Dramaturgia y Dirección de Martín Ortíz.
Viernes 20 30 hs en Centro Cultural de la Cooperación ( Av. Corrientes 1543 )
Hay hechos de nuestra historia que, pese a su enorme gravedad, con el paso del tiempo parecen quedar relegados a un segundo plano. Telefonistas, de Martín Ortiz, recupera uno de ellos y lo hace desde un lugar sumamente original: la cotidianeidad de tres mujeres que trabajan en la Casa Rosada el 16 de junio de 1955, mientras afuera se prepara uno de los episodios más trágicos de nuestra historia reciente.
Aquel día, aviones de la Marina y la Fuerza Aérea bombardearon Plaza de Mayo en un intento de derrocar al gobierno de Juan Domingo Perón, dejando al menos 300 muertos civiles. Sin embargo, la obra no se propone reconstruir el hecho histórico desde una mirada documental, sino utilizarlo como punto de partida para una ficción que nos permite acercarnos a ese momento a través de personas comunes, que cumplen con su rutina laboral sin imaginar que la violencia está a punto de irrumpir en sus vidas.
Y allí aparece uno de los grandes aciertos de Martín Ortiz, quien no es la primera vez que genera ficciones históricas muy valiosas. En este caso, mientras la tragedia se aproxima en silencio, la vida cotidiana continúa. Rosa ( Carla Haffar ) , Margarita ( Celeste Gerez ) y Mabel ( Luciana Procaccini ) , las telefonistas de la Casa Rosada, conversan, se cuentan sus cosas, discuten, intercambian chismes, hablan de sus relaciones y un poco de política, bajo la atenta miraada del Coronel Navarro (Cristian Sabaz), su superior, que visita asiduamente su lugar de trabajo.
La dramaturgia expone hábilmente las diferencias ideológicas entre ellas, sus distintas maneras de mirar la realidad y cómo se manejan frente a los rumores e intrigas que circulan por los pasillos de la Casa Rosada. El trabajo de las telefonistas, además, nos introduce en un universo que hoy resulta casi prehistórico: recibir llamadas, conectar comunicaciones y derivarlas manualmente, en una época en la que un teléfono celular y un mensaje de WhatsApp eran algo inimaginable.
De esta manera, Telefonistas consigue que la historia grande se filtre dentro de la vida pequeña. Porque mientras las protagonistas siguen con sus tareas habituales, el contexto político va ganando espacio y aquello que parecía lejano comienza a sentirse cada vez más cerca. La obra nos recuerda que muchas veces la rutina puede cambiar en cuestión de segundos y que la violencia, cuando aparece, no siempre avisa.
La dramaturgia encuentra un interesante equilibrio entre la comedia y la tragedia. Hay momentos de humor, situaciones que generan risas y diálogos ágiles, pero a medida que la trama avanza se va instalando una tensión creciente. Sabemos que algo terrible se aproxima y esa certeza modifica nuestra manera de mirar cada conversación, cada gesto y cada llamado. Además, la trama también deja espacio para el realismo mágico, un elemento que encuentra una curiosa resonancia en la historia política argentina.
También resulta interesante la construcción de los personajes. Las tres telefonistas representan distintas maneras de posicionarse frente a la realidad política, pero Ortiz evita convertirlas en simples portadoras de discursos. Antes que nada son mujeres con sus propias historias, sus vínculos, sus celos, sus diferencias y sus preocupaciones. Esa decisión permite que el espectador pueda reconocer en ellas algo cotidiano y cercano, incluso cuando el contexto histórico que las rodea es extraordinario.
Tiempo de hablar de las actuaciones, porque el elenco reunido es uno de los grandes puntos fuertes de la propuesta. Carla Haffar como Rosa logra construir un personaje con una personalidad muy fuerte, contestaria y con un pensamiento conservador. Gran presencia escénica la de Carla, nos encantó su composición. Celeste Gerez compone a Margarita, una mujer de fuertes convicciones, directa y con un pensamiento opuesto al de Rosa. Nos gustó mucho la actuación de Celeste, destacando mucho su gestualidad. Luciana Procaccini completa el trío de mujeres como Mabel, aportando una personalidad más conciliadora, buscando mantenerse al margen de los conflictos que aparecen a su alrededor y siendo una especie de árbitro que debe intervenir permanentemente para evitar que sus compañeras terminen enfrentándose.. A Luciana la elogiamos muchas veces en este blog y aquí vuelve a mostrar sus recursos y versatilidad, redondeando una estupenda actuación.
Las tres actrices muestran una muy buena química y consiguen que las relaciones entre sus personajes resulten naturales. Hay mucho trabajo en las pequeñas reacciones, en las miradas y en esos intercambios cotidianos que permiten que las protagonistas se sientan como verdaderas compañeras de trabajo. El elenco se completa con Cristian Sabaz como el Coronel Navarro, un personaje que introduce otra dimensión en la historia y que, desde su posición de poder, altera el equilibrio existente entre las mujeres. Su presencia va adquiriendo cada vez mayor importancia a medida que el contexto político se vuelve más amenazante. La rompe Cristian con este personaje que, desde su uniforme y su actitud, transmite algo siniestro y se muestra como un verdadero experto en el arte de la manipulación.
La reconstrucción de época es otro de los grandes atractivos de Telefonistas. El vestuario de Jorgelina Herrero Pons contribuye de manera decisiva a trasladarnos a 1955, mientras que la escenografía recrea con precisión ese espacio de trabajo donde transcurre prácticamente toda la acción. La iluminación de Eduardo Safigueroa y la música original de Rony Keselman completan una puesta muy cuidada, que acompaña los diferentes climas que atraviesa la obra.
Hay además un detalle que nos parece especialmente valioso: la recreación de la manera en que funcionaba el servicio telefónico en aquellos años. Ver a las protagonistas recibir los llamados, identificar a quién buscan y derivar las comunicaciones nos conecta con una forma de comunicarnos que hoy prácticamente desapareció. Y justamente ese elemento cotidiano termina funcionando como una herramienta teatral muy efectiva para introducirnos en aquel mundo.
La dirección de Martín Ortiz consigue mantener un buen ritmo y administrar con inteligencia el pasaje de la comedia hacia el drama. La obra comienza en un clima cotidiano, incluso divertido, pero lentamente va dejando entrar la tensión política hasta desembocar en un momento donde todo aquello que parecía lejano se vuelve inevitable. El espectador percibe que se acerca la tragedia y esa espera genera una tensión que crece escena tras escena.
Por todo lo mencionado, solo nos queda recomendar esta atrapante ficción histórica de Martín Ortiz. Una dramaturgia inteligente, una puesta atrapante, estupendas actuaciones y una cuidada reconstrucción de época se combinan para recuperar un episodio doloroso de nuestra historia y, fundamentalmente para recordarnos la importancia de mantener viva la memoria.
Telefonistas nos propone mirar hacia atrás, pero también nos invita a observar nuestro presente. Porque las intrigas, las diferencias políticas, los rumores y, sobre todo, esa violencia que puede permanecer agazapada detrás de la vida cotidiana, siguen siendo temas que lamentablemente conservan una enorme vigencia. Una obra que además de conservar la memoria, nos recuerda que aunque no lo imaginemos, en apenas unos minutos, el destino de nuestras vidas, puede cambiar para siempre.
Pensador Teatral.







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