Dramaturgia y Dirección de Leandro Airaldo.
Domingos 20 hs en Teatro del Pueblo ( Lavalle 3636 )
Disfrutamos de una magnífica noche de teatro independiente de la mano del joven y talentoso Leandro Airaldo. El autor de Enamorarse es Hablar Corto y Enredado, exitosa obra del off, vuelve a explorar los vínculos humanos y las diferencias entre la vida en la ciudad y en el campo. Esta vez, a través de una dramaturgia muy bien elaborada y de varias capas de lectura, nos presenta una historia ambientada en el ámbito rural, donde el reencuentro entre una madre que llega desde la ciudad y un hijo que eligió vivir en el campo pone en tensión dos maneras de entender la vida, los afectos y las decisiones personales.
La historia transcurre en una casa de campo de la provincia de Santa Fe, donde Julián (Nicolás Asprella) vive junto a su novia, Carolina (Alejandra D’Agostino). Después de seis años sin visitarlo, Silvana (Mónica Driollet), su madre, una reconocida y multipremiada actriz que desarrolla su carrera en los escenarios de la ciudad, llegará con una noticia que alterará el mundo familia, llegará con una noticia que alterará el mundo familiar. El reencuentro pondrá sobre la mesa conflictos, reproches y heridas que permanecían abiertas.
A partir de este encuentro, Airaldo construye un relato que va mucho más allá de los conflictos familiares. La relación entre madre e hijo está atravesada por la dificultad de comprender al otro: Silvana se muestra por momentos egoísta y cruel, cuestiona permanentemente las elecciones de Julián y adopta una posición de superioridad que la mayoría de las veces termina por humillarlo. Él, en cambio, parece estar siempre a la defensiva, refugiado en una vida que eligió lejos de la ciudad porque allí no encontraba su lugar. La obra también pone en tensión dos maneras de vivir, con sus diferentes ritmos y prioridades, y aborda cuestiones sociales vinculadas con las crisis que atravesó nuestro país, entre ellas el cierre de los ferrocarriles y sus consecuencias para los pueblos del interior y sus habitantes.
Las actuaciones de los tres protagonistas son excelentes, pero sin dudas es Mónica Driollet quien se lleva los mayores elogios, con una composición fenomenal de una madre egoísta que no tiene reparos en decir todo lo que piensa, sin reparar en las heridas que causa con su lengua filosa. A Mónica ya la habíamos elogiado por su trabajo en Las Encadenadas, otra muy buena obra del off. En esta ocasión, con gran presencia escénica y una enorme actuación, construye un personaje complejo e incómodo para los espectadores. En mi humilde opinión, esta magnífica actuación de Mónica Driollet tiene todos los méritos para ganar algún premio de la crítica especializada y, si algún lector piensa que exagero, les aseguro que cuando vean la obra van a coincidir con mi punto de vista.
Pero no seamos injustos con Nicolás Asprella y Alejandra D’Agostino, ya que ambos se destacan en sus respectivos personajes y son fundamentales para el buen desarrollo de la trama. Nicolás compone con mucha sensibilidad a un joven reservado y vulnerable, que debe convivir con su tartamudez y soportar las burlas y los constantes cuestionamientos de su madre, que no acepta que en el campo y en la naturaleza encontró el refugio que no hallaba en la ciudad. Nicolás es un actor que nos gusta mucho y al que recordamos haberlo elogiado ya en este blog, por sus trabajos en Ángel y Geografías, donde también se destacaba por la sensibilidad de sus personajes, algo que vuelve a demostrar en esta oportunidad.
Por último, cabe mencionar a Alejandra, que construye a Carolina como un personaje enigmático, con un don muy particular que no vamos a revelar, vinculado a un hecho de su infancia. Trabaja en la heladería familiar, pero además es actriz. Con una interpretación que transmite una cuota de misterio, logra generar una gran empatía y se transforma cuando es invitada nada menos que por la madre de su novio para ensayar fragmentos de La gaviota, de Chéjov. Muy buen trabajo de Alejandra.
La puesta es realmente atractiva y seduce al espectador desde el arranque. Se destaca especialmente el diseño escenográfico de Miguel Nigro, que recrea una casa de campo muy lograda, un espacio que no funciona solamente como escenario, sino que adquiere un peso propio dentro del relato. El vestuario de Gabriela Gerdelics es otro ítem para destacar, ya que contribuye a la caracterización de los personajes. La ambientación ayuda a construir ese universo rural y su vínculo con la naturaleza.
Hasta aquí vamos a contar. Hablar Largo se destaca por una dramaturgia excelente, muy bien elaborada y con distintas capas que enriquecen la historia y abren la puerta a múltiples lecturas. Los vínculos familiares heridos, las marcas que deja el pasado y la dificultad para hablar de ciertas cosas conviven con las diferencias entre la vida en la ciudad y en el campo, y con lo difícil que muchas veces resulta ponerse en el lugar del otro y aceptar sus decisiones. Una obra que seguramente interpelará al espectador desde alguna de estas temática.
Nos gustó mucho la obra y sin dudas la queremos recomendar, ya que se encontrarán con una propuesta que nos recuerda lo difícil que puede resultar escuchar y comprender a quienes tenemos cerca, especialmente cuando las diferencias y los reproches se imponen sobre el afecto. En definitiva, una gran noche de teatro, gracias a una excelente ficción de Leandro Airaldo, una puesta atrapante y actuaciones que se destacan, elementos que se conjugan para dar vida a una obra que merece ser vista y disfrutada.
Pensador Teatral.
Hablar Largo . Reseña teatral de la obra escrita y dirigida por Leandro Airaldo, con la actuación de Nicolás Asprella, Alejandra D'Agostino y Mónica Driollet en Teatro del Pueblo.













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