Dramaturgia y Dirección: Franco Verdoia.
Lunes 20.30 hs en El Extranjero (Valentín Gómez 3378)
Estamos en presencia de una sensible y jugada propuesta de Franco Verdoia, dramaturgo cordobés, que se atreve a bucear en un tema poco explorado en el teatro: el amor y el deseo en la tercera edad. Nido de Lagarto es, además, la tercera y última obra de Teatro Animal, la trilogía que Verdoia que arrancó con Late el Corazón de un Perro y continuó con Matar a un elefante. Tres historias diferentes, pero atravesadas por el mundo animal y por personajes que transitan vínculos conflictivos y secretos guardados bajo siete llaves.
En esta oportunidad, Gloria ( Silvina Sabater ) y el Vasco ( Horacio Acosta ) son dos amantes que se conocen desde jóvenes y llevan cuatro décadas manteniendo una relación clandestina. Cada uno hizo su vida, tuvo su pareja y siguió su camino, pero nunca pudieron dejar atrás las ganas de volver a verse. Por eso, de manera regular, se encuentran a escondidas en un albergue de ruta regenteado por el Panza, que terminó convirtiéndose en el refugio de ese amor que debe permanecer a resguardo de la mirada de los otros.
Nido de Lagarto habla del amor, del deseo, de los recuerdos y del paso del tiempo. Verdoia se anima a mostrar a estos dos amantes sin ocultar las marcas que dejaron los años. Los cuerpos cambiaron, aparecen algunas dificultades propias de la edad y la memoria también puede jugarles alguna mala pasada, pero el deseo sigue estando. Y esto es quizás uno de los aspectos que más nos marcó de la propuesta: entender que el paso del tiempo no significa dejar de sentir, de desear o de enamorarse.
La historia tiene momentos de humor que aparecen naturalmente, en medio de situaciones que también tienen algo de melancolía. Nos reímos con ellos, pero también entendemos que detrás de algunas palabras, de ciertos silencios y de esas pequeñas discusiones hay muchos años compartidos. Porque Gloria y el Vasco se conocen demasiado, saben cómo lastimarse, pero también saben perfectamente cómo volver a acercarse. Y después de cuarenta años, ese vínculo sigue teniendo una fuerza enorme.
Tiempo de hablar de las magníficas actuaciones de la dupla protagónica, conformada por Silvina Sabater y Horacio Acosta, que simplemente están fenomenales. Hay mucha química entre los dos y eso se nota desde el comienzo. No necesitamos que nos expliquen demasiado sobre la relación entre Gloria y el Vasco: aparece en las miradas, en los gestos, en la manera en que se hablan, como se miran y hasta en sus silencios.
Nos gustó especialmente cómo construyen personajes que no son solamente dos amantes mayores. Son dos personas con una larga historia de vida, con hijos que criaron y matrimonios que pese a todo, siguen en pie. Silvina y Horacio consiguen que nos olvidemos de que estamos viendo una obra y por momentos sentimos que estamos espiando sus encuentros reales. Resaltar la entrega de ambos y en lo personal, siempre disfrutamos de ver en escena, a actores de gran trayectoria, mostrando su vigencia. Felicitamos a ambos.
La puesta es íntima, algo que nos parece fundamental para esta propuesta. El espacio del albergue nos acerca mucho a los protagonistas y hace que seamos casi testigos de esos encuentros clandestinos. Para destacar el diseño de luces de Matías López Stordeur, que contribuye al clima íntimo que la historia pide, al igual que el diseño escenográfico de Cecilia Zuvialde, con los elementos justos, para darle el marco de calidez, que mejor pega con la propuesta.
Y hasta acá vamos a contar. Porque hay situaciones y momentos de la obra que es mejor descubrir en la sala, acompañando a Gloria y al Vasco en cada encuentro. por lo que no queremos spoilear. Nido de Lagarto es una valiosa y sensible propuesta, que llena la sala desde su estreno y que obtuvo nada menos que 5 Nominaciones a los Premios Ace y luego de ver la obra, nos queda claro el porqué.
Por todo lo mencionado, recomendamos Nido de Lagarto, una sensible historia de amor y pasión que se anima a mostrar que el paso del tiempo puede transformar los cuerpos, pero no necesariamente aquello que permanece vivo en el corazón. Con las magníficas actuaciones de Silvina Sabater y Horacio Acosta y una puesta íntima, es una obra que nos recuerda que hay amores que, pese a todo, siguen vivos, desafiando al tiempo y a las decisiones de la vida.
Pensador Teatral.





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