Dramaturgia y Dirección de Franco Cassano.
Miércoles 20 hs en Teatro Azul ( Av. Corrientes 5965 )
Quienes siguen nuestro blog, saben que disfrutamos especialmente de ir al teatro sin tener referencias previas sobre la obra que veremos y El Filo de las Hojas de Afeitar, fue una de esas gratas sorpresas que justifican esa elección, ya que nos retiramos del Teatro Azul, reconfortados por la riqueza de nuestro teatro independiente. Como carta de presentación, podemos decir que estamos en presencia de un atrapante thriller psicológico, políticamente incorrecto, que construye un permanente clima de misterio, manteniendo enganchado al espectador, que se sorprenderá conforme avanza la trama.
Desde sus primeros minutos, la obra crea una atmósfera inquietante que despierta interrogantes y mantiene una permanente sensación de incertidumbre. Poco a poco, la historia va revelando personajes complejos, emocionalmente quebrados, que intentan sobrevivir como pueden al peso de sus propias historias y a la incapacidad de establecer relaciones sanas. La familia aparece aquí como un espacio de contención, pero también como un escenario donde afloran las heridas más profundas, los silencios y los conflictos que nunca terminan de cicatrizar.
La dramaturgia de Franco Cassano no busca ser complaciente, ni presentar personajes completamente buenos o malos. Por el contrario busca incomodar y construye seres profundamente humanos, llenos de contradicciones, capaces de despertar empatía y rechazo casi al mismo tiempo. Esa complejidad es uno de los mayores aciertos de la obra y permite que el espectador permanezca involucrado emocionalmente durante toda la función.
La dirección resulta sumamente acertada. Con gran precisión logra que la tensión nunca decaiga, sosteniendo un permanente halo de misterio que alimenta la intriga escena tras escena. El ritmo está cuidadosamente administrado y cada revelación aparece en el momento justo, permitiendo que la historia avance con naturalidad hacia un desenlace de enorme intensidad.
Tiempo de hablar de las estupendas actuaciones del elenco, uno de los pilares fundamentales de la obra. Los intérpretes construyen personajes de una enorme complejidad emocional, algunos de ellos rotos y alejados de cualquier estereotipo, transitando con absoluta credibilidad un universo marcado por la angustia, la soledad y los conflictos familiares.
Arranquemos con María Inés Marzot, como Marta, una madre manipuladora y bastante despiadada, que no tendrá complejos en mostrar su cara más cruel y las diferencias de trato con sus hijos. La rompe María Inés, con un personaje muy fuerte. Y en el mismo nivel de crueldad podríamos colocar a Gabriel Cillis, como Manuel, el hijo que vive con Marta, con una gran carga de violencia y que esconde un oscuro secreto. Muy bueno lo de Gabriel, conformando junto a María Inés una dupla temible, que le hará las cosas muy difíciles a Arturo.
Arturo es Franco Cassano, el abogado dueño de casa, que atravesando una crisis de pareja no tendrá mejor idea que dar cobijo a un primo desamparado, debiendo soportar los embates de la familia. Franco, además de ser el autor y director de la obra, es el protagonista de la historia y se luce en gran forma en escena, con un personaje que muestra su vulnerabilidad y genera empatía con el público. Otra magnífica composición es la de Nicolás Bruzzese como Lorenzo, el primo desamparado del que les hablamos, un chico que estudió periodismo en la escuela de Fernando Niembro y tiene al fútbol como único interés. Y por último mencionar a Melina Avramides, que se luce por partida doble, como Estela, la esposa de Arturo, y como Natasha, una encantadora y enigmática escort rusa, que ingresará con mucha fuerza a la trama.
La propuesta se apoya en una puesta con muchos puntos altos. La escenografía crea un ámbito tan realista como opresivo, mientras que el diseño lumínico, dominado por penumbras, contribuye decisivamente a potenciar el clima inquietante que atraviesa toda la obra. A ello se suma la presencia de Walter Díaz, músico en vivo, que desde la parte superior del escenario y con su violín se convierte en la banda sonora de la obra, aportando belleza estética e incrementando la tensión dramática de la trama.
Uno de los mayores méritos de El Filo de las Hojas de Afeitar, es su capacidad para incomodar al espectador. Es una obra perturbadora, valiente y políticamente incorrecta, que evita los lugares comunes y obliga a enfrentarse con aspectos incómodos de la condición humana. No busca ofrecer consuelo ni finales complacientes; por el contrario, interpela constantemente al público y lo invita a cuestionar sus propias certezas.
Y hasta aquí vamos a contar para no spoilear más de la cuenta. El Filo de las Hojas de Afeitar, es una propuesta intensa, inquietante y profundamente movilizadora. Un thriller psicológico construido con inteligencia y una dirección que sabe administrar el suspenso sin perder nunca de vista la profundidad de sus personajes. La soledad, la imposibilidad de sanar ciertas heridas y la dificultad para construir vínculos saludables atraviesan toda la historia. Más que hablar únicamente de una familia en conflicto, la obra retrata personas emocionalmente devastadas que intentan seguir adelante cargando con un pasado que nunca deja de hacerse presente.
Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar esta propuesta, que se anima a salir de la zona de confort, con una obra que incomoda, perturba y emociona en partes iguales. Lo consigue con una dramaturgia inteligente, una puesta con muy buenos recursos escénicos y magníficas actuaciones, redondeando una propuesta valiente, que rompe moldes y retrata, con crudeza y honestidad, aspectos de la condición humana que muchas veces preferimos no mirar, logrando que el espectador abandone la sala profundamente movilizado.
Pensador Teatral.






























