sábado, 13 de octubre de 2018

Del Polvo de las Esquinas

Dramaturgia y Dirección de Laura Derpic Burgos.







Sábados 19 hs en Espacio Sísmico ( Lavalleja 960 )

Una propuesta original llega de la mano de la dramaturga boliviana Laura Derpic, quien llegó a Buenos Aires en 2011 desde La Paz, siendo parte del curso de Dramaturgia de la Emad, dirigida por Mauricio Kartún, pudiendo dedicarse de esta manera de lleno al teatro, su pasión,  algo que en su país no era tan sencillo, debido al menor desarrollo, que tiene la actividad teatral.

En 2014, Laura se mudó a Madrid para realizar un máster en Creación Teatral y allí se sembró la semilla para lo que luego sería Del Polvo en las Esquinas. Una de las primeras tareas del máster, consistió en asistir a una muestra en el Museo del Prado, que trataba sobre el aniversario 400 de la muerte del Greco. La Anunciación, uno de los cuadros más emblemáticos de Greco y la fuerte raíces católicas de la ciudad Madrid,  le recordaron a la autora, imágenes de su Potosí natal y fueron disparadores, para que Laura, escribiera este texto desde un lugar muy personal.








La historia es original y de alguna manera irreverente, pudiendo causar alguna polémica, ya que mediante al texto teatral, cuestiona la manera en que fue contada la vida de Jesús, trayendo la historia bíblica reinterpretada, a los tiempos actuales.

En al arranque de la obra, veremos a José, trabajando alegremente en su taller de carpintería, cuando irrumpe  María, su prometida, para comentarle algo increíble que le había sucedido esa mañana. Un hombre, que según su extraña vestimenta, parecía ser un ángel, ingresa a su habitación por una ventana, y le anuncia que Dios la eligió para dar a luz al Salvador.








Se imaginan la reacción de José cuando María le cuenta lo sucedido ?? Podría creer una historia que resulta tan inverosímil ?? Sería conveniente continuar con ese embarazo ??? Y lo último que diremos, que sucedería si Jesús naciera mujer y no hombre como la Biblia nos enseñó.

La dramaturgia es extremadamente creativa, ambiciosa y si bien puede ser algo compleja de seguir en algunos momentos, el espectador se siente muy atraído tratando de entender lo que sucede allí, buscando semejanzas y diferencias con la historia por todos conocidas.

La dupla protagónica conformada por Melina Marcow ( María ) y Laureano Lozano ( José ) se muestra sólida y se destaca mucho. Tienen papeles muy complejos y logran darle realismo a la historia. Muy buenos sus trabajos.








Marian Pérez, es un ángel muy especial, con mucho histrionismo, trae alegria y momentos divertidos a una historia que por momentos es dramática.
Por último mencionar a Ana Capalbo, como el joven Jesús, si leyó bien, una actriz en ese rol, porque en el universo de la autora, es lo que corresponde.

La puesta tiene para destacar el diseño escenográfico de Esteban Siderakis, que representa de manera perfecta un taller de carpintería y hay un muy buen diseño de vestuario de Daniela Chihuailaf, con algunos detalles sutiles,  que nos gustó mucho.







Sin dudas, Del Polvo de las Esquinas, como puede apreciar el lector, es una obra muy particular, en algún momento el espectador puede estar algo confundido, si no vá con la mente abierta, ya que el relato tiene algunos toques fantásticos.

Una propuesta distinta, que se anima a innovar y a cuestionar, la de Laura Derpic, una de las dramaturgas bolivianas más influyentes de su país en la actualidad,  que se atreve a salir de la comodidad de los textos comunes y cuestiona algunos conceptos religiosos arraigados, invitando a reflexionar sobre temas actuales, tomando como base una reinterpretación de hechos bíblicos, con un desparpajo, que hay que destacar.

Desde nuestro punto de vista, el teatro que cuestiona e interpela con valentía, siempre debe valorarse. Como siempre, será el espectador cuando vea la obra, quien tendrá la última palabra y dará su punto de vista acerca de esta otra historia posible de Jesús, muy diferente a la que conocemos, pero a la vez con muchas coincidencias.



Pensador Teatral.


viernes, 12 de octubre de 2018

La Cuna Vacía.

Dramaturgia y Dirección de Omar Pacheco.







Viernes 21 hs en Teatro La Otra Orilla.

Estamos en presencia de una obra, que lleva nada menos que doce años en cartel. Se estrenó en 2006 y sigue presentándose en la actualidad, con una respuesta sensacional de un público, que agota las localidades en cada función.

Viendo la obra, no quedan dudas, acerca de las razones que explican este fenómeno, La Cuna Vacía, es una joya del teatro independiente, una propuesta diferente a cualquier otra obra, tiene un estilo propio, funcionando como una pieza de relojería, con una puesta fantástica, donde cada movimiento está sincronizado y cada escena está pensada en detalle.








Omar Pacheco, es un dramaturgo brillante, que inició su carrera en el mundo del teatro en la década del 70, cultor del perfil bajo y siempre lejos del ruido de los medios. Tuvo que exiliarse en Estados Unidos y Brasil, durante los años de la dictadura y cuando retornó al país, conformó el grupo Teatro Inestable y en 1994 fundó la sala La Otra Orilla, en pleno barrio de Once, que hoy es su reducto, su casa, en la que presenta sus obras y trabaja con mucha pasión, junto a un equipo de actores muy talentosos, que comparten su filosofía de trabajo y de vida.

Omar es un creador, que eligió estar a contramano de las normas del teatro convencional, eligiendo apostar por la exploración, por la sensibilidad, pugnando por un teatro distinto, donde los cuerpos y las imágenes sean los transmisores del mensaje y no la palabra,  como ocurre habitualmente. Su apuesta además de novedosa, requiere muchísimas horas de ensayos, de investigación y un compromiso absoluto de los actores, que deben entregarse por completo a su exigente método, que tiene un sello propio, que lo distingue en Argentina y fuera del país ya que su metodología trascendió las fronteras.









Yendo a La Cuna Vacía, podemos decir que tiene una potencia notable, la puesta no dá respiro, las imágenes se suceden, la oscuridad reina y la poesía está presente en todo momento. Lo real y lo onírico están en permanente conflicto, los actores aparecen y desaparecen casi por arte de magia, gracias al magistral diseño de iluminación que tiene la obra.

El silencio con que el público acompaña el desarrollo de la pieza es absoluto, el espectador sigue atento cada escena, casi con devoción, se sorprende permanentemente con el despliegue escénico, el foco de atención cambia permanentemente, ya que las acciones se desarrollan simultáneamente en diversos planos,en el escenario convencional, en un piso superior y en un lateral con títeres ( genial este recurso ) , no queremos contar demasiado, para que aquellos que no vieron la obra, se sorprendan como lo hicimos nosotros.

Solo decir, que palabra está casi ausente en la obra, sólo uno de los actores, aparece en alguna ocasiones, como una suerte de presentador y dueño de un juego macabro que se representa y cuyas reglas, el se encarga de enunciar.








El trabajo de los actores es admirable, la precisión y la coordinación con la que ejecutan sus movimientos y coreografías asombran. Se nota que para lograr el producto final que los espectadores ven, hay muchísimas horas de trabajo atrás. Además se nota a todos los integrantes del elenco,  comprometidos y orgullos de formar parte de un proyecto,  que saben es emblemático.

Vamos a mencionar a todos los integrantes del elenco, ya que todos resultan piezas fundamentales para el conjunto que resulta la obra y creemos es justo dar sus nombres, Valentín Madeiros, María Centurión, Ivana Noel Clará, Luciana Capriotti, Betiana Cueva Kaio De Almeida, Cintia Gauna, Samanta Iozzo, Agustina Miguel, Melissa Ribelotta Domecq, Emilia Romero, Muriel Sago y Ginna Alvarez, esperemos no haber olvidado a ninguno.
Si bien alguno de los mencionados, se destacan más, por estar más tiempo en escena, compartimos la filosofía del elenco, que prefiere resaltar el grupo en su conjunto y no individualizar, algo que también habla de la humildad y perfil bajo, que seguramente heredan del director.

La Cuna Vacía, aún no lo mencionamos, nos habla del desgarrador dolor de la ausencia, de la apropiación de los bebés, del sufrimiento conmovedor de esas mujeres que luchan por volver a ver a sus seres queridos. Omar como dijimos antes, estrenó este obra en 2006, para recordar los treinta años del golpe de 1976, donde comenzó la dictadura más sangrienta que vivió Argentina, con la intención de que su obra, sirva como testimonio de los años de lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayor por verdad,  justicia y memoria.








Lo notable de Omar, es que realiza este homenaje de manera sutil, Pacheco no gusta de las obviedades y sabe introducir el tema con un vuelo poético que apabulla por su belleza, sugiriendo mucho sin ser explícito,  llevando al espectador a vivir una experiencia que estimulará sus sentidos y lo movilizará, no pudiendo quedar indiferente, ante la contundencia de las imágenes que recibe.

La puesta es fantástica y riquísima, con una minuciosidad y una sincronizacion que dejan al espectador con la boca abierta. el sistema de luces creado por el mismo autor en La Otra Orilla es impactante, la oscuridad es interrumpida, por haces de luz, que surgen de diversos lugares y ángulos, iluminado a los protagonistas y dejándolos en las oscuridad absoluta, en cuestión de segundos. Tampoco podemos dejar de mencionar la notable musicalización que presenta la puesta, acompañando y suavizando algunos momentos duros de la trama.

No queremos contar más, consideramos que La Cuna Vacía, es una de esas obras imprescindibles, que deben verse casi en forma obligatoria, ya que es una experiencia multisensorial, que no vamos a ver a menudo, con la que el espectador se conmoverá.









Sin dudas, estamos en presencia de un espectáculo que rompe con las convenciones establecidas, un trabajo multidisciplinario, que se caracteriza por la belleza de sus imágenes, por la fuerza de la puesta y principalmente por su nivel de excelencia. que es una verdadera joya, que el teatro independiente nos ofrece,

Nuestras felicitaciones a Omar Pacheco y a su grupo de Teatro Inestable, por La Cuna Vacía, que sin dudas, ya tiene un lugar, entre las mejores obras que dió nuestro teatro en las últimas décadas y seguir teniéndola en cartel, es algo que ningún amante del teatro, debe perder de vista.

Para ver y volver a ver más de una vez, para emocionarse y conmoverse, con esta verdadera joya de nuestro teatro independiente, que lleva doce años en cartel y que auguramos seguirá por mucho años más.



Pensador Teatral.



miércoles, 10 de octubre de 2018

Rala

Dramaturgia y Dirección de Rosina Fraschina.








Miércoles 21 hs en Centro Cultural de la Cooperación.

En el marco del Pequeño Festival de Octubre organizado por el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, se presentó Rala,  muy buen exponente del teatro independiente que llega a la calle Corrientes, de la mano de este Festival, cuyo objetivo precisamente es dar a conocer el trabajo de artistas del teatro independiente, que muchas veces no tienen tanta vidriera para mostrarse.

Rala es la opera prima, como autora y directora, de Rosina Fraschina, formada en el clown y dejando por primera vez su rol de actriz, para encarar este proyecto, que nace a partir de un trabajo colectivo entre los actores y ella, donde la escritura de lo que sería el texto definitivo, fue surgiendo a partir de improvisaciones, pruebas y ensayos, lo que habla de la riqueza y libertad del proceso creativo.








La obra podemos definirla como una comedia negra, desopilante por momentos y generando muchas risas en la platea, debido principalmente a los personajes con características muy marcadas y una puesta muy atractiva.

La historia arranca con la noticia de la muerte de la Tía Hilda, que todavía está en su casa, esperando que la vengan a buscar de la funeraria. En la casa están quienes vivieron con ella y la cuidaron hasta el último instante, nos referimos a los tres hermanos, Ana, Josué y Ernesto, quien lucen desconcertados, ante la partida imprevista de la jefa del hogar.

La casa está alborotada y lo estará más con la llegada de Miné, una sobrina de la tía a la que ellos no conocían. No sabían que la tía tenía familia y Miné tampoco conoce a estos hermanos. Nunca los había visto antes. Que parentesco tenían con la tía ?? Serán realmente parientes de la tía ??  La desconfianza reina entre ellos.








Miné revoluciona la casa, es curiosa y abierta a las nuevas experiencias. Con su desparpajo y su encanto, atrae tanto a Ernesto, como a Josué. La que no la mira con buenos ojos es Ana, que no quiere a nadie de afuera que pueda poner en peligro su liderazgo y mucho menos a otra mujer.

Bueno hasta allí contaremos el espectador cuando vea la obra, descubrirá como los hermanos percibirán la amenaza que puede resultar la recién llegada, que a lo mejor vino para quedarse con la casa y dejarlos a ellos sin nada, por lo que veremos gran cantidad de escenas divertidas y disparatados, entre estos personajes tan particulares.








El punto fuerte de la obra, son las actuaciones, los cuatro personajes que presenta la pieza, tienen rasgos muy marcados, diferentes de los demás, gracias a ello y a la libertad que les concede la directora,  pueden lucirse mucho.

Arranquemos por Julia de Ciocco, como la temperamental Ana, es quien ahora, lleva las riendas de la casa, como ella misma dice, es la que corta el bacalao. Líder del grupo, trata de mantener el órden y sus hermanos varones le temen, por sus enojos. Muy bueno de lo Julia.

Matías Katz, es Josué, siempre con un librito a mano, es subestimado por el resto y sufre especialmente el maltrato de Ana. Federico Paiva, como el introvertido Ernesto, que es acosado por  una decidida Miné. Federico impresiona por su gestualidad y es tiene momentos muy graciosos,  Dos personajes entrañables, que provocan  sonrisas al por mayor, con sus magníficas actuaciones.








Para el final dejamos a Camila López Stordeur, como Miné, que sencillamente la rompe. Aporta frescura y una sonrisa muy contagiosa.  Se muestra pícara y parece disfrutar la revolución, que causó su llegada a la casa Impresiona el histrionismo de Camila, que nos regala una composición fantástica, es la primera vez que la vemos en escena y nos gustó mucho su trabajo.

Como dijimos antes, las interpretaciones son un punto muy alto que tiene la obra. Se reunió un elenco joven y muy talentoso, que se nota,  se divierte con la historia y aprovecha la libertad de movimientos, que les otorga la directora.  Como dato curioso, decir que no se conocían entre ellos de trabajos anteriores y la única caraterística que los unía, es tener experiencia en el clown, algo que se nota en la pieza, por el uso que hacen de sus cuerpos y las muchas caídas / tropezones,  que veremos a lo largo de la trama.

La puesta es muy atractiva y tiene muy buen ritmo, nos gusto mucho el diseño escenográfico de Lina Boselli y debemos destacar la importancia que presenta para la trama el excelente diseño lumínico de Horacio Novelli, jugando mucho con la oscuridad y los protagonistas, siendo un ítem para resaltar.








Para ir concluyendo, una propuesta muy fresca la de Rala, una comedia negra, disparatada la mayoría del tiempo, pero que muestra situaciones que nos resultan cercanas, como la amenaza que se siente por la llegada de un extraña a nuestro círculo y  como se reacciona para tratar de alejarlo. Además se muestra como muchas veces la muerte de un familiar, provoca desconcierto y momentos de confusión, en los que aparecen luchas por el poder y por lo material

Como dijimos al comienzo, es importante la iniciativa del Pequeño Festival que organiza el Centro de la Cooperación, que contribuye con el teatro independiente, permitiendo dar visibilidad a obras entrañables como Rala, posibilitando además, que jóvenes actores, tengan la chance de mostrar sus condiciones y su talento.

El aplauso con que los espectadores premian a los protagonistas al final de la función, es un claro indicador que la obra gustó mucho y que vivimos una noche muy divertida a puro teatro independiente.



Pensador Teatral.

sábado, 6 de octubre de 2018

El Deber del Señor Biondi

Sábados 23 30 hs en Teatri Il Piccollino ( Fitz Roy 2055 )







Dramaturgia de Carlos Sanzol y Dirección de Pierre Marquille.

Una original y futurista propuesta llega de la mano de Carlos Sanzol, joven escritor y periodista, que con El Deber del Señor Biondi, nos presenta un drama ambientado en el año 2080, que tiene muchos condimentos de ciencia ficción, género muy poco explorado el el teatro.

En esta historia, tenemos una sociedad que podríamos imaginar para nuestra humanidad, para dentro de 50 años, en la que existe un régimen poderoso, que todo lo controla, desde con quien debemos casarnos, cuantos hijos debemos tener ( si es que nos autorizan a tenerlos ), que música podemos escuchar y hasta cual será el argumento de la telenovela de la noche, esa que se emite en horario central y todos ven.







En este país donde todo está normado, Mireya Leguizamon ( Mariela Aracena ) una mujer de 44 años, decide solicitar al régimen, el servicio, eufemismo con se menciona la solicitud del derecho a morir, circunstancia donde previsto el envío de un agente estatal, que irá a la casa de la ciudadana solicitante, a efectos de cumplir con la misión.

El disparador el potente y sorprende al espectador que mira asombrado lo que irá aconteciendo. Enseguida llegará el Sr. Antonio Biondi ( Pierre Maequille ), el encargado de brindar el servicio. Mireya lo recibe con alegría y agradece la rapidez con que el régimen, respondió a su pedido, sin dudas se siente una privilegiada, ya que conoce casos de personas que esperan por más de seis meses, la respuesta, al particular servicio pedido.

El trámite parece será sencillo, Boindi está acostumbrado a cumplir a diario con el trabajo y al escucharlo hablar, se nota que es un verdadero profesional, algo que tranquiliza a Mireya, que siente que está en buenas manos. Solo queda cumplir con la burocracia del caso, llenar y firmar unos formularios, para que todo quede documentado y algo importante,  elegir la opción, con la que la ciudadana, quiere que se cumpla el servicio.








La cuestión debe ser rápida, Mireya quiere recibir el servicio cuanto antes y Biondi cumplir su trabajo, para volver a casa, Pero el encuentro entre ambos, genera algunos diálogos entre ellos ( ambos reconocen que hace tiempo no hablaban en extenso con otra persona ) y lo que parecía ser un tramite rutinario, se demorará más de lo que ambos pensaban.

Hasta allí contaremos, la obra tiene una muy buena cuota de suspenso y dejaremos que sea el espectador cuando vea la obra, quien descubra, si el servicio finalmente podrá ser cumplido o el vínculo que se genera entre la mujer y su verdugo, puede poner en peligro, lo que ya firmaron.








Solo diremos que esta sociedad en particular, donde los deseos de los personas se suprimieron para evitar el sufrimiento y el deber está por encima de todo, las apariencias muchas veces pueden engañar y detrás de ese orden estricto, hay muchos sentimientos ocultos y reprimidos, que en algún momento pueden salir a la superficie.

La temática es dura, pero en el dramatismo de la situación y por la naturalidad con que toman el tema, el autor logra algunos momentos muy graciosos, que contrastan con el trasfondo de la obra y para que esto ocurra, hay un mérito enorme en la dupla protagónica que protagoniza la obra.

Mariela Aracena es Mireya Leguizamon, una sufriente mujer, que transmite su dolor y resignación por lo irreversible de la situación. Una interpretación magnífica la de Mariela, a quien vimos el año pasado, en Forjadores de una Nación Pujante ( escrita también por Carlos Sanzol ), comedia en la que también se lucía mucho, con un papel diametralmente opuesto a este. Aquí muestra su versatilidad y estar a la altura del protagónico, componiendo a una Mireya, dulce y querible, que transita el momento, con una dignidad asombrosa, para redondear una actuación magnífica, que llega al corazón del espectador.







Fundamental también lo de Pierre Marquille, que también es director de la obra, parece el personaje ideal para el papel, ya que reúne las características necesarias para el Señor Boindi, serio, profesional y extremadamente servicial con aquellos que piden su servicio. Hasta su tono de voz resulta especialmente convincente. Pese a lo siniestro de su profesión, logra darle a su personaje, una humanidad y hasta una ternura, que solo, se concibe por su gran interpretación.

En definitiva, mucha química en la dupla protagónica, se los nota muy seguros y cómodos en sus personajes, comprometidos con la historia y logrando una excelente conexión entre ellos, algo que redunda de manera muy positiva para la dinámica de la trama.









La puesta que propone el director, es realmente atractiva, con muchos guiños y códigos de un mundo futuro. Es de carácter íntimo y minimalista con objetos y lenguajes, acordes con el género de ciencia ficción propuesto. Nos gustó el diseño lumínico de Mariano San Martín, propiciando los climas que pide la pieza y el vestuario donde predomina el color negro, con una variante en Mireya, que dejaremos sea descubierta por el espectador.

El Deber del Señor Biondi, es una propuesta que seduce, esto se nota, por el silencio absoluto con que los espectadores, siguen el desarrollo de la obra, que por momentos es dura y conmueve, pero también invita a la reflexión, interrogando sobre si realmente en el futuro, podría existir una sociedad, en la que las personas vivan, solo cumpliendo normas y no hubiera lugar para los deseos. Y si esto fuera posible realmente seria realmente una sociedad feliz, porque nadie sufriría, al no existir los deseos frustrados ? O por el contrario la infelicidad y la desazón reinarían ?  Dejamos planteado el interrogante.

En resumen, estamos en presencia de una obra valiosa, donde confluyen una dramaturgia original y arriesgada, que nos invita a pensar, una puesta que seduce y actuaciones excelentes, todos factores, que se unen, para redondear una muy buena noche teatro independiente, que celebramos y recomendamos.



Pensador Teatral.


viernes, 5 de octubre de 2018

Leo tus Labios

Dramaturgia y Dirección de Eloisa Tarruella.








Viernes 21 hs en Teatro Pan y Arte ( Boedo 876 )

La sensible pluma de Eloisa Tarruella, vuelve a nutrir al teatro independiente, con una hermosa historia de amor, plena de poesía, con impronta cinematográfica, en una puesta muy cuidada y extremadamente bella.

Leo tus Labios, Rapsodia de un Amor, nos cuenta la historia de Amelia y Silvio, que se inicia a través de las ventanas. Ella tiene 17 años y está en un internado juvenil, donde su madre la dejó cuando tenía 4 años. El es un actor en formación, que quiere ser alguien en la profesión.










Se observan diariamente a través de sus ventanas y desde esa distancia comienzan a construir un diálogo con un lenguaje propio. Hasta que en un momento, los cristales dejan de separarlos y se animarán a vivir un amor intenso. Amelia es frágil e inocente y está profundamente enamorada de Silvio, que no puede resistirse a la candidez de esa bella adolescente.

Parece que desde esas ventanas, el destino los unió, para conocerse primero y amarse luego por el resto de sus vidas. Pero muchas veces, la vida tiene otros planes y amores que parecen destinados a perdurar quedan truncos, por múltiples circunstancias.








No vamos a contar mucho más, queremos que el espectador cuando vea la obra, descubra que sucederá cuando transcurridos quince años y de manera fortuita, Amelia y Silvio se reencuentran en una librería. Las cosas ya no eran iguales, ambos estaban casados y con sus vidas encaminadas. Hay heridas del pasado que dejaron huella, pero también cenizas de un amor apasionado, que plantean el interrogante, con el que cerraremos nuestro relato. Puede un amor resurgir luego de quince años ?? Es posible ello ?? O el paso de la vida y los años, sepultaron el amor ??

La apuesta de Eloisa es arriesgada, ya que juega con un ida y vuelta constante en el tiempo, pasado y presente se confundirán en los diferentes capítulos que tiene la obra, que como su subtítulo lo indica es un rapsodia, es decir distintos fragmentos que armarán el total de la historia, como si tratrara de un rompecabezas, algo que en el cine, disciplina que Tarruella maneja muy bien, es algo muy utilizado, pero es muy difícil verlo en el teatro, por lo complejo que resulta la ejecución.








En este caso la apuesta de la autora, llega a muy buen puerto y estos cambios temporales, le dán atractivo y sorpresa a la historia. Para conseguirlo, se apela a cambios de vestuarios de los protagonistas y escenas separadas, por imágenes que se proyectan, acompañadas de una música muy bella, que enmarca de gran manera el relato.

El desafío exige también desde lo actoral y en este caso Eloisa, también se anima a ser la protagonista de su historia. En nuestro caso, es la primera vez, que la vemos  el rol de actriz y fue una grata sorpresa, verla, componiendo una adolescente enamoradiza primero y luego ya una mujer adulta. En ambos casos dotando su Amelia, una dulzura y un vuelo poético que celebramos.

Quien la acompaña en escena es Julio Bambill, que con mucha presencia escénica, logra dotar de mucha sensibilidad a su personaje. Un actor mayor que Amelia, que en primer término domina la relación, pero transcurrido los años, los roles parecen invertirse. Muy bueno lo de Julio.









Esta dupla protagónica, ya de conoce de Amorar, entrañable obra del off, que tuvo mucho suceso hace unos años. Este conocimiento, sin dudas, les otorga un entendimiento y una química a la pareja, que es bienvenida en estas historias de amor, donde hay escenas románticas y la conexión entre los actores, es muy importante.

La puesta como ya adelantamos es muy cuidada, tiene una estética muy bella, comenzando por el diseño escenográfico, que tiene los dos hogares en los lados y un colchón, en el centro, como símbolo de la importancia que tiene la pasión en el relato, un diseño lumínico de Patricia Battle. que crea la intimidad que la pieza pide, Gran valor le damos al vestuario de Soledad Gásparí, con muchos cambios y colorido.

La estructura cinematográfica que presenta la obra, se nota en que el relato no es lineal y la importancia que tiene lo audiovisual en la puesta. jugando con fotomontajes con elementos claves para la pareja. Por último mencionar la música original de Florencia Albarracín, que realmente deleita al espectador y lo sumerge en las emociones que presenta la obra.









En nuestra opinión, una hermosa historia de amor, la que escribió Eloisa Tarruella, que además de convocar a la poesía, siempre sale del área de confort y arriesga, en este caso lo hace con una puesta, donde el ida y vuelta entre pasado y presente,  es una característica muy bien explotada, que permite apreciar como el amor y el tiempo, en algunas oportunidades pueden ir de la mano y en otras no, para confirmar que es casi imposible pronosticar si una ruptura amorosa temporal, en algún momento podrá reconstruirse.

Nos gustó mucho Leo tus Labios, bella y onírica historia, con una cadencia en el relato, que permite disfrutar de la historia, de las actuaciones y de una puesta tan rica en recursos.

Recomendamos llegarse hasta el bello Pan y Arte de Boedo, para vivir una noche junto al mejor teatro independiente y comprobar que las historias de amor, cuando son bien contadas, siempre emocionan.



Pensador Teatral.


Barrera Baja

Dramaturgia de Ricardo Halac y Dirección de Lizardo Laphiz.







Miércoles 21 hs en El Método Kairos ( El Salvador 4530 )

Una interesante propuesta llega de la mano de Ricardo Halac, dramaturgo argentino, reconocido y de extensa trayectoria, con numerosas obras de teatro y guiones exitosos de televisión en su carrera, que con sus flamantes 80 años sigue escribiendo sobre hechos de nuestra historia, que algunos prefieren olvidar que los han vivido y otros por la edad, conocen, solo por crónicas periodísticas de aquellos años.

En este caso Barrera Baja, se sitúa temporalmente en la década del 90, época de apogeo del menemismo en la Argentina, habiendo transcurrido ya más de diez años, desde la caída de la dictadura. Con la democracia en marcha, el país había cambiado y algunos ideales también. Ya nadie hablaba de la lucha armada y algunos que estaban combatiendo de un lado de la trinchera, en esos años, se transformaban en empresarios y pasaban del otro lado, renegando de una época, que no reconocen como propia.







En unos de los tantos countrys, que aparecieron precisamente en esos años, como una manera de vivir aislado de los peligros del mundo exterior, viven la jóven Irina ( Tamara Liberatti ) con su madre ( Adriana Bernardotti ). Por lo que se vé, tienen una buena vida acomodada y lejos de las preocupaciones, aunque no queda claro cual es su modo de vida.

Una noche en que Irina, está estudiando para rendir un examen, que tiene al día siguiente, la tranquilidad y seguridad de esa casa en el country, se vé sacudida, por el ingreso de un hombre que aparenta ser un linyera, por su aspecto descuidado, ya que luce sucio y con sus ropas raídas. El espectador enseguida imagina que el extraño, va a agredir a la bella adolescente.

Pero las apariencias muchas veces engañan y la joven que se asustó mucho cuando vió entrar a aquel hombre, cuando lo miró bien, cambia totalmente su actitud, ya que le costaba reconocerlo, pero luego de unos segundos, no tiene dudas, que ese hombre andrajoso, es su padre, al que hacía tiempo no veía.








Enseguida sabremos el motivo, porque su padre irrumpió allí, su bella hija empezaría la semana que viene a trabajar en una empresa en Puerto Madero y eso es algo que no aprueba, ni tampoco que viva en ese country, Y como padre, aún ausente durante mucho tiempo, creer tener derecho a opinar sobre el futuro de Irina.

Lo último que contaremos aquí, es que ese padre fue un militante de Montoneros, con activa participación en los setenta, Y hasta aquí contaremos, para mantener el suspenso. El espectador cuando vea la obra descubrirá que queda de esa relación rota entre padre e hija, los motivos por los que se separó de su esposa y como digieren este presente, en el que algunas heridas del pasado, están lejos de cicatrizar.








La trama es fluida y tiene actuaciones para destacar. La revelación de la obra, en nuestra opinión es Tamara Liberati, que compone a una adolescente que se sabe atractiva y es consciente que su belleza, puede ser la llave para triunfar en la vida. Pero también se la nota confundida, por un pasado que no conoce, un futuro que no le cierra y una vida actual que pase a las apariencias, no la tiene feliz. Un papel muy complicado, que la joven actriz resuelve en gran forma  Recordamos haberla elogiado a Tamara el año pasado al verla en Digan Whisky, una entrañable obra del off y aquí vuelve a destacarse mucho, en un papel mucho más comprometido. Si sigue por este camino, es una actriz, que tiene un gran futuro.

Ariel Leyra, es quien se lleva las mayores miradas, ya que es el gran protagonista de la historia. Se lo nota perturbado, ofuscado, sin lograr superar las frustraciones del pasado y sin poder soportar las traiciones y los cambios de este mundo actual que no le agrada para nada, ya que lo nota muy alejado de las ideas por las que militó. Gran trabajo el de Ariel, con mucha presencia escénica y destacables recursos para transitar los distintos estados emocionales, que requiere su personaje.








Adriana Bernardotti es una madre luchadora, que tuvo que adaptarse a las circunstancias para superar las dificultades y sacar adelante la crianza de su hija. Mucho sentimiento en la actuación de Adriana.

Cierra el elenco, Alejandro Holm, a quien vimos hace poco en este mismo Kairos, como protagonista de Ricos, aquí lo vemos, en un papel secundario, como vigilador del country y con un vínculo impensado con aquel hombre, que no vamos a adelantar.

Nos gustó la puesta Lizardo Laphitz, que le sacá muy buen provecho al libro de Halac. Hay un diseño escenográfico,  muy bien resuelto, crédito aquí para Edgar Ocampo y Victor de Pilla, nos gustó el vestuario de Alicia Guma y hay un buen trabajo de iluminación de Caio Senicato.









Barrera Baja, es una buena propuesta, que realza como para algunas personas, las barreras bajaron, sin que hayan podido cerrar una etapa dura en la que tuvieron mucha acción y sin estar preparados para insertarse en un mundo actual, que les parece hostil a sus ideas.

Entendemos que siempre es saludable repasar épocas vividas, para tratar de no repetir viejos errores, pero también para buscar dar definitivamente vuelta la página y cerrar las heridas del pasado, que parecen no cerrar nunca.

En definitiva, una cita con la historia reciente del país, con buenas actuaciones y como cierre de la noche, valoramos mucho, el debate que se organiza al término de la la función, donde el autor, acompañados por los actores, reflexionarán junto al público, sobre la obra y entre todos, nos ilusionaremos, sin en algún momento, los argentinos dejaremos del lado las divisiones y tiraremos todos para el mismo lado.




Pensador Teatral.




domingo, 30 de septiembre de 2018

Miserere

Dramaturgia y Dirección de Nuria Gómez Belart.








Sábados 21 hs en Templum Espacio Teatral ( Ayacucho 318 )

Un propuesta muy valiosa llega con Miserere, escrita y dirigida por Nuria Gómez Belart, que logra un texto potente y sumamente interesante, ya que explora el tema del existencialismo, de una manera simple y amena, mediante la conversación de dos personas, que tienen pensamientos diametralmente opuestos, pero que de todas maneras pueden dialogar y escuchar al otro.

Contemos un poco de la historia, siendo cuidadosos de no revelar demasiado. En la escena, aparecen dos hombres que no se conocían hablando en la cocina de una casa humilde. Pronto descubriremos las identidades de los mismos y porque se encuentran juntos en esa habitación.








Uno de ellos es un profesor de literatura , que un rato antes intentó suicidarse tirándose a las vías en la Estación Miserere. De no haber sido por la intervención de ese otro hombre, que viendo lo que sucedía, reaccionó rápido y lo sujetó del brazo, no estaría vivo en esos momentos. El disparador es muy atractivo y a partir de esa situación límite se iniciará un diálogo muy rico entre estos dos hombres, de pensamientos tan opuestos.

Se nota que ambos son seres solitarios y que hace tiempo no hablan de manera tan profunda con alguien. El dueño de casa, es un simple ordenanza, que pese a no poder completar sus estudios secundarios, parece ser culto. Está convencido que fue Dios, quien lo hizo estar en el momento indicado, para salvar a aquel desconocido. En cambio el profesor es escéptico por naturaleza, no cree en la existencia de Dios y tampoco en la Biblia, al que considera un libro de ficción.








Como dijimos los diálogos son muy ricos, cada uno defiende su postura y argumenta en consecuencia. La dramaturgia de Nuria Gómez Belart es notable, porque logra sostener la conversación, para que sea entretenida siempre, logra este efecto, ya que además de tocar temas existenciales, pasará por temas cotidianos, como las películas de Samuel Jackson y enseñando un poco de historia, hablando por ejemplo de la Batalla de Miserere y de otros aspectos, que no vamos a mencionar aquí, pero que nos permitieron además de disfrutar la obra, aprender un poco de historia.

No vamos a contar más, dejaremos que el espectador cuando vea la obra, sepa si finalmente el profesor cuenta los motivos que lo llevaron a querer quitarse la vida y cual es el desenlace de esta historia tan interesante, donde dos hombres hablan sobre la vida y la muerte, acerca de la religión que ofrece recompensa, recién cuando dejamos este mundo y principalmente debaten sobre la existencia o no de un Dios, que desde arriba nos está mirando.

No es sencillo, mantener la atención, con parlamentos tan largos y si la trama logra que el espectador se mantenga enganchado en momento, como ya dijimos parte del mérito se lo lleva el libro, pero otra parte fundamental, se debe a las excelentes actuaciones que presenta Miserere.








Fantásticos los trabajos de Alejandro Vera, que dá vida a un profesor de literatura perturbado, enojado con las injusticias de la vida y sin encontrar un sentido a su existencia. Por el otro lado, Jorge Gurrero, transmite la paz, que le brinda su Dios, que en su momento lo sacó del mal camino y le enseño cual era la senda correcta en este mundo, la misma que el ahora quiere difundir.

El duelo actoral es de alto vuelo y se disfruta mucho, ya que los personajes tienen posturas bien diferenciadas, que exponen con pasión, pero tratando de respetar el pensamiento del otro. Más que nada de parte del dueño de casa, que con mucha paciencia y entendiendo la situación límite que atravesó el profesor, hará todo lo posible, para calmarlo.

La puesta es minimalista, son pocos los elementos en escena, basta una mesa, algunas sillas y un mate para compartir. En la obra el peso específico, lo tienen las palabras y esto queda de manifiesto.







Realmente nos gustó muchísimo la obra, por nuestra actividad, nos toca ver muchas obras por semana y por mes, por eso podemos afirmar que Miserere, no fue una pieza más. Por el contrario, fue una de esas obras, que sentimos nos llegó al corazón y a la mente, ya que nos dejará pensando por un largo tiempo, debido a que la obra sabiamente, no impone un discurso, más bien establece las posturas, genera el debate y luego será cada espectador, quien saque sus propias conclusiones.

No queda nada mucho más para agregar, la obra, presenta una dramaturgia de exquisita elaboración con actuaciones soberbias, un combo ideal para disfrutar una estupenda noche de teatro, con esta joyita escondida que el teatro independiente nos tenía reservada.

Por eso invitamos a los espectadores, a que vean Miserere, ya que además de pasar un gran momento teatral, se quedarán reflexionando en los días siguientes, sobre lo que plantea  la obra y cuando esto ocurre, el teatro ya ha triunfado.


Pensador Teatral.