Dramaturgia de Manuela Amosa. Dirección de Verónica Mc Loughlin.
Viernes 20 30 hs en Moscú Teatro ( Ramírez de Velasco 535 )
Una original propuesta llega de la mano de Restorán. Partiendo de una situación tan cotidiana como reconocible, la dramaturgia de Manuela Amosa nos invita a ingresar al depósito de un establecimiento gastronómico para mostrarnos aquello que los comensales nunca ven. Sin embargo, ese espacio oculto es apenas el punto de partida de una historia profundamente humana que trasciende el ámbito laboral para hablar de los vínculos, la amistad y de esa necesidad tan propia de las personas de encontrar en el otro un lugar de contención.
El gran mérito de la obra es que convierte ese pequeño universo en un espejo donde resulta muy fácil reconocerse. Porque más allá de que la acción transcurra en un restaurante, Restorán habla de esos lugares de trabajo donde pasamos gran parte de nuestras vidas, compartiendo alegrías, frustraciones, complicidades y preocupaciones con personas que, muchas veces, terminan ocupando un lugar fundamental en nuestra vida. La obra también refleja con enorme sensibilidad cómo los problemas personales inevitablemente atraviesan la jornada laboral y cómo, en muchas ocasiones, los propios compañeros terminan convirtiéndose en confidentes, psicólogos improvisados y una verdadera red de contención.
La dramaturgia de Amosa evita los golpes de efecto y apuesta por la autenticidad de los personajes. Desde situaciones aparentemente simples va construyendo un relato lleno de humanidad, donde cada conversación, cada silencio y cada gesto ayudan a profundizar el universo emocional de sus protagonistas. Esa cercanía hace que el espectador no solo observe la historia, sino que la sienta propia, recordando inevitablemente experiencias vividas en sus propios ámbitos de trabajo.
El motor central de la propuesta son sus actuaciones. El elenco reunido funciona como un verdadero equipo, algo indispensable para una obra donde los vínculos son el eje central del relato. Arranquemos por José Escobar, como Claudio, el cocinero que deberá esforzarse de manera especial, ya que el restaurante próximamente presentará sus nuevos platos. Nos gustó mucho el trabajo de José, un actor muy versátil, al que elogiamos muchas veces ya en este sitio, porque aporta mucha autenticidad a sus personajes. Y si hablamos de autenticidad, es realmente muy lograda la composición de Matías Corradino como el Pepo, uno de los mozos del establecimiento.
Manuela Amosa, la autora de la obra, se destaca mucho como Rosa, que también atiende las mesas y deberá esforzarse mucho para dejar de lado los problemas personales que la atraviesan. Por último, mencionar a Romero Priorello, como Martín, el más joven y el más nuevo en el restaurant, que llega como ayudante de cocina, recomendado por un amigo del dueño, lo que hará que le cueste el doble ganarse la confianza de sus compañeros. Cada intérprete aporta naturalidad y una enorme humanidad a su personaje, logrando que las relaciones se perciban auténticas y que el espectador empatice rápidamente con ellos, ya que además nos abren las puertas a guiños del universos gastronómico, que habitualmente permanecen ocultos para el público.
La dirección de Verónica Mc Loughlin acompaña de manera inteligente la propuesta dramatúrgica, privilegiando siempre el trabajo actoral y la construcción de los vínculos. A ello se suma una atractiva puesta en escena y una escenografía que recrea con gran realismo el depósito del restaurante, transformando ese espacio de descanso en un verdadero refugio donde los personajes pueden bajar la guardia y mostrarse tal como son. Párrafo especial acá, para José Escobar, a cargo del diseño escenográfico y del vestuario, dos rubros que agregan mucho valor a la historia. Todo contribuye a generar una atmósfera de gran intimidad que potencia la cercanía con el público.
Y hasta acá vamos a contar. Restorán, es una obra entrañable que demuestra que las historias más profundas muchas veces nacen de los pequeños momentos de la vida cotidiana. Una propuesta que invita a reflexionar sobre el valor de los vínculos humanos, sobre esas personas que el trabajo pone en nuestro camino y que además de compartir largas jornadas laborales, en muchos casos terminan acompañándonos en algunos de los momentos más importantes de nuestras vidas.
Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar esta original y atractiva propuesta. Una dramaturgia sensible, estupendas actuaciones y una puesta cercana y de gran calidez se combinan para dar vida a una obra profundamente humana. Seguramente, después de ver la obra, la próxima vez que entremos a un restaurante miremos con otros ojos a quienes, cada día, nos atienden con una sonrisa..
Pensador Teatral




























