viernes, 31 de julio de 2026

Osamenta y Patria

Dramaturgia y Dirección de Andrés Binetti.




Viernes 20 hs en Teatro del Pueblo ( Lavalle 3636 )

Una travesía gauchesca por las pampas argentinas, es la propuesta de Osamenta y Patria, que invita al espectador a ser parte de un viaje en carreta que atraviesa las inmensas pampas argentinas a fines del siglo XIX, acompañando a un grupo de personajes entrañables, en una singular expedición, donde el humor, la aventura y la reflexión histórica se entrelazan con notable naturalidad.





Con una dramaturgia original e inteligente, Andrés Binetti construye una ficción histórica que, si bien apela a la imaginación, se sostiene sobre numerosos elementos de nuestra historia. Enmarcada en la época de la Zanja de Alsina, la obra toma un período clave de la conformación del territorio nacional para desarrollar una historia profundamente gauchesca, poblada de personajes singulares, situaciones inesperadas y un permanente diálogo entre el pasado y la idea de patria.

Uno de los mayores aciertos de Osamenta reside en la calidad de su escritura. Binetti combina con gran habilidad el humor, la sátira y la emoción, logrando que la obra resulte tan entretenida como estimulante desde lo intelectual. A través de un relato lleno de imaginación, introduce reflexiones sobre la construcción de la identidad argentina, los sueños de grandeza que acompañaron el nacimiento del país y ese futuro promisorio que muchos imaginaron, pero que la propia historia lamentablemente terminó desmintiendo.




La puesta en escena acompaña con enorme creatividad ese universo gauchesco. Con un marcado espíritu artesanal, cada recurso escénico está puesto al servicio del relato, generando imágenes de gran belleza que potencian la experiencia teatral. Hay que mencionar el excelente vestuario que agrega mucho valor a los personajes. Sin necesidad de grandes artificios, la propuesta consigue crear un mundo visualmente atractivo, donde los propios actores arman y desarman la escenografía para las diferentes escenas, jugando de manera cómplice con los espectadores.

Tiempo de hablar de las magníficas actuaciones que presenta la obra, ya que se presenta un elenco numeroso y comprometido, que sostiene la historia con actuaciones de gran nivel y  personajes muy ricos. Cada espectador elegirá su personaje favorito, a nosotros nos gustó mucho, la composición de Cecilia De Paoli, como Catalina, la prestigiosa paleontóloga, que se adentrará en aquellas tierras, en busca de la osamenta de un pterodáctilo bovino, un hallazgo que revolucionaría la ciencia. Su composición destaca más especialmente, ya que ella es bicho de ciudad, sapo de otro pozo y se animará a ingresar a un mundo campestre, que le resultó bien ajeno. La rompe Cecilia.






Pero no seamos injustos con el resto, Juan Anun y Malala González, conforman la dupla de baqueanos que conduce la carreta y lleva a la científica al Fortín. Son muy divertidos sus diálogos, que combinan los dichos campestres, con los celos por la yegua que guían y otras cuentas pendientes de la pareja. Están geniales ambos. En el camino se cruzarán con dos maestras perdidas en el camino, a cargo de Alejandra Oteiza y Virginia Flaminni, que nos recuerdan a aquellas maestras rurales, que evocan una época en la que la educación era concebida como una herramienta fundamental para construir la Nación. Muy divertidas ambas.

Párrafo especial, para Nacho Bozzolo que dará vida a un singular cacique, que lleva consigo un balde con un bagre que habla. Si, así como lo lee. Desopilante su personaje. Nacho además tendrá a cargo la banda de sonido de la obra, algo que eleva aún mas su trabajo. El elenco lo cierran los militares a cargo del Fortín, nos referimos al Capitán Gutiérrez ( Edgardo Marchiori ), que pasa la mayor parte de las jornadas cavando una gran zanja y del Cabo Lezama ( Sergio Lobo ). Una dupla desopilante que comparte muchas horas en la soledad de las Pampas. Están muy bien ambos y en especial destacamos el personaje de Lezama, tal vez el más divertido de la historia, con una chispa humorística que, permítanos la licencia, por momentos nos recordó al gran Jorge Corona.






Y hasta allí vamos a contar, solo nos queda recomendar esta estupenda propuesta, que confirma una vez más, la capacidad de Andrés Binetti para abordar episodios de nuestra historia desde una mirada original, profundamente teatral y con una gran cuota de humor. creando un universo poético, donde el absurdo y lo fantástico se integran de manera notable, con la ficción histórica que el relato nos propone.

No se pierdan esta original y divertida propuesta, sostenida por una excelente dramaturgia, una cuidada puesta en escena y un elenco de estupendas actuaciones. Osamenta y Patria nos invita a emprender un viaje tan entretenido como reflexivo, donde el humor, la fantasía y la historia se entrelazan para volver a pensar la construcción de nuestra identidad nacional. Una travesía teatral que nos recuerda que, a veces, la mejor manera de comprender quiénes somos es volver a recorrer los caminos de nuestro pasado. 


Pensador Teatral.




sábado, 25 de julio de 2026

El Filo de las Hojas de Afeitar

Dramaturgia y Dirección de Franco Cassano.




Miércoles 20 hs en Teatro Azul ( Av. Corrientes 5965 )

Quienes siguen nuestro blog, saben que disfrutamos especialmente de ir al teatro sin tener referencias previas sobre la obra que veremos y El Filo de las Hojas de Afeitar, fue una de esas gratas sorpresas que justifican esa elección, ya que nos retiramos del Teatro Azul, reconfortados por la riqueza de nuestro teatro independiente. Como carta de presentación, podemos decir que estamos en presencia de un atrapante thriller psicológico, políticamente incorrecto, que construye un permanente clima de misterio, manteniendo enganchado al espectador, que se sorprenderá conforme avanza la trama. 






Desde sus primeros minutos, la obra crea una atmósfera inquietante que despierta interrogantes y mantiene una permanente sensación de incertidumbre. Poco a poco, la historia va revelando personajes complejos, emocionalmente quebrados, que intentan sobrevivir como pueden al peso de sus propias historias y a la incapacidad de establecer relaciones sanas. La familia aparece aquí como un espacio de contención, pero también como un escenario donde afloran las heridas más profundas, los silencios y los conflictos que nunca terminan de cicatrizar.

La dramaturgia de Franco Cassano no busca ser complaciente, ni presentar personajes completamente buenos o malos. Por el contrario busca incomodar y construye seres profundamente humanos, llenos de contradicciones, capaces de despertar empatía y rechazo casi al mismo tiempo. Esa complejidad es uno de los mayores aciertos de la obra y permite que el espectador permanezca involucrado emocionalmente durante toda la función.




La dirección resulta sumamente acertada. Con gran precisión logra que la tensión nunca decaiga, sosteniendo un permanente halo de misterio que alimenta la intriga escena tras escena. El ritmo está cuidadosamente administrado y cada revelación aparece en el momento justo, permitiendo que la historia avance con naturalidad hacia un desenlace de enorme intensidad.

Tiempo de hablar de las estupendas actuaciones del elenco, uno de los pilares fundamentales de la obra. Los intérpretes construyen personajes de una enorme complejidad emocional, algunos de ellos rotos y alejados de cualquier estereotipo, transitando con absoluta credibilidad un universo marcado por la angustia, la soledad y los conflictos familiares.





Arranquemos con María Inés Marzot, como Marta, una madre manipuladora y bastante despiadada, que no tendrá complejos en mostrar su cara más cruel y las diferencias de trato con sus hijos. La rompe María Inés, con un personaje muy fuerte. Y en el mismo nivel de crueldad podríamos colocar a Gabriel Cillis, como Manuel, el hijo que vive con Marta, con una gran carga de violencia y que esconde un oscuro secreto. Muy bueno lo de Gabriel, conformando junto a María Inés una dupla temible, que le hará las cosas muy difíciles a Arturo.

Arturo es Franco Cassano, el abogado dueño de casa, que atravesando una crisis de pareja no tendrá mejor idea que dar cobijo a un primo desamparado, debiendo soportar los embates de la familia. Franco, además de ser el autor y director de la obra, es el protagonista de la historia y se luce en gran forma en escena, con un personaje que muestra su vulnerabilidad y genera empatía con el público. Otra magnífica composición es la de Nicolás Bruzzese como Lorenzo, el primo desamparado del que les hablamos, un chico que estudió periodismo en la escuela de Fernando Niembro y tiene al fútbol como único interés. Y por último mencionar a Melina Avramides, que se luce por partida doble, como Estela, la esposa de Arturo, y como Natasha, una encantadora y enigmática escort rusa, que ingresará con mucha fuerza a la trama.






La propuesta se apoya en una puesta con muchos puntos altos. La escenografía crea un ámbito tan realista como opresivo, mientras que el diseño lumínico, dominado por penumbras, contribuye decisivamente a potenciar el clima inquietante que atraviesa toda la obra. A ello se suma la presencia de Walter Díaz, músico en vivo, que desde la parte superior del escenario y con su violín se convierte en la banda sonora de la obra, aportando belleza estética e incrementando la tensión dramática de la trama.

Uno de los mayores méritos de El Filo de las Hojas de Afeitar, es su capacidad para incomodar al espectador. Es una obra perturbadora, valiente y políticamente incorrecta, que evita los lugares comunes y obliga a enfrentarse con aspectos incómodos de la condición humana. No busca ofrecer consuelo ni finales complacientes; por el contrario, interpela constantemente al público y lo invita a cuestionar sus propias certezas.





Y hasta aquí vamos a contar para no spoilear más de la cuenta. El Filo de las Hojas de Afeitar, es una propuesta intensa, inquietante y profundamente movilizadora. Un thriller psicológico construido con inteligencia y una dirección que sabe administrar el suspenso sin perder nunca de vista la profundidad de sus personajes. La soledad, la imposibilidad de sanar ciertas heridas y la dificultad para construir vínculos saludables atraviesan toda la historia. Más que hablar únicamente de una familia en conflicto, la obra retrata personas emocionalmente devastadas que intentan seguir adelante cargando con un pasado que nunca deja de hacerse presente.

Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar esta propuesta, que se anima a salir de la zona de confort, con una obra que incomoda, perturba y emociona en partes iguales. Lo consigue con una dramaturgia inteligente, una puesta con muy buenos recursos escénicos y magníficas actuaciones, redondeando una propuesta valiente, que rompe moldes y retrata, con crudeza y honestidad, aspectos de la condición humana que muchas veces preferimos no mirar, logrando que el espectador abandone la sala profundamente movilizado.


Pensador Teatral.





sábado, 11 de julio de 2026

Restorán

Dramaturgia de Manuela Amosa. Dirección de Verónica Mc Loughlin. 





Viernes 20 30 hs en Moscú Teatro ( Ramírez de Velasco 535 )

Una original propuesta llega de la mano de Restorán. Partiendo de una situación tan cotidiana como reconocible, la dramaturgia de Manuela Amosa nos invita a ingresar al depósito de un establecimiento gastronómico para mostrarnos aquello que los comensales nunca ven. Sin embargo, ese espacio oculto es apenas el punto de partida de una historia profundamente humana que trasciende el ámbito laboral para hablar de los vínculos, la amistad y de esa necesidad tan propia de las personas de encontrar en el otro un lugar de contención.

El gran mérito de la obra es que convierte ese pequeño universo en un espejo donde resulta muy fácil reconocerse. Porque más allá de que la acción transcurra en un restaurante, Restorán habla de esos lugares de trabajo donde pasamos gran parte de nuestras vidas, compartiendo alegrías, frustraciones, complicidades y preocupaciones con personas que, muchas veces, terminan ocupando un lugar fundamental en nuestra vida. La obra también refleja con enorme sensibilidad cómo los problemas personales inevitablemente atraviesan la jornada laboral y cómo, en muchas ocasiones, los propios compañeros terminan convirtiéndose en confidentes, psicólogos improvisados y una verdadera red de contención.





La dramaturgia de Amosa evita los golpes de efecto y apuesta por la autenticidad de los personajes. Desde situaciones aparentemente simples va construyendo un relato lleno de humanidad, donde cada conversación, cada silencio y cada gesto ayudan a profundizar el universo emocional de sus protagonistas. Esa cercanía hace que el espectador no solo observe la historia, sino que la sienta propia, recordando inevitablemente experiencias vividas en sus propios ámbitos de trabajo.

El motor central de la propuesta son sus actuaciones. El elenco reunido funciona como un verdadero equipo, algo indispensable para una obra donde los vínculos son el eje central del relato. Arranquemos por José Escobar, como Claudio, el cocinero que deberá esforzarse de manera especial,  ya que el restaurante próximamente presentará sus nuevos platos. Nos gustó mucho el trabajo de José, un actor muy versátil, al que elogiamos muchas veces ya en este sitio, porque aporta mucha autenticidad a sus personajes. Y si hablamos de autenticidad, es realmente muy lograda la composición de Matías Corradino como el Pepo, uno de los mozos del establecimiento. 





Manuela Amosa, la autora de la obra, se destaca mucho como Rosa, que también atiende las mesas y deberá esforzarse mucho para dejar de lado los problemas personales que la atraviesan. Por último, mencionar a Romero Priorello, como Martín, el más joven y el más nuevo en el restaurant, que llega como ayudante de cocina, recomendado por un amigo del dueño, lo que hará que le cueste el doble ganarse la confianza de sus compañeros. Cada intérprete aporta naturalidad y una enorme humanidad a su personaje, logrando que las relaciones se perciban auténticas y que el espectador empatice rápidamente con ellos, ya que además nos abren las puertas a guiños del universos gastronómico, que habitualmente permanecen ocultos para el público.

La dirección de Verónica Mc Loughlin acompaña de manera inteligente la propuesta dramatúrgica, privilegiando siempre el trabajo actoral y la construcción de los vínculos. A ello se suma una atractiva puesta en escena y una escenografía que recrea con gran realismo el depósito del restaurante, transformando ese espacio de descanso en un verdadero refugio donde los personajes pueden bajar la guardia y mostrarse tal como son. Párrafo especial acá, para José Escobar, a cargo del diseño escenográfico y del vestuario, dos rubros que agregan mucho valor a la historia. Todo contribuye a generar una atmósfera de gran intimidad que potencia la cercanía con el público.





Y hasta acá vamos a contar. Restorán, es una obra entrañable que demuestra que las historias más profundas muchas veces nacen de los pequeños momentos de la vida cotidiana. Una propuesta que invita a reflexionar sobre el valor de los vínculos humanos, sobre esas personas que el trabajo pone en nuestro camino y que además de compartir largas jornadas laborales, en muchos casos terminan acompañándonos en algunos de los momentos más importantes de nuestras vidas.

Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar esta original y atractiva propuesta. Una dramaturgia sensible, estupendas actuaciones y una puesta cercana y de gran calidez se combinan para dar vida a una obra profundamente humana. Seguramente, después de ver la obra, la próxima vez que entremos a un restaurante miremos con otros ojos a quienes, cada día, nos atienden con una sonrisa.. 


Pensador Teatral