consigue recrear el universo social en el que transcurre la historia. A esto se suma una iluminación que acompaña los diferentes momentos de la obra y una música que ocupa un lugar importante dentro de la propuesta, colaborando en la construcción de la atmósfera y potenciando las situaciones humorísticas. El resultado sorprende gratamente y constituye un verdadero lujo para el teatro independiente.

Todo este despliegue demuestra que el teatro independiente puede asumir grandes desafíos y llevarlos adelante con enorme dignidad. Once actores en escena, un cuidado vestuario de época, música, iluminación y una puesta dinámica conforman un espectáculo de importantes dimensiones que realza y potencia el texto de Molière





Y hasta acá vamos a contar. El enfermo imaginario vuelve a demostrar que los grandes clásicos nunca pierden vigencia cuando encuentran artistas capaces de revisitarlos con creatividad y pasión. La obra nos hace reír a partir de los excesos de Argán y de las situaciones absurdas que lo rodean, pero también nos deja pensando en nuestros propios miedos y en la facilidad con la que, cuando somos vulnerables, podemos quedar expuestos frente a quienes saben aprovecharse de ellos.

Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar esta divertida y atractiva versión de El enfermo imaginario, una propuesta que combina la genialidad de Molière con un enorme trabajo de adaptación, dirección, actuaciones y puesta en escena. Un espectáculo que reivindica el valor de los clásicos y, al mismo tiempo, demuestra que el teatro independiente siempre puede vestirse de gala y asumir grandes desafíos.


Pensador Teatral.

viernes, 31 de julio de 2026

Osamenta y Patria

Dramaturgia y Dirección de Andrés Binetti.




Viernes 20 hs en Teatro del Pueblo ( Lavalle 3636 )

Una travesía gauchesca por las pampas argentinas, es la propuesta de Osamenta y Patria, que invita al espectador a ser parte de un viaje en carreta que atraviesa las inmensas pampas argentinas a fines del siglo XIX, acompañando a un grupo de personajes entrañables, en una singular expedición, donde el humor, la aventura y la reflexión histórica se entrelazan con notable naturalidad.





Con una dramaturgia original e inteligente, Andrés Binetti construye una ficción histórica que, si bien apela a la imaginación, se sostiene sobre numerosos elementos de nuestra historia. Enmarcada en la época de la Zanja de Alsina, la obra toma un período clave de la conformación del territorio nacional para desarrollar una historia profundamente gauchesca, poblada de personajes singulares, situaciones inesperadas y un permanente diálogo entre el pasado y la idea de patria.

Uno de los mayores aciertos de Osamenta reside en la calidad de su escritura. Binetti combina con gran habilidad el humor, la sátira y la emoción, logrando que la obra resulte tan entretenida como estimulante desde lo intelectual. A través de un relato lleno de imaginación, introduce reflexiones sobre la construcción de la identidad argentina, los sueños de grandeza que acompañaron el nacimiento del país y ese futuro promisorio que muchos imaginaron, pero que la propia historia lamentablemente terminó desmintiendo.




La puesta en escena acompaña con enorme creatividad ese universo gauchesco. Con un marcado espíritu artesanal, cada recurso escénico está puesto al servicio del relato, generando imágenes de gran belleza que potencian la experiencia teatral. Hay que mencionar el excelente vestuario que agrega mucho valor a los personajes. Sin necesidad de grandes artificios, la propuesta consigue crear un mundo visualmente atractivo, donde los propios actores arman y desarman la escenografía para las diferentes escenas, jugando de manera cómplice con los espectadores.

Tiempo de hablar de las magníficas actuaciones que presenta la obra, ya que se presenta un elenco numeroso y comprometido, que sostiene la historia con actuaciones de gran nivel y  personajes muy ricos. Cada espectador elegirá su personaje favorito, a nosotros nos gustó mucho, la composición de Cecilia De Paoli, como Catalina, la prestigiosa paleontóloga, que se adentrará en aquellas tierras, en busca de la osamenta de un pterodáctilo bovino, un hallazgo que revolucionaría la ciencia. Su composición destaca más especialmente, ya que ella es bicho de ciudad, sapo de otro pozo y se animará a ingresar a un mundo campestre, que le resultó bien ajeno. La rompe Cecilia.






Pero no seamos injustos con el resto, Juan Anun y Malala González, conforman la dupla de baqueanos que conduce la carreta y lleva a la científica al Fortín. Son muy divertidos sus diálogos, que combinan los dichos campestres, con los celos por la yegua que guían y otras cuentas pendientes de la pareja. Están geniales ambos. En el camino se cruzarán con dos maestras perdidas en el camino, a cargo de Alejandra Oteiza y Virginia Flaminni, que nos recuerdan a aquellas maestras rurales, que evocan una época en la que la educación era concebida como una herramienta fundamental para construir la Nación. Muy divertidas ambas.

Párrafo especial, para Nacho Bozzolo que dará vida a un singular cacique, que lleva consigo un balde con un bagre que habla. Si, así como lo lee. Desopilante su personaje. Nacho además tendrá a cargo la banda de sonido de la obra, algo que eleva aún mas su trabajo. El elenco lo cierran los militares a cargo del Fortín, nos referimos al Capitán Gutiérrez ( Edgardo Marchiori ), que pasa la mayor parte de las jornadas cavando una gran zanja y del Cabo Lezama ( Sergio Lobo ). Una dupla desopilante que comparte muchas horas en la soledad de las Pampas. Están muy bien ambos y en especial destacamos el personaje de Lezama, tal vez el más divertido de la historia, con una chispa humorística que, permítanos la licencia, por momentos nos recordó al gran Jorge Corona.






Y hasta allí vamos a contar, solo nos queda recomendar esta estupenda propuesta, que confirma una vez más, la capacidad de Andrés Binetti para abordar episodios de nuestra historia desde una mirada original, profundamente teatral y con una gran cuota de humor. creando un universo poético, donde el absurdo y lo fantástico se integran de manera notable, con la ficción histórica que el relato nos propone.

No se pierdan esta original y divertida propuesta, sostenida por una excelente dramaturgia, una cuidada puesta en escena y un elenco de estupendas actuaciones. Osamenta y Patria nos invita a emprender un viaje tan entretenido como reflexivo, donde el humor, la fantasía y la historia se entrelazan para volver a pensar la construcción de nuestra identidad nacional. Una travesía teatral que nos recuerda que, a veces, la mejor manera de comprender quiénes somos es volver a recorrer los caminos de nuestro pasado. 


Pensador Teatral.