jueves, 1 de octubre de 2026

La Mesa

Dramaturgia de Andrea Ojeda. Dirección de Diego Cazabat.




Jueves 20 hs en Centro Cultural de la Cooperación ( Av. Corrientes 1543 )

Estamos en presencia de una propuesta fuerte e intensa de Andrea Ojeda que expone, con una crudeza que por momentos duele, situaciones que pueden atravesar a muchas familias. La muerte de un ser querido puede quebrar definitivamente aquello que parecía unido, dejando a quienes quedan sin saber muy bien cómo continuar. En La Mesa o las formas que toma el amor, una familia se reúne alrededor de una mesa después de la muerte del padre y, a partir de ese momento, comienzan a aparecer las miserias que permanecían ocultas. La codicia, la envidia, la avaricia, la falta de empatía, el desprecio por lo que piensa el otro y viejos resentimientos salen a la superficie hasta provocar una verdadera implosión familiar.






La obra transita ese territorio con una crudeza que no busca suavizar lo que muestra. Hay algo reconocible en esas discusiones, en los reproches y en la imposibilidad de escucharse, aunque aquí muchas de esas situaciones aparecen llevadas al extremo. Y justamente allí está una de sus mayores fortalezas: exagerando determinadas conductas, La Mesa consigue poner frente al espectador sentimientos y miserias que existen y que muchas veces permanecen escondidos hasta que un hecho límite los hace estallar. El amor familiar, entonces, aparece dominado por las experiencias negativas, atravesado por el poder, el resentimiento, la necesidad y la imposibilidad de perdonar., quedando esto muy expuesto en el trato que le dan a la madre, a la que destratan de una manera despiadada.

Con dirección de Diego Cazabat, la obra construye alrededor de esa mesa un laberinto familiar, del que resulta imposible escapar indemne. Son siete los actores en escena, cada uno tiene su propio conflicto y su propia manera de enfrentarse con los demás, con un conjunto que  funciona con una intensidad que sostiene el despliegue escénico. Queremos destacar especialmente la composición de Alejandra Tabach, como Marianella, la madre, que ocupa un lugar fundamental dentro de esa familia desmembrada,  Sin casi tener que hablar, su presencia desde el silencio y las miradas, es notable. Gran trabajo de Alejandra.






Pero hay que dejar en claro, que la destacable actuación de la madre, no opaque el gran trabajo del resto del elenco. Las tres hijas, interpretadas por Luz Miraldi, Carolina Del Valle y Ana Rodríguez, y los tres hijos, a cargo de Mario Gutiérrez, Marco Álvarez y Juan Bampini, construyen personajes complejos y muy diferentes entre sí, que protagonizan una verdadera guerra de todos contra todos. En ese enfrentamiento permanente aparecen numerosas facturas pendientes que se pasan de unos a otros, viejos rencores, reproches y.heridas que parecían guardadas y que ahora encuentran el momento para salir a la luz, muchas veces con una violencia extrema.

Diego Cazabat consigue así una puesta despiadada y perturbadora, donde el clima acompaña permanentemente la tensión de la historia. Se destaca especialmente el magnífico diseño de vestuario de Julia Fassone , caracterizando muy bien a los personajes. La penumbra, la oscuridad y el espacio cerrado generan una atmósfera asfixiante, casi de pesadilla. Hay momentos en los que La Mesa se acerca al terror, no necesariamente por lo que sucede en escena sino por aquello que puede reconocerse detrás de esa violencia: la crueldad con la que personas unidas por la sangre pueden llegar a tratarse.





Y hasta aqui vamos a contar, La Mesa es una propuesta fuerte, valiente y políticamente incorrecta. No intenta quedar bien con nadie ni presentar una imagen amable de los vínculos familiares. Por el contrario, se anima a llevar algunas situaciones al límite para mostrar, sin medias tintas, los peores sentimientos de la condición humana.

Es una obra que incomoda y por momentos duele, con actuaciones de gran nivel y una puesta perturbadora que potencia la crudeza de lo que se cuenta. Lo que más me queda es esa sensación de estar frente a una familia que, una vez desaparecida la figura que la sostenía, deja caer todas sus máscaras. Aparecen entonces los resentimientos, las rivalidades y las miserias que permanecían escondidas, dejando al descubierto una realidad tan dolorosa como reconocible: muchas veces, el interés económico termina imponiéndose sobre los afectos.


Pensador Teatral.



La Mesa. Reseña teatral de la obra de Andrea Ojeda, dirigida por Diego Cazabat, en el Centro Cultural de la Cooperación.