sábado, 31 de marzo de 2018

Ella en mi Cabeza

Sábados 20 hs en Teatro Espacio Gadí. ( Av. San Juan 3852 )






Dramaturgia de Oscar Martínez y Dirección de José Manuel Espeche.

Cuando mencionamos a Oscar Martínez, pensamos en el gran actor que es y seguramente recordamos alguno de sus trabajos, ya sea en la televisión, en el teatro o en el cine. Oscar recibió el Premio Konex de Platino en 2011 por su trayectoria como actor de teatro en la última década y sin dudas es unos de los referentes en materia de actuación en nuestro país.

Pero no todos saben, que además de actuar, Oscar Martínez, escribió algunas obras teatrales y Ella en mi cabeza, es una de las más destacadas. Fue estrenada en el 2005, en el Paseo La Plaza y el elenco en esa ocasión, estaba constituido nada menos que por Julio Chavez, Soledad Villamil y Juan Leyrado, bajo su dirección.






En este caso la obra vuelve al teatro independiente en el Espacio Gadí y con tan buena respuesta de público, que se encuentra transitando su segunda temporada.

Ella en mi Cabeza, es una comedia dramática, que nos habla de amor, de las relaciones de pareja, de esos vínculos amorosos que nunca son sencillos, desde la mirada de Adrián ( Diego Fenández Ribas ) que se encuentra en una encrucijada, ya que por un lado siente que no soporta más a su esposa Laura ( Eva Matarazzo ), llevando diez años de casado y con un hijo en común, pensando que lo mejor sería separarse, pero por otro lado siente que no podría vivir sin ella, vaya contradicción.

Adrian esta obsesionado con Laura, según su opinión, ella es la culpable de todos sus males, su inteligencia le permite estar siempre está un paso adelante, lo controla, lo manipula y seguramente también lo engaña. No sabe como resolver la situación y es allí donde aparece en escena, un psicólogo muy particular, Klimovsky ( Eugenio Colusi ) que en las sesiones de terapia que tienen,  tratará de hacerlo mirar a su interior, intentando que comprenda muchas veces proyectamos en el otro, pensamientos y comportamientos,  que solo están en nuestra cabeza, generándose un muy rico intercambio entre paciente y psicólogo.






La trama es muy entretenida, tiene mucha dinámica y siempre está presente el humor, generalmente ácido, ya que la pareja se tira dardos venenosos, en la mayoría de los diálogos.

El espectador se engancha en la historia, porque claramente los personajes y los diálogos son  reconocibles, ya que todos sabemos los que son las peleas en la pareja y vivimos algunas en mayor o menor medida, por lo que se logra un alto grado de identificación.

Si la obra funciona y ya está en su segunda temporada, además de hacerlo por el libro interesante que tiene, se explica por las ricas interpretaciones que presenta la pieza, ya que los tres protagonistas se destacan mucho en sus personajes.






El eje de la historia es Diego Fernández Ribas, como un Adrián agobiado, obsesionado y paranóico con su esposa. Parece que todos sus males, son culpa de ella y aunque no esté con él, su voz retumba permanentemente en su mente. Muy buen trabajo de Diego, que está siempre en escena y lleva muy bien el ritmo de la historia.

Su esposa Laura es Eva Matarazzo, ella es la mala de la película, la manipuladora, la victimaria según el pensamiento de Adrián, es la culpable de que las cosas anden mal en esa pareja. Será realmente así  o será la construcción que el se hace de ella ?? No vamos a contar más, el espectador descubrirá esto cuando vea la obra. Volviendo a la actuación de Eva, nos gustó mucho su interpretación, componiendo una esposa atractiva y despiadada.

El triángulo se cierra con Eugenio Colusi, como Klimovsky, el terapeuta de Adrián, es quien trata de hacerlo entrar en razón y orientarlo para que descubra como salir del laberinto, que es actualmente su relación con Laura. Eugenio es quien genera los momentos más divertidos de la noche, algunos francamente desopilantes, dando vida a un psicólogo muy divertido. Nos encantó su interpretación.

El director logró reunir un muy buen elenco y se nota que hay muy buen entendimiento entre los tres protagonistas, ya que la historia con muchos diálogos,  fluye en muy buena forma.






Debemos destacar especialmente la muy buena escenografía de Mariela Solari, con el cálido mobiliario, que muy funcional permite tener al mismo tiempo la casa de la pareja y el consultorio del psicólogo, jugando además mucho con los placards, desde donde aparecen y desaparecen algunos protagonistas, lo que permite darle esa dinámica que comentamos tiene la pieza.

En definitiva, estamos ante una muy buena versión de la obra de Oscar Martínez, una dramaturgia elaborada y que requiere atención de parte de espectador para no perder detalle, un guión que nos invita a reflexionar acerca de los vínculos de pareja y como muchas veces, es más sencillo, culpar al otro de todos los males, en vez de mirar un poco a nuestro interior y también apreciar como muchas veces, nosotros adjudicamos al otro pensamientos o comportamientos, que solo está en nuestra imaginación, pero que a nuestros intereses nos resulta más conveniente dar por ciertos.

Por todo lo dicho, recomendamos Ella en mi Cabeza, además de las excelentes actuaciones que presenta la pieza, nos vamos a reír y seguramente nos vamos a sentir identificados con muchas de las situaciones que ocurren en la obra. El prolongado aplauso con que el público despide a los protagonistas, al término de la función, es fiel demostración, que la historia gustó y llegó al espectador.


Pensador Teatral.


viernes, 30 de marzo de 2018

Hidalgo

Viernes 20 hs y 22 hs en El Camarín de las Musas ( Mario Bravo 960 )






Dramaturgia y Dirección de María Marull.

La obra surge en el marco de la convocatoria del Teatro Cervantes, que en ocasión del Ciclo Bicentenario convocó a destacados directores de nuestro teatro, para que escriban una obra sobre figuras históricas muchas veces relegadas por nuestra historia.
A María Marull, te tocó Bartolomé Hidalgo, poeta rioplatense, nacido en 1778, artista revolucionario y padre de la poesía gauchesca, plasmando en sus cielitos, la gesta por una patria en nacimiento.

Poco se conoce de la vida de Hidalgo, no hay retratos suyos, ni si quiera se sabe donde fueron enterrados sus restos, es más, hasta algunos se atreven en poner en duda su existencia y se atreven a teorizar, que fue un personaje imaginario.






Interesante reto para María, escribir una obra sobre una figura, de la que es más lo que se ignora, que lo que se conoce con certeza. Por eso, la salida inteligente de la autora, es tomar a Hidalgo, como consecuencia de la pieza y no como centro de la misma.

La autora, consigue superar el reto, escribiendo una historia simple, con seres cotidianos que el espectador reconoce y una trama sensible, que tiene el sello característico de las Marull, aquel que les ha otorgado a las gemelas rosarinas, un sitio de privilegio en el circuito off, con un público fiel, que sigue sus obras, sabiendo de antemano, que verán un producto de calidad, donde sin golpes bajos, la emoción y la sensibilidad dirán siempre presente.

Hidalgo, nos cuenta la historia de Susana ( Paula Marull ), empleada de inmobiliaria, que tiene como misión mostrar un lujoso departamento a una familia interesada en comprarlo. En el departamento vacío, se encuentra Victor ( Agustín Daulte ), un adolescente, que por razones no muy claras, vive allí con su padre, en condiciones precarias, mientras el departamento siga desocupado.






El encuentro entre esas dos personas, en apariencia sin puntos en común, se convierte en el disparador de la trama. Ella con un trabajo formal, bien vestida, verborrágica y muy segura de si misma, se encuentra con ese chico frágil, callado, apenas vestido con un pantalón corto, que no parece vencido, porque cuando Susana, le pregunta porque no está en la escuela a esa hora, Victor no sabe bien que responder, a los tirones balbucea que tiene que hacer un trabajo práctico para presentar mañana y que si no lo hace volverá a repetir el año.

La empleada apenas escucha al chico, está más preocupada, por limpiar el departamento y tirar un poco de desodorante de ambiente, para que quede presentable y que el chico se vaya dar un vuelta,  para que no esté, cuando lleguen los posibles compradores. Pero un llamado de los mismos, diciendo que estaban demorados, cambiará todo, la llegada ya no será inminente y entonces Susana, que ahora tiene algún tiempo tiempo, se interesará un poco más por la situación de ese chico que lo intriga.







Se enterará que el trabajo práctico que debe presentar para no repetir el año, es sobre Hidalgo, un olvidado por la historia, una de esas figuras que no aparecen en los billetes, porque a los billetes siempre llegan los mismos próceres y con una mezcla de solidaridad y lástima por el chico, tomará la decisión de ayudarlo con el trabajo práctico.

Sin revelar demasiado, para no develar la trama, diremos que esas dos personas que parecían pertenecer a mundos diferentes, encontrarán muchos puntos en común, más que nada, porque la vida de esa empleada inmobiliaria que no conoce el mar y que no tiene mascotas, ni hijos, para no esclavizarse, es más sufrida, de lo aparenta. Y entonces descubriremos que el desamparo y la soledad, son características, muy arraigadas, en estos dos seres. En el caso del chico esto, es algo evidente, que surge a simple vista y en el caso de la empleada, detrás de esa apariencia segura, esconde una existencia triste.

Como mencionamos antes, las Marull saben mirar la realidad y construir personajes con lo que nos identificamos, historias normales y cotidianas, que nos resultan entrañables y cercanas.






La historia es muy entretenida y en esto tiene mucho que ver, Paula Marull, que se destaca muchísimo en este protagónico, componiendo una mujer muy sensible y divertida. Nos encantó la interpretación de Paula, con mucha presencia escénica, marcando el ritmo de la trama y con una frescura que se irradia en el escenario y llega al espectador, que se encariña mucho con su personaje.

Agustin Daulte, compone muy bien a ese chico retraído y temeroso, que parece casi abandonado.
Una vez más, destacamos, la gestualidad de Agustín, en un papel con algunas similitudes, con el que cumplía en Los Ojos de Ana ( allí era un adolescente que sufría bullying ). Es un actor que promete mucho y esperamos verlo pronto, en otra obra, ojalá que sea con las Marull, en un rol distinto, a la del adolescente introvertido, donde ya demostró, sentirse muy cómodo.

Un punto importante y que agrega valor a la puesta, es el entendimiento que muestran Paula y Agustín, como dijimos trabajaron juntos antes y se nota que se entienden a la perfección, hay muy buena química entre ellos.
Y si a ello le sumamos, la dirección de María Marull, el círculo cierra y queda claro, porque todo fluye de manera tan natural.







Debemos resaltar de la puesta, el diseño escenográfico de carácter minimalista que propone José Escobar, con unos pocos objetos, sobre ese destacado rectángulo de parquet, que marca en forma precisa los límites escénicos, simulando el departamento donde transcurren las acciones.
Y como ocurre habitualmente, en las obras de las Marull, aquí también, aparece algún toque musical, que suma, en este caso es el ringtone de Susana, que no vamos a revelar, pero que aseguramos los espectadores celebran cada vez, que suena el celular de la empleada inmobiliaria.

Queda poco por agregar, sólo mencionar que Hidalgo fue la obra ganadora del Premio Artei 2017 a la producción de teatro independiente, entre otros reconocimientos recibidos. Indudablemente las mellizas Marull, tienen un estilo propio, saben como contar historias sencillas, cercanas al espectador, con personajes reconocibles, con lo que todos nos identificamos y si a esas historias, saben adosarle siempre la cuota justa de sensibilidad y poesía que el espectador quiere, podemos encontrar allí, una de las explicaciones, del éxito de sus espectáculos,  tanto de crítica, como de público ( el cartelito de localidades agotadas es una constante en sus obras )

No queda más por agregar, sólo invitar a los espectadores que aún no lo hicieron, para que descubran el bello universo de las Marull y en este caso además, se enteren como nosotros, quien fue Bartolomé Hidalgo.



Pensador Teatral.


jueves, 29 de marzo de 2018

Madre Amadísima

Miércoles 20 30 hs en Teatro Buenos Aires ( Rodríguez Peña 411 )





Dramaturgia de Santiago Escalante y Dirección de Daniel Cinelli.

Segunda temporada de Madre Amadísima, obra escrita por el autor andaluz Santiago Escalante, la pieza se estrenó en Sevilla en el 2007, con enorme éxito de taquilla y de crítica. Tanto es el suceso, que la directora Pilar Távora, tiempo después, decide llevarla al cine, donde tuvo un rally impresionante, obteniendo múltiples premios y reconocimientos, destacándose especialmente en los Premiso Goya 2011, donde se llevó numerosas nominaciones.

La película triunfa en España y llega a la Argentina, allí es donde aparece en escena, nuestro Oscar Giménez, que vé la película y en ese instante se enamora de ella. Tanto, que decide ponerse en contacto con el autor de la misma, algo impensado décadas atrás, pero posible en la actualidad, gracias a la inmediatez de las redes sociales y consigue llegar a un acuerdo para traerla a nuestro país, en una adaptación que conservando íntegramente la esencia y el espíritu, del texto original, presenta algunas diferencias, en su adaptación local,

Contemos ya que Madre Amadísima, narra la historia de Alfredito, encarnado de manera brillante por Oscar Gíménez, un costurero homosexual, ya en edad madura, que aparece en escena, vistiendo con devoción a una Virgen Negra, preparándola para una procesión, en Sevilla, donde se desarrolla la historia y la Virgen desata incontrolables pasiones.






La conexión de Alfredito con la figura de la Virgen es asombrosa, encuentra en ella la paz necesaria, para desandar su vida entera, desde el momento de su nacimiento, pasando por su difícil infancia, su despertar sexual con Javi, el hijo del alcalde, con quien descubre su atracción por los chavales y contando también su desopilante pasada por la mili.

En su relato, siempre hace referencia a su entorno familiar, manifestando su amor incondicional por su madre querida y el profundo desamor y desprecio de su padre, para con él, como un reflejo de esa sociedad que discrimina y no acepta al diferente.

Con mucho humor, Alfredito se asume asimismo como la loca del pueblo, aquella a la que todos miraban, por la que murmuraban a sus espaldas y obviamente no aceptaban- Recordemos que la historia, transcurre en la década del 50 en el interior andaluz, en época en que el generalísimo Franco, tenía el poder total en España y la tolerancia, precisamente no era una de las características de su gobierno, trayendo recuerdos olvidados, pero de gravedad, como por ejemplo que existía un de campo de concentración, al que enviaban a los homosexuales.






Si bien el relato es profundo, confesional y tiene mucho de dramático, la historia se cuenta en clave de humor, el protagonista, toma con una mirada graciosa, sus recuerdos, aún los más duros y presenta su vida, que no fue sencilla, en forma esperanzada, siempre buscando el lado positivo y esto sin dudas es mérito del autor, que logra que el relato siempre sea ameno y no se haga denso, teniendo vital influencia, en este caso, también de la estupenda actuación de Oscar Giménez, que entiende a la perfección, por donde debe transitar su actuación

Realmente es todo un desafío, encarar este unipersonal, donde el protagonista, debe sostener el acento andaluz, por casi una hora y media, llevando el relato a través de los diferentes estados de ánimo, que presenta su propia vida, con alegrías, tristezas, momentos muy graciosos y otros de profundo drama. Es una obra que exige mucho y realmente Oscar, supera con creces la exigencia, mostrando un dominio absoluto del escenario y de los tiempos y mostrando una identificación y un amor por el personaje, que emociona y conmueve.

La escenografía es despojada, solo hay una mesita y esa virgen morena, que acompañan al protagonista, la preponderancia aquí es del texto, la palabra es la que se impone, algo que entendió muy bien, Daniel Cinelli, el director, que presenta una puesta intima y minimalista, creando la atmósfera ideal, para que el protagonista, gracias a su talento, haga de las suyas.






Debemos destacar la moderna iluminación del Teatro Buenos Aires, que acompaña y recrea los diferentes momentos, que atraviesa la trama.

Estamos en presencia, de una propuesta más que interesante, un texto potente de un Santiago Escalante, que nos trae a Buenos Aires, una historia de raíces andaluzas, que nos habla de la discriminación brutal, que sufrían personas como Alfredo, en una época de España,  en que se veía al homosexual como un enfermo, al que debía tenerse lo más lejos posible.






Si bien con el correr de los años, las ideas evolucionaron, la pieza sirve para reflexionar y darnos cuenta, que pese al paso de los años, la discriminación aún sigue, por diversos motivos y muchas instituciones, contrariamente a lo que marca sus esencia, en vez de abrir sus puertas al diferente, se las cierra.

Una propuesta de enorme valor, nos trae Madre Amadísima, junto con la posibilidad de disfrutar la interpretación brillante de Oscar Giménez, que con un amor y una entrega absoluta, regala a los espectadores, una estupenda noche de teatro.

Recomendamos mucho la obra, sin dudas, un toque de distinción en nuestra rica cartelera porteña, que aquellos amantes del bueno teatro, no deberían dejar de ver.



Pensador Teatral.



martes, 27 de febrero de 2018

La Fragilidad del Cielo

Domingos 20 hs en Teatro del Pueblo ( Av. Roque Saenz Peña 943 )






Dramaturgia y Dirección de Anahí Ribeiro.

La notable pluma de esta talentosa autora, nos traslada a la Alemania del 1800, a la casona de los Nach, allí vive Bruno ( Daniel Begino ) , un poeta que sufre de ceguera progresiva y está recluido en el sótano de ese caserón, se encuentra deprimido y abandonado. Quien lo cuida, es su hermana Odell ( Silvina Katz ) , que con un matrimonio fallido y un hijo que prefiere vivir con su tía, prácticamente consagra su vida al cuidado de su hermano, en una relación bastante patológica, donde la sobreprotección y la manipulación son una constante.

La vida en esa casa, tiene una tortuosa rutina, pero rutina al fin, que será sacudida con la llegada de la misteriosa Ilse ( Heidi Fauth ), institutriz que viene de cuidar a unos niños muy traviesos y que ahora acepta el poco grato trabajo de ser asistente, de ese poeta enfermo y en apariencia bastante loco.

La relación entre Bruno e Ilse no arranca de la mejor manera, el trato que le brinda Bruno no es nada amable. Mal aseado e impertinente, parece cansará muy pronto a la nueva asistente, que al principio acepta a desgano las órdenes, pero con el correr del tiempo, le irá tomando la vuelta a su función de asistente y principalmente a ese hombre, que parecía apático e indomable, pero culto y con cierto atractivo,  que misteriosamente desde su llegada, pareciera ir saliendo del pozo en que se encontraba hace tiempo.





El vínculo entre ambos, parece estrecharse por alguna misteriosa conexión que indudablemente se establece entre estos dos seres, solitarios y sufridos. Claro que Odell, alerta a los cambios de su hermano y al acercamiento de Ilse, mirará con mucho recelo la situación. ella es la que decide sobre la vida de su hermano, creando una dependencia casi total y no dejará que una recién llegada, puede quitarle su lugar.

La obra tiene mucho suspenso, por lo que no vamos a adelantar mucho más, solo decir que la trama pondrá la lupa, en la realidad de estos seres, que en vez de vivir disfrutando la vida, por el contrario sobreviven, hacen lo que les permite sus miedos, están atados a ellos, resignados a transcurrir una vida de sufrimientos y privaciones, donde sus deseos siempre quedan postergados.

Pero a veces, las tinieblas se abren, las almas solitarias se encuentran y los deseos reprimidos, pueden salir a la luz, apareciendo en primer lugar una discreta atracción, que puede dar lugar al enamoramiento primero y a la pasión después. La obra perturba por la opresión que viven esos personajes frágiles, oscuros y apagados, pero adelantamos que aunque sea momentánea, la luz llegará y lo hará con una carga de sexualidad y de erotismo poco común en nuestro teatro independiente, pero logrado de manera estupenda por un libro que lentamente creará el clima y las condiciones, para que llegue el climax, que esperan los protagonistas necesitados de amor y el espectador que sigue con mucha atención y tensión las acciones.-

Hablando de las actuaciones, digamos ya que La Fragilidad del Cielo, presenta tres interpretaciones magníficas, se sacan chispas, para ver cual de ellas, es la más destacada y es casi imposible determinarlo, porque los tres protagonistas, componen de manera estupenda sus personajes, con un talento y una entrega que hay que resaltar.






Daniel Begino, es ese Bruno vulnerable y desamparado, abandonado a sus suerte, sin ganas de vivir, con muchas cicatrices en su pasado,  que empieza a encontrar un sentido a su vida, con la llegada de Ilse. Un trabajo enorme el de Daniel, componiendo un personaje que reemplaza su casi nula visión, con un sentido  del olfato y de la audición muy desarrollados, resultando atractivo para su cuidadora.

Silvina Katz, compone en forma estupenda a la sufrida Odell, presa de sus desgracias y de un pasado que la abruma, sabe que su misión en la vida, es el cuidado de su hermano, sabiendo que si lo pierde, se le desmorona todo. Es tan buena su composición, que cuesta reconocerla hasta físicamente en este papel. Una actriz versátil, a la que el año pasado, vimos en Clarividentes, Una Gota de Agua y Camino de Hórmigas y que aquí nos sorprenden con una interpretación magnífica.

Y dejamos para el final a Heidi Fauth, que brilla en escena. Una actriz que nos encanta, dueña de una belleza y un magnetismo particular, el año pasado la vimos en Todas las Rayuelas y en Presidio, pero aquí al igual que Silvina, nos deja con la boca abierta, con su gran faena. Ilse es una mujer misteriosa, cerrada en si misma, que poca revela de su pasado y que ni siquiera se permite desear algo. Heidi dota a su personaje de una sensibilidad extrema y con un atractivo oculto, logrando de manera asombrosa, pasar de ser esa asistente sumisa y poco llamativa, a esa mujer sensual, que de una vez por todas, se permitirá cumplir sus deseos.

Párrafo aparte, su profesionalismo y seguridad en si misma, para jugar con Daniel, una escena de alto voltaje erótico, muy lograda y nada forzada, absolutamente justa, para un texto que vino preparando el momento en forma paciente.
Fantástica labor la de Heidi, que debemos aplaudir.







Sin dudas tres actuaciones estupendas, de actores absolutamente entregados a los que les pide la directora y mostrando además del compromiso con la historia, una química entre ellos, indispensable para las exigencias de la obra.

La puesta es tan lograda, que consigue que el espectador viaje a ese mundo que propone la autora. La sala del Teatro del Pueblo donde se desarrolla la pieza, parece creada especialmente, el espectador para acceder a la sala, debe bajar una empinada escalera, para llegar a un subsuelo, que tantas semejanzas tiene con ese sótano, en el que habita Bruno.

El excelente diseño lumínico de Akira Patiño, tiene una importancia capital, generando una atmósfera de asfixiante oscuridad y penumbra que acompaña todo el desarrollo de la trama, creando los climas que pide la pieza. El espectador siente estar, en ese sótano oscuro en el que están recluidos los protagonistas, con una cercanía que se disfruta muchísimo, ya que permite seguir cada gesto, cada mirada y hasta la respiración de los actores, en esta sala particular, que además de su subterraneidad, se caracteriza por tener tres frentes de visión, debido a la disposición de las sillas.







Otro ítem a destacar, es el vestuario de Brenda Opoka que nos lleva a la antigua Alemania y el diseño escenográfico, con esos libros tirados en el piso, que rodean a esa colchón viejo, con sábanas sucias, que resultará el hogar del poeta y también el lugar donde se desatará la pasión.

En conclusión, La Fragilidad del Cielo, es una de sus obras que todo amante del teatro independiente debe ver, ya que combina,  un guión muy atractivo de Anahí Ribeiro, que combina vínculos familiares enfermos, miedos, sufrimientos, fantasmas y erotismo, en una puesta jugada e íntima que cuida todos los detalles y ofrece actuaciones superlativas.

La pieza transita su tercera temporada en cartel y teniendo en cuenta los aplausos que al final de la función, le brinda el público que colmó la sala, conmovido por lo que acabó de presenciar y no caben dudas, que es una obra que tiene todavía mucho por recorrer.
Teatro independiente de calidad, que recomendamos.



Pensador Teatral.

domingo, 25 de febrero de 2018

La Sagradita

Jueves 21 hs en El Camarín de las Musas ( Mario Bravo 960 )





Dramaturgia de Selva Palomino y Dirección de Gilda Bona.

La Sagradita es un drama de época, que se sitúa en nuestro Noroeste, en el año 1951, trayendo a escena al mito de Evita, en momentos, que la salud de la madre de los descamisados se está deteriorando a pasos agigantados y la sociedad se divide, sin grises, entre el amor y el odio por esta figura política, que sin dudas atravesó su época.

La acciones se inician en Salta, donde Adela, una señora de la alta sociedad, conservadora y profundamente anti peronista, pasa sus días, jugando a la ruleta en un exclusivo club, criticando a la chusma salteña, que con certeza la mira con envidia, por su posición económica y su prosapia.

La rutina se altera, cuando su hija Elena, le cuenta que se irá de la casa, para vivir con Mariano, un joven bello y encantador, del que se enamoró perdidamente. La noticia es inaceptable para Adela, no vé con buenos ojos que se vaya con un Don Nadie, alguien sin apellido, sin profesión conocida y encima irse sin la libreta de casamiento, todo un escándalo para la época y comidilla para esa chusma salteña, que sin dudas aprovechará la novedad, para murmurar a sus espaldas.






Pese a la negativa, la joven parejita se irá a probar suerte y perigrinará por diferentes provincias, dependiendo donde lo lleven sus negocios erráticos, siendo un compañero, que promete mucho a su amada, pero es poco lo que realmente le ofrece.

En uno de los tantos hoteles donde se hospedan, se cruzarán con una particular dupla de teatreros / cirqueros, conformada por Paquito y Darbón, que dependiendo la ocasión y la provincia, ofrecerán algún algún tipo de espectáculo teatral o cirquense, de dudosa calidad..

Paquito es quien tiene la llave de la trama, ya que en uno de esos encuentros, le contará a Elena, que conoce personalmente a Evita, si al mito viviente y no solo la conoce, sino que además habla con ella de teatro y es más, en estos momentos está escribiendo, a su pedido,  una obra que habla de su vida. La verosimilitud de este conocimiento puede ponerse en duda, pero no para Elena admiradora de Evita, que queda hipnotizada, con lo que le cuenta Paquito y quiere saber todo de ella.

La figura de Evita es divisoria de agua y una muy buena demostración, que las divisiones en nuestra sociedad, vienen de muchos años atrás y que la grieta que ahora todos mencionamos, es una constante de nuestra historia y se repite en forma cíclica y brutal. con diferentes protagonistas, según la época.





Como dijimos, con Evita no hay grises, se la ama o se la odia, del lado de los que la aman, esta Elena y por supuesto Paquito y su compañero Darbón, que es, quien en forma reverencia la llama La Sagradita, dándole un aura mística a su figura. Contrarios a su nombre, están su esposo Mariano y por supuesto Adela, que la odia profundamente, para ella es mala palabra, es la yegua. Desprecia profundamente a Evita y a los cabecitas negras que la siguen, en busca de derechos, que en su pensamiento, no merecen.

Para conservar el suspenso que tiene la obra, no vamos a contar más, solo decir que el amor de la pareja irá disminuyendo, de la misma manera, que la salud de Evita se irá deteriorando, para dolor de sus seguidores y alegría de sus detractores.

La trama es muy potente, en esto tienen que ver el muy buen libro de Palomino y la precisa dirección de Gilda Bona, una gran directora, que siempre sabe sacarle jugo a las historias y les dá mucho recorrido a los personajes, exponiendo sus zonas sensibles..

Vayamos entonces al muy buen elenco que tiene la pieza, arrancando por la protagonista de la misma, María Forni ( Elena ), la joven que se anima a desobedecer a su madre y al que dirán, para irse con su enamorado, confiando su suerte a ese hombre a quien ama. Nos encantó su interpretación, muy sentida, esperanzada y algo triste por esa felicidad que desea y no llega, añorando un bienestar que parece lejano y admirando siempre a esa gran mujer que es Evita, que contrariamente a ella, si pudo lograr todo lo que se propuso, siendo este su modelo a seguir. Un gran trabajo el de María, con mucho carisma y sabiendo transmitir sus emociones.






Su compañero es Germán Rodríguez, como ese Mariano entrador y buscavidas, un vendedor de ilusiones, con mucha labia, un  verdadero encantador de serpientes, que nunca encuentra el trabajo justo, pero siempre tiene la excusa precisa, aunque de a poco, la cruda realidad, irá dejando al descubierto su impostura.

Emiliano Diaz, es el gran Paquito, el invertido amigo de Evita, el que habla de teatro con ella. Hay un giño de la autora de su personaje con el de Paco Jamandreu, confidente de Evita en la vida real ?? Es una duda que dejamos. Un gran actor Emiliano, al que disfrutamos el año pasado en Enamorarse es hablar corto y enredado, otra entrañable obra del off. Aquí dá vida a un artista que se gana su vida de gira por diferentes ciudades, teniendo como mayor capital su valiosa amistad con María Eva Duarte.

Que decir de Fernando Sansiveri, el ladero de Paquito, quien fascinado, introduce el mote de La Sagradita, un personaje sensible y muy querible, que arranca sonrisas del público. Una revelación para nosotros.

Dejamos para el final adrede a Raquel Albeniz, que personifica de manera brillante a una Adela, conservadora y profundamente antiperonista. Una composición admirable, con ese acento bien salteño y sus deliciosos monólogos llenos de resentimiento para las clases bajas y donde relata con pasión, sus veladas en la ruleta, donde con una técnica inimitable, gana fichas por doquier y llena de envidia a quienes la miran, porque para Adela, sin dudas las apariencias son lo más importante. Actuación superlativa, con una enorme presencia escénica, por momentos se come la obra.






Un elenco muy rico, el reunido, con actuaciones muy parejas y destacadas, damos mucho mérito a la directora, que reserva momentos de lucimiento individual, para cada uno de los protagonistas.

La puesta tiene varios ítems para destacar, principalmente el señorial vestuario de época de Jennifer Sankovic, con vestidos largos y sombreros por doquier, distinguidos y acordes a la década del cincuenta. Destacar el muy buen diseño escenográfico de Alejandro Richichi  y el efectivo diseño lumínico de Lucas Orchesi, fundamental en la trama, ya que las luces y la penumbra, son los que marcarán las diferentes locaciones donde se desarrolla la pieza, que presenta una gran dinámica, con actores que van entrando en escena, mientras los otros salen, con una continuidad muy lograda.

En conclusión, quedamos más que contentos con La Sagradita, son esas ocasiones, en las que confluyen un guión, muy interesante de Selva Palomino, que vuelve a traer a escena a Evita y a todo el mito que aún hoy la rodea, recreando todas las divisiones y discusiones de aquella época, que nos permiten ver con claridad, que aunque hayan pasado setenta años, el país sigue profundamente dividido, ahora lógicamente son otros los nombres propios y a la división, se la llama grieta. Lo triste, es que seguimos con peleas de nombres y en vez de tirar todos para el mismo lado, el país siguen inmerso en discusiones fanáticas, que nada aportan y siguen demorando nuestro crecimiento.





Como puede aprecia el lector, es una obra que detrás de la historia, deja lugar a la reflexión, con una puesta atractiva y potente de Gilda Bona, que se apoya en actuaciones magníficas.

El lleno total que viene presentando El Camarín de las Musas todos los Jueves, es una clara demostración que la obra seduce y que el boca a boca está funcionando a pleno. En la función, a la que asistimos nosotros, debieron colocar sillas adicionales, por que la capacidad de la sala mayor del Camarín estaba desbordada, sin dudas son muchos los espectadores, que quieren presenciar esta bella historia de época y comprobar que el mito de la Reina de los Descamisados, sigue más que vigente que nunca.

Recomendamos La Sagradita y celebramos que nuestra dramaturgia siga entregando propuestas tan interesantes y cuidadas desde lo estético.



Pensador Teatral.

lunes, 19 de febrero de 2018

Los Tutores

Jueves a Domingos en Paseo La Plaza ( Av. Corrientes 1660 )






Dramaturgia de Carlos La Casa y Daniel Cúparo, con Dirección de Daniel Cúparo.

Los Tutores, llega al Paseo La Plaza, luego de haber sido una de las ganadoras de la tercera edición del Concurso Contar, que organizar la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales, Argentores y la Asociación Argentina de Actores.
Esta iniciativa tiene como objetivo, estimular a los autores nacionales en el circuito comercial de teatro, ya que las obras seleccionadas, son apadrinadas por importantes productores, permitiendo la llegada de las piezas, al circuito del teatro comercial.

Recordemos que Carlos La Casa, tiene experiencia en esta lides, al haber ganado una edición anterior del Contar, con otra obra de su autoria, Todas las Rayuelas, protagonizada por Hugo Arana, que el año pasado se presentó con gran suceso en El Multiteatro.






En esta oportunidad, junto a Daniel Cúparo,  escribío esta comedia que pone foco en la institución educativa, explorando el comportamiento de los alumnos, de los padres y de las autoridades escolares, logrando que el espectador se identifique muy fácilmente con las historias, que además de divertidas, le resultan muy cercanas.

La trama nos presenta una reunión de padres, organizada por la directora del prestigioso y exclusivo establecimiento educativo al que concurren sus hijos, para informar que los alumnos han cometido un hecho delictivo grave dentro del colegio. Les mostrará los videos que documentan el hecho y con ese disparador, los padres emprenderán una cruzada, para evitar que el hecho trascienda fuera de la escuela y sus hijos sean sancionados, claro que en vez de unirse, comenzará una lucha, que se parece más a un salvese quien pueda.

La obra funciona a pleno, porque logra su objetivo primordial, que es hacer reír al espectador, lo consigue con texto actual, acorde a los tiempos que vivimos, siendo dinámica y con muy ricos cruces dialécticos, ya que cada uno de los padres, tiene un pensamiento diferente. Se han creado en forma inteligente los distintos personajes, provocando muchas situaciones hilarantes, por ese choque de culturas y edades que mencionamos.





Si a este guión inteligente, le sumamos el muy buen elenco elegido, no es de extrañar, que la idea funcione, logrando que el público se ría mucho. Son esas obras, que al tener tanta variedad de personajes, hace que cada espectador tengo un personaje favorito que lo hará reír más.

Arranquemos por Hugo Arana, un actor de gran carisma, al que vimos el año pasado en Todas las Rayuelas, luego de superar algunos problemitas de salud, aquí lo volvemos a disfrutar en el papel de Héctor, el abuelo de uno de los alumnos, chapado a la antigua, algo facho y muy poco tolerante. Un actor enorme Hugo, ejemplo de lucha y un lujo siempre verlo en escena, mostrando siempre el valor de la experiencia.





Laura Oliva, como Fabiana, nos gustó mucho, mostrando sus conocidos recursos para la comedia y para los monólogos ( el año pasado nos sorprendimos positivamente, con su papel en Lo Único que hice fue Jugar, muy buen drama ). Acá Laura, muestra, una gran presencia escénica y se luce mucho en la comedia, en el papel, preocupada por su hijo adolescente.

Ludovico di Santo, es otro de los puntos altos de la pieza, el marido de Laura en la ficción, compone a un político en campaña, parlanchín y medio chanta, que quiere irse pronto de esa reunión de padres, para irse a un acto, donde lo está esperando el Chaqueño Palavecino. Un papel muy festejado por la platea.

Paula Kohan, es para nosotros una gran revelación, madre moderna, profesora de yoga y amante de todo lo natural y las disciplinas alternativas, le otorga mucha frescura a la trama, con momentos hilarantes y muy divertidos.






Dan Breitman, es un padre moderno, que chocará mucho en especial con Hugo Arana que no lo entiende, generándose duelos muy graciosos.

Dejamos para el final a Mónica Cabrera, es la directora de la escuela, la que convoca a los padres, para comentarles el delito protagonizado por sus hijos. Cumpliendo una composición magnífica, como esa típica directora de escuela algo autoritaria, con todos los vicios y muletillas, que nos suenan tan familiares.  Mónica tiene un histrionismo y un carisma especial para el humor, asegurando risas en cada una de sus intervenciones, siendo tal vez el personaje que más risas nos generó.

Como comentamos, se reunió un elenco variado en edades y personalidades, pero todos talentosos y con gran trayectoria, que se muestran muy cómodos en la comedia y los autores, posibilitan a todos ellos, en algún momento de la trama, un espacio para el lucimiento individual, además de funcionar bien en el conjunto, estando siempre los seis en escena.






Siempre cómoda la Sala Plaza Neruda del Paseo La Plaza, predispone muy bien al espectador, para disfrutar la obra, con una puesta, que presenta un muy destacado diseño escenográfico, con los cuadritos de diferentes divisiones, que decoran la oficina de la directora y un diseño lumínico importante.

En definitiva, Los Tutores, es una muy buena posibilidad de ver los trabajos de jóvenes dramaturgos como Carlos La Casa y Daniel Cúparo, con la oportunidad de mostrarse en el teatro comercial, con una comedia actual y efectiva, que cumple con creces su objetivo de hacer reír al espectador, con una obra muy entretenida y un elenco muy talentoso.

Nos reímos mucho y por eso recomendamos la obra, una muy buena salida, para disfrutar de una velada divertida, con un humor ácido y situaciones con las que nos vamos a identificar de inmediato.



Pensador Teatral.


A la Deriva

Jueves 21 hs en El Camarín de las Musas ( Mario Bravo 960 )






Dramaturgia de Amanda Peet y Dirección de Jorge Arzumendi,

En esta oportunidad nuestro prolífico teatro independiente, nos acerca una obra made in USA, escrita por la bella actriz estadounidense Amanda Peet, esposa de David Benioff, el guionista de The Game of Thrones, serie que transita por su séptima temporada de éxito y sigue batiendo records de audiencia en todo el mundo.

Esta es la primera obra escrita por Peet y se estrenó en el off de Broadway en el 2013, nada menos que con Sarah Jessica Parker, como una de sus protagonistas. La pieza llega este año a la Argentina, bajo la dirección de Jorge Azurmendi, en una puesta muy atractiva.






La autora se inspiró en una historia real, la del inversor Bernard Madoff, quien luego de trabajar por muchos años en Wall Street, culminó su carrera, estafando a miles de inversores estadounidenses, siendo arrestado por el FBI en el 2008, siendo su caso considerado, como uno de los mayores fraudes, en la historia de las finanzas.

En la obra, no se hace referencia alguna a Madoff y el argumento central tiene algunas variantes, arrancando en el instante posterior, a que el jefe de una tradicional familia judía residente en New York, es encarcelado acusado de estafar y traicionar, nada menos que a sobrevivientes del Holocausto. El arrestado no aparece en escena, quien protagoniza la pieza, es su esposa Judith ( Cristina Dramisino ) que perseguida por la justicia, debió abandonar su lujoso apartamento en el Central Park, para exiliarse en la costera Pensacola.

Con sus bienes embargados y debiendo soportar el acoso de los medios, que cubrieron el escandaloso caso, Judith debe refugiarse en esa casa de la playa, con el dolor por la debacle económica y soportando la mirada severa de una sociedad, que no perdona el aberrante accionar de su esposo y la mira con desconfianza a ella, no creyendo, que pudiera desconocer totalmente las actividad ilícitas de su esposo.







El escarnio, llega a toda la familia, todos son manchados por el escándalo.Sus hijas y su nieta, preocupadas por su débil estado de salud de Judith, la irán a visitar, pero las relaciones en ese grupo familiar, atraviesan su peor momento, hay pases de facturas permanentes, reina la desconfianza y aparecen los problemas económicos, las añoranzas por un nivel de vida, que hoy suena lejano y hasta obsceno por su origen, surgiendo una necesidad irrefrenable, por despegarse del aberrante delito que marcó al patriarca familia.

El objetivo de las mujeres de esa familia, es demostrar que nada tuvieron que ver con aquella estafa, tratando de quedar a salvo del huracán desatado y queriendo dejar en el olvido, aquellos tiempos, en el que disfrutaron del bienestar económico, sin cuestionarse nada.

La historia central, presenta a su vez, historias secundarias, que en nuestra opinión, no pueden desarrollarse con el tiempo y volumen requerido, generando alguna desvío innecesario, sin embargo la tensión y el suspenso, no cede en ningún momento y en esto es fundamental, las actuaciones que tiene la obra.






Y si hablamos de las interpretaciones, nos tenemos que referir de inmediato a a Cristina Dramisino, que literalmente se come la cobra, con una composición fantástica. Sus tonos de voz, su gestualidad, sus miradas, sus desplazamientos, todo resulta perfecto, dando vida a una mujer de dos caras, sufriente y víctima por un lado y por el otro siendo una mujer ambiciosa y manipuladora. Cristina es una actriz que nos encanta y en esta ocasión, aprovecha todas las posibilidades que le brinda este protagónico de mostrar sus condiciones, para deleitar al espectador, con una interpretación exquisita.

Si bien Dramasino es el centro de atracción de la pieza, para nada está sola en escena, hay otras mujeres que la acompañan y en gran forma. Cecilia Chiarandini es Becca, una de sus hijas, actriz frustrada, con problemas económicos y una vida errante, tanto en lo laboral, como en lo sentimental. Cecilia muestra mucha química y entendimiento con Cristina, se conocen de Independencia, una muy buena obra del off, cuyo director era el mismo Jorge Arzumendi, trío que se vuelve a encontrar aquí. Nos gustó mucho el trabajo de Cecilia, una actriz muy versátil.







La revelación de la obra, para nosotros es la joven Mora Monteleone, como Lissy, la nieta de Judith, compone una adolescente sexy y liberal, que se mueve con mucha madurez, en el río tumultuoso que es la familia en estos momentos. Una muy buena labor la de Mora, aportando mucha frescura a la pieza.

Completan el cuadro de mujeres, Agustina Saenz, como Alicia, la hija menor, madre de Lissy, que trata de imponer una cuota de moral, una rareza en esta familia y Cristina Fernández, como la temperamental enfermera, que acompaña la vida en soledad, de la dueña de casa. Ambas cumpliendo sus papeles con solvencia.


El elenco se completa, con un hombre, que aporta la cuota de masculinidad, en muy buena forma, nos referimos a Lionel Arostegui, el periodista y ambicioso novio de Becca, que mira con recelo a una familia que está en el ojo de la tormenta, buscando cualquier oportunidad para sacar tajada. A su muy buena actuación, le agrega las canciones que interpreta en inglés, acompañado se su guitarra.






La puesta de Arzumendi, resulta atractiva y original, con ese doble plano que aprovecha el amplio escenario del Camarín de las Musas, donde en el primer plano se representan las acciones y en el segundo, de fondo, vemos a los los actores que permanecen inmóviles, mientras no participan, como en trance, esperando su turno, para volver a escena.

 Una interesante propuesta la de A la Deriva, un profundo drama familiar, que inspirándose, en un caso real, pone sobre el tapete la fundamental influencia que tiene el dinero en los vínculos humanos y como en épocas de abundancia, poco importan los temas morales, pero cuando la plata se acaba y llegan los problemas, aparecen los conflictos y las culpas, que en los momentos favorables se ignoraban, quedando al desnudo las miserias humanas, en toda su expresión.

Un texto que llega del off americano, a nuestro teatro independiente, con una precisa dirección de Jorge Arzumendi y actuaciones muy lucidas, con el destaque mencionado de una actriz de excelencia como Cristina Dramisino, que junto al elenco que la acompaña, nos ofrecerán una vertiginosa noche de buen teatro.



Pensador Teatral.